El sábado, el ex campeón estadounidense Bernard Hopkins le brindó a muchos una lección de vida, y por supuesto de profesionalismo, al derrotar ampliamente a Kelly Pavlik, en una pelea pactada en la división de los semipesados, donde no estuvieron en juego las coronas medianas del CMB y OMB que están en poder del “Fantasma” Pavlik.
E insisto que es una lección la brindada, ya que con 43 años encima, a sólo dos meses de celebrar un año más de existencia, Hopkins le dio una cátedra de boxeo a Pavlik (26) durante 12 tormentosos asaltos para el joven estadounidense.
Resulta increíble ver a un peleador con tanta edad brindando una pelea de “alto kilate”. Desde que sonó la campana, Hopkins lució rapidez de manos, una buena defensa y una gran inteligencia en el cuadrilátero.
En el segundo asalto, Hopkins le conectó un par de potentes ganchos al rostro de Pavlik que lo pusieron en malas condiciones, incluso parecía que iba a la lona. Pero la fortaleza del joven peleador de Youngstown, Ohio, lo mantuvo en pie ante el asombro de más de 10 mil aficionados que se reunieron en el legendario Boardwalk Hall de Atlantic City, Nueva Jersey.
Hopkins se vio como en sus mejores tiempos. Incluso, en la recta final de la pelea le brindó algunas lecciones extras a Pavlik, quien seguramente se vio afectado por pelear 10 libras arriba de su categoría regular. Es más, lo miré muy lento, sin capacidad de reacción y eso demuestra una vez más que esos peleadores que buscan grandes peleas sin importar la división, terminan afectados.
Hopkins estuvo preso algunos años, perdiendo tiempo valioso en su vida, pero como dijo en esas recientes declaraciones, los boxeadores de su generación se acabaron rápido por el estilo desordenado de vida que llevaban. Sin duda alguna, el sábado demostró que ese nivel de rendimiento se logra con profesionalismo y mucho cuido personal.
Ojalá muchos boxeadores nuestros sigan ese ejemplo, en especial las figuras nacientes.