- A pesar del próspero modelo de incorporación de capital privado de Petrobras, el Gobierno de Lula quiere que los nuevos descubrimientos petroleros queden en manos del “pueblo brasileño”
Omar Lugo
Sería como si Indiana Jones hubiera regresado con las manos vacías después de dar con la calavera de cristal, o como si un conquistador español hubiera debido entregar El Dorado a los cofres de su rey. La petrolera Petrobras se pasó los últimos cincuenta años escudriñando el lecho del océano Atlántico en busca de más petróleo y, tras descubrir una de las mayores reservas mundiales de la última década, está a punto de perder el control de esa riqueza.
Ése es el debate que hoy en Brasil produce más tinta que petróleo, pues esas nuevas reservas están a 7,000 metros de profundidad —incluyendo 2,000 metros de agua y 5,000 de rocas y sedimentos salinos— a unos 300 kilómetros de tierra firme. Se necesitan unos 600,000 millones de dólares para explotarlas y al menos una década para que ese petróleo llegue con fuerza al mercado mundial.
Pero ya el presidente Luiz Inácio Lula da Silva busca reformar la Ley del Petróleo para que ese tesoro se quede en el “pueblo brasileño”, sea invertido en educación, salud y tecnología y pague “la deuda histórica” de 500 años de Brasil con los pobres, en vez de engrosar las arcas de unas pocas empresas petroleras. “Lo que se busca es un modelo adecuado a la nueva orden petrolera de Brasil. Todos los países del mundo que encuentran petróleo generosamente alteraron su legislación. Nosotros no lo hicimos hasta ahora y vamos a hacerlo”, dice el ministro de Energía y Minas, Edison Lobão.
En su Gobierno, Lula ha dejado atrás su pasado de líder sindical de izquierda y ha sido afecto al liberalismo económico. Por eso, sus anuncios sobre el nuevo petróleo del horizonte geológico del pre sal escandalizan a los mercados y a la propia Petrobras, controlada por el Estado, pero cuyo 60 por ciento se cotiza en las bolsas de São Paulo, Nueva York, Madrid y Buenos Aires, con unos 400,000 accionistas directos.
Para Lula, Petrobras es la joya de la corona de la economía brasileña, aunque fue parcialmente privatizada en los noventa y el Estado sólo conserva el cuarenta por ciento del capital social y designa al presidente de la empresa y su junta directiva.
Una comisión interministerial deberá presentar a Lula este mes —después de asentado el polvo de las elecciones regionales— sus recomendaciones para una nueva política petrolera, que debería ser aprobada en el Congreso. Una de las propuestas, del ministro de Minas y Energía, Edison Lobão, es crear una nueva empresa estatal para administrar el pre sal bajo un régimen similar al de Noruega, donde Statoil —que cotiza en bolsa— domina el negocio como operadora, pero fue creada una cien por ciento estatal, Petoro, para administrar los contratos. “Difícilmente escaparemos de tener una estatal”, aventura Lobão sobre las propuestas. Otra de las opciones es que por decreto el Presidente decida “aumentar los royalties y las participaciones especiales del Estado en el negocio petrolero”, dice.
NUEVA ECONOMÍA
Los ejecutivos de Petrobras, y especialmente su presidente, José Sergio Gabrielli, un hombre de las filas del oficialista Partido de los Trabajadores (PT), guardan prudente silencio sobre el tema. Mientras, Lula, sus ministros clave, como Dilma Rousseff, de la Casa Civil (secretaría de la Presidencia), y líderes del PT han dejado claro que la intención es modificar el marco regulatorio, porque el pre sal cambia la economía petrolera de Brasil.
En el mundo se usan cuatro modelos básicos: el de concesión, como el de Brasil, el de producción compartida, el de contratos de servicio y el de asociaciones conjuntas. La principal diferencia entre ellos es el grado de control del Estado. Y a Brasil le apremia modificar su régimen, porque del área total del pre sal quedan por conceder otros 71,000 kilómetros cuadrados, un vasto territorio que enciende la codicia de la industria petrolera mundial y del propio Gobierno.
Para la directora asociada de la consultora Cambridge Energy Research Associates (CERA), Sylvie D’Apote, el modelo empresarial de Noruega sería una fórmula para representar al Estado, algo imposible de hacer hoy, pues en realidad “Petrobras es privada”. “Cualquier gobierno haría lo mismo, porque (el pre sal) es muy grande, muy importante y modifica mucho las perspectivas como para dejarlo simplemente en una empresa que no es del Estado”, estima.
Por su parte, el senador Aloisio Mercadante, líder legislativo del PT, propone crear un fondo soberano para administrar los recursos y modificar los criterios de repartición de la renta y los royalties petroleros. Calcula que Brasil será el octavo mayor exportador mundial, detrás de Arabia Saudí, Irán, Irak, Emiratos Árabes, Venezuela y Rusia, y debe evitar el mismo destino de países “parásitos de la renta petrolera”.
“Seremos la única potencia exportadora de petróleo que tiene democracia, un Estado de Derecho y que ya es la novena economía del mundo… Tenemos que pensar el petróleo de una forma mucho más estratégica”, dijo Mercadante en un reciente foro.
En el Congreso, el consultor del legislativo Paulo Ribeiro Lima observó que los descubrimientos anunciados son sólo “la punta del iceberg” y se esperan más en otros bloques. “Como el riesgo exploratorio en esa área tiende a cero, el Gobierno debería tener una participación en los resultados y mayor control de la riqueza potencial”, dice. “Brasil es el único país entre los mayores productores que todavía usa libres contratos de concesión, orientados a atraer inversiones”, destaca Lima, autor de un estudio sobre el tema.
Sin imaginar siquiera que existía ese tesoro en el lecho del océano Atlántico, el Gobierno liberal de Fernando Henrique Cardoso (1994-2002) y el Congreso de entonces modificaron la Ley del Petróleo para establecer el régimen de concesión administrativa, y atraer empresas privadas al negocio de los hidrocarburos.
Lima admite que esa apertura fue positiva para acelerar la exploración de la costa brasileña, porque el Gobierno estableció plazos máximos para que Petrobras y sus competidoras o socias perforaran o de lo contrario perdían las concesiones. “Pero Petrobras también es parte interesada del proceso y la realidad es que ahora el escenario es otro”, argumenta.
La estatal salió adelante en la conquista de nuevas fronteras, con su experiencia geológica de cincuenta años y el apoyo de grupos mundiales que apostaron a las cartas de navegación de la dueña de casa. Una década después, Petrobras ha logrado detallar el mapa del tesoro del pre sal, paralelo a la costa sureste del país, con 800 kilómetros de largo y 200 de ancho. Ha perforado nueve pozos, sola o acompañada, y en todos ha hallado crudo liviano.
Solamente en dos campos, Tupí y Iara, ha detectado unos 12,000 millones de barriles, suficientes para casi duplicar las actuales reservas probadas de Brasil. El detalle es que el pre sal ocupa en total 112,000 kilómetros cuadrados, de los cuales sólo 41,000 kilómetros cuadrados (33 por ciento) han sido concedidos en licitaciones previas, la mayoría ganadas por Petrobras.
La ley limita el ejercicio del monopolio estatal, pues obliga al Estado a firmar contratos de concesión y deja el producto en manos del concesionario, explica Lima. Por eso recomienda restituir ese control estatal y establecer un régimen de “producción compartida”, como sucede en muchos grandes países petroleros con bajo riesgo exploratorio. “Como Petrobras fue desnacionalizada y de cierta forma privatizada, sería oportuno crear una empresa pública para representar al Estado en esos contratos”, señala.
El ex director de gas y energía de Petrobras, Ildo Sauer, señala que cuando en agosto de 2000 el Gobierno de Cardoso vendió el 30 por ciento inicial de Petrobras en la Bolsa de Nueva York, esa parcela valía 5,000 millones de dólares, lo que equivale hoy a unos 80,000 millones de dólares. Por eso sería muy difícil para un gobierno de recursos limitados salir a comprar esas acciones, lo que además dispararía los precios del papel.
Desde hace un año Sauer es el único ex director de Petrobras del Gobierno de Lula y hoy encabeza una campaña de sectores nacionalistas, sindicales y de izquierda que se propone “defender Petrobras” y el petróleo del pre sal.
“También estamos buscando el desarrollo de ese recurso, que sea aprobado un plan para delimitarlo, cuantificarlo, asegurar que su explotación sea hecha al ritmo necesario y que el pueblo tenga participación en las ganancias”, dice.
INVITADOS DE PIEDRA
Mientras la discusión toma cuerpo, Petrobras sigue concentrando su búsqueda en 15,000 kilómetros cuadrados del pre sal, entre las cuencas de Santos y Campos, donde ha perforado con éxito nueve pozos exploratorios que bastan para cambiar la historia petrolera de Brasil. Sus socios minoritarios en estos bloques son la británica BG, la portuguesa Galp, Exxon, Shell y Repsol.
En el bloque de Tupi, Petrobras sólo tiene el 65 por ciento y, en palabras de Lula, eso significa que el pueblo brasileño sólo tiene 25 por ciento de esa riqueza, pues el resto pertenece a los accionistas privados. Este bloque sólo tiene 15 kilómetros cuadrados y nadie sabe con seguridad si en el pre sal hay “un continente” de petróleo o una serie de islas con cada yacimiento separado, como explica Sauer.
En el primer caso la ley brasileña obliga a “unificar” las operaciones de las petroleras en caso de que el crudo pase las fronteras de cada bloque. El problema es que los yacimientos parecen extenderse también hacia áreas aún no licitadas.
En medio de la discusión, Petrobras sigue con su búsqueda de crudo.