La industria pesquera del país se está inclinando por sustituir la pesca marítima por la acuicultura, como el caso de estos camarones de la nueva planta del grupo Pescanova. (LA PRENSA/ G. FLORES)

Sector pesquero pasa de la extracción al cultivo

Pescar en el mar ya no es rentable. La pesca de extracción está siendo “ahogada” por los altos precios de los combustibles y los bajos precios de los productos en el mercado internacional. Ahora, la industria pesquera está buscando futuro en la acuicultura o crianza de mariscos [doap_box title=»Temen un bajón en la demanda internacional […]

  • Pescar en el mar ya no es rentable. La pesca de extracción está siendo “ahogada” por los altos precios de los combustibles y los bajos precios de los productos en el mercado internacional. Ahora, la industria pesquera está buscando futuro en la acuicultura o crianza de mariscos
[doap_box title=»Temen un bajón en la demanda internacional de langosta» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

El sector langostero es el más afectado por la crisis de la pesca marítima, según indican los empresarios. En este caso, el daño se debe a que se sigue exportando el producto, pero éste pasa al inventario de los compradores y no lo están consumiendo.

De continuar esta situación, en poco tiempo se vendría a complicar más para los langosteros, pues la demanda de exportación podría caer.

“Sería buena idea para evitar el colapso de la economía en la Costa Atlántica, que de alguna manera estos beneficios que se reciben del convenio de la cooperación venezolana se trasladen a los pescadores del Caribe”, opinó el director ejecutivo de la Cámara de Pesca de Nicaragua, Armando Segura.

Francisco Vaninni, presidente de la empresa exportadora de langostas Central American Fisheries, indica que el problema es que “los mercados no están absorbiendo tan rápidamente como lo hacían en el pasado, por los problemas de la crisis financiera”.

Según indica Vaninni, aunque no es la primera vez que se presenta un fenómeno de baja demanda, a esto se le suma que los costos de producción se han elevado exorbitantemente y que Brasil, productor por excelencia de langosta, ha reducido sus costos de producción y han botado los precios internacionales.

“Están vendiendo langosta a unos precios que son muy duros para nosotros y para todo el mundo. Estamos siendo menos competitivos”, comentó.

Sin embargo, Vaninni ve un escenario alentador próximamente. “Ese inventario se va a absorber, eso nos elimina uno de los problemas. Producto de la misma crisis se espera que haya una reducción en los precios del diesel y la gasolina”, aseveró.

Alfonso González, presidente de Atlanor, explica que en el caso de esa empresa lo que más los ha “golpeado” es la caída de los precios.

Según comenta, actualmente la libra de langosta ronda los 14 dólares, cuando hace pocos meses se cotizaba en 21 dólares.

“El problema de esto es que no sabemos si ya estamos terminando, estamos comenzando o estamos a la mitad, porque el mercado internacional es algo que no controlamos. Europa tiene un problema bien serio, y los Estados Unidos tienen un problema bien serio, y ambos son los mayores consumidores de langosta en el mundo”, apuntó.

Atlanor vende 300 mil libras de langosta al año.

“En este momento la lucha es para encontrar alguien que te compre, porque normalmente la langosta que se ha estado exportando es una que se va a aumentar los inventarios de Estados Unidos”, agregó.

MEDIDAS AÚN DESCONOCIDAS

El coordinador ejecutivo del Instituto Nicaragüense de la Pesca (Inpesca), César Paiz, expresó que esta situación es del conocimiento del Gobierno y ya se está pensando en medidas, pero aún no se pueden dar a conocer porque no son oficiales.

Asegura que la baja de los precios de los mariscos es temporal y confía en que termine “más temprano que tarde”.

Una de las posibilidades que mencionó Paiz es abrir el mercado para la langosta, que está centrado en su mayoría en Estados Unidos.

Entre los países que mencionó como posibles compradores de langosta nicaragüense están: España, Dinamarca, Alemania, China Taiwán, Japón e India.

Esto podría ser, según Paiz, a partir del próximo año.

De momento, el Inpesca está desarrollando un programa de apoyo al sector pesquero y están promoviendo el consumo de mariscos a nivel nacional.

Paiz indicó que otro de los inconvenientes para el sector pesca del país es que el mercado interno no demanda mariscos, por lo cual los productos deben exportarse. “Tenemos el consumo per cápita más bajo de Latinoamérica”, dijo.

Pescadores tendrán préstamos

En medio de la crisis para los pescadores marítimos, el Inpesca está trabajando a través de Alba-Caruna una cartera de préstamos para los pescadores por 2.9 millones de dólares. Asimismo, el Banco Mundial está facilitando seis millones más para los pescadores afectados por el huracán Félix, el año pasado.

Esta información fue confirmada por Steadman Fagoth y César Paiz, presidente y coordinador ejecutivo del Instituto Nicaragüense de la Pesca (Inpesca), respectivamente.

En el caso de los préstamos de Caruna, van a ser a bajas tasas de interés, según expresó Paiz. Para ello, ya se abrieron ventanillas en la Costa Caribe y los pescadores ya están en el proceso de hacer la solicitud de los préstamos.

Estos préstamos, indicó Paiz, beneficiarán a unos 3 mil 400 pescadores, tanto de la Región Autónoma del Atlántico Norte, como del Atlántico Sur.

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    Los préstamos con fondos del Banco Mundial están programados para ser desembolsados entre diciembre y enero del próximo año, antes que inicie la faena de pesca de langosta.

    El sector pesquero de Nicaragua se encuentra “manos arriba” por los precios de los combustibles y la caída de los precios internacionales de los mariscos, como consecuencia de la crisis económica que sufren las potencias mundiales.

    La crisis ha venido a reducir la capacidad de compra de los norteamericanos, que son los compradores número uno de productos como la langosta y el camarón.

    En Nicaragua, cerca de la mitad del total de exportaciones de mariscos proviene de la pesca de extracción o marítima, y ése es el sector más afectado por los dos factores descritos.

    La pesca de extracción utiliza barcos que consumen cerca de cinco mil galones de diesel por faena, cuando el precio de ese combustible es de 83.27 por galón (4.29 dólares), lo que indica que cada viaje de pesca representa más de 20 mil dólares por barco.

    “Ir al mar con barcos que consumen bastante combustible, a un precio mayor de cuatro dólares por galón, es irrentable. Ni los pescadores industriales, ni los pescadores artesanales pueden salir adelante con un combustible a ese precio. El combustible en este momento es el factor que tiene más tensionada a la actividad pesquera”, explicó preocupado Armando Segura, director ejecutivo de la Cámara de Pesca de Nicaragua (Capenic).

    Francisco Vaninni, presidente de Central American Fisheries (segunda empresa exportadora de langostas del país), dijo que el consumidor de langostas y camarones no quiere pagar mayores precios, por lo tanto no se pueden compensar a través de los precios los altos costos de producción que ocasionan los combustibles.

    “Desde que abrimos temporada hasta la fecha se ha reducido en un 20 ó 25 por ciento el precio. Una parte de esa reducción la está asumiendo el importador, otra parte la están asumiendo las plantas procesadoras y exportadoras, y otra parte la ha tenido que asumir el pescador”, sostuvo.

    Para estos empresarios, ésta es una “crisis histórica” para la pesca marítima nicaragüense.

    Para contrarrestar la situación adversa, los empresarios pesqueros estudian la posibilidad de hacer fuertes inversiones en motores para barcos que no operen a base de petróleo, sino de biodiesel, pero aún no es nada concreto, comenta Segura.

    “Ésa es una alternativa que hay que seguir estudiándola y hay que cuantificar para saber qué inversión significa eso, pero también estamos estudiando la posibilidad de canalizar inversiones, ya no a la pesca marítima, sino a la acuicultura de la Costa Atlántica”, añade.

    ACUICULTURA ES MÁS CONTROLABLE

    Hace 10 años, la acuicultura representaba el 18 por ciento de las exportaciones nacionales de productos pesqueros, mientras que la pesca marítima representaba el 82 por ciento.

    Actualmente, ambas formas de pesca están casi “taco a taco” y, según estima el presidente de Capenic, la tendencia es que en los próximos 10 años la acuicultura represente entre 60 y 70 por ciento de las exportaciones nacionales de mariscos, dejando atrás la pesca de extracción.

    Esto se debe, cuenta Segura, a que la pesca de cultivo ha mostrado más ventajas que la pesca marítima (además de los costos).

    Otro de los inconvenientes que ha sufrido la pesca marítima es que a los altos precios de los combustibles y los bajos precios de esos productos en el mercado internacional, se ha sumado la escasez del producto, la que atribuyen a los cambios climáticos.

    “La acuicultura tiene mayor control y mejor administración del crecimiento, de la alimentación, de las enfermedades que tengan los productos; uno puede con antelación ver cuánto vamos a engordar ese producto, dependiendo de las exigencias a nivel internacional. Es una actividad más controlada”, expone Segura.

    Además, la pesca de cultivo (como también se le llama a la acuicultura) consume mucho menos combustible que la pesca de extracción, por lo cual, la crisis generada por los altos precios de los combustibles ha hecho que los empresarios de la pesca busquen cómo trasladarse a la acuicultura.

    Con esto coincide el coordinador ejecutivo del Instituto Nicaragüense de la Pesca (Inpesca), César Paiz, quien asegura que “el futuro de la industria está en la acuicultura”.

    Por su parte, Alfonso González, presidente de Capenic y de la Compañía Pesquera Atlántico Norte (Atlanor), sostiene que el cambio de la pesca marítima a pesca de cultivo es un fenómeno a nivel mundial, pero en el que Nicaragua tiene ventaja porque aquí no se practica crianza intensiva como en China, sino que se practica una acuicultura semiintensiva.

    La intensiva requiere de mayor cantidad de energía para la crianza de mariscos como el camarón y por lo tanto utilizan mayor cantidad de combustibles.

    “Los países que trabajan intensivamente están sufriendo porque sus costos se han subido, mientras que los costos aquí se mantienen y no creo que la caída de precios los afecte tanto como a los de pesca de extracción”, apuntó.

    EL PROBLEMA EN LA COSTA ATLÁNTICA

    La Costa Caribe del país (cuya economía depende en gran parte de la pesca marítima) está resintiendo la crisis en el sector pesquero.

    La flota camaronera de mar, indica Segura, es de 54 barcos industriales, de los cuales están operando actualmente unos 20.

    “Eso es desempleo, pérdida de empleo porque cada barco tiene de 10 a 12 personas (trabajando). Además, si no trabajan esos barcos, las plantas procesadoras que limpian el producto, que lo empacan, que lo congelan, tampoco trabajan”, dijo.

    Tanto Segura como González y Paiz coinciden en que la Costa Caribe es el lugar ideal para que se desarrolle la industria de la acuicultura, pero hasta el momento no hay ni una sola hectárea con cultivo de mariscos.

    “La Costa Atlántica tiene condiciones naturales muy apropiadas para desarrollar acuicultura. Ahí uno puede sembrar peces de diferentes especies, uno puede sembrar crustáceos, ostras, y la economía pesquera moderna en el mundo se está moviendo hacia la acuicultura”, argumenta el director ejecutivo de la Capenic, Armando Segura.

    Sin embargo, explica que hasta la fecha no se ha podido instalar la industria acuícola en esa región porque las propiedades ahí le pertenecen a las comunidades indígenas, y para los empresarios pesqueros no hay garantía de que se vaya a respetar un contrato de arrendamiento o de venta.

    “En la Costa Atlántica la tenencia de la tierra es un asunto que hay que analizar, porque en la costa pacífica lo que hacemos es que después de un proceso legal hacemos un contrato con el Estado… Entonces hacemos un contrato de largo plazo y desarrollamos una inversión que es carísima”, dijo.

    “Pero en el Atlántico, los terrenos no son del Estado, son de las comunidades indígenas; ése es un asunto que hay que resolver, tenemos que ver con los gobiernos regionales y las comunidades cómo vamos a hacer si hay interés en las autoridades de desarrollar a mediana escala la acuicultura en la Costa”, dijo.

    LLEGA LA INVERSIÓN EN ACUICULTURA

    La semana pasada se inauguró en el kilómetro 130 de la carretera León-Chinandega una nueva planta del internacional grupo Pescanova, que representa una inversión de 60 millones de dólares.

    Tiene capacidad de procesar 150 toneladas diarias de camarón, lo que la convierte en la más grande a nivel latinoamericano.

    La nueva planta de Pescanova se suma a las 8 mil hectáreas de producción acuícola que ya hay en occidente, que producen aproximadamente 18 millones de libras de camarón al año.

    “Yo calculo que en 10 años, en vez de 18 millones de libras, se va a estar produciendo 30 millones de libras, a la inversa de lo que está pasando en la pesca marítima”, afirma Segura.

    Recalcó que esta inversión se debe atribuir a la transparencia que han encontrado en esa zona los empresarios de la acuicultura, lo que ha permitido mayor inversión en infraestructura y tecnología en el país.

    “Hay quienes piensan que puede desarrollarse una acuicultura de sobrevivencia, las familias sembrando media hectárea de peces; pero si queremos pensar en desarrollo, hay que pensar en acuicultura a mediana escala, por lo menos”, concluyó.

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