- Encuestas preliminares perfilan una victoria “aplastante”
El mandatario de Ecuador, Rafael Correa, reforzó su liderazgo al conseguir su cuarto triunfo electoral ayer, cuando una mayoría de electores aprobó en referendo la nueva Constitución que promovió desde su campaña para la Presidencia en 2006.
La “abrumadora” votación que logró el texto constitucional acrecentó la imagen de un líder que desde que empezó a hacer proselitismo retó a multinacionales, desairó a Estados Unidos y convirtió su gran popularidad en un hacha contra los adversarios.
“Estamos cambiando la historia … estamos haciendo historia. ¡Adelante!”, afirmó Correa en sus primeras reacciones tras difundirse los resultados de encuestas a boca de urna realizadas por las encuestadoras SP Investigaciones y Estudios, y Cedatos-Gallup International.
La primera firma le dio al “sí” el 66.4 por ciento y 25.6 por ciento al “no”. La segunda 70 por ciento al “sí” y 25 por ciento al “no”.
De 45 años, carismático y no menos temperamental, Correa apostó fuerte por la aprobación de la Constitución, su caballo de batalla con la que fortaleció su poder, amplió sus facultades para regular la economía y dejó el camino libre para su reelección con la posibilidad de mantenerse en el cargo hasta 2017.
El mandatario ha cultivado un estilo de gobierno que seduce a los pobres (un 50 por ciento de la población), preocupa a los empresarios y asusta a los ricos, a quienes con mordacidad llama “pelucones”.
En menos de dos años de gobierno ha impuesto el estilo C: carisma, cambio y confrontación, esta última una constante en sus relaciones con la prensa.
Este economista de izquierda, de clase humilde y con estudios en Estados Unidos, es visto por sus opositores como un “populista, un gran intolerante, con espíritu totalitario, quien maneja los recursos del Estado de manera arbitraria”, según Vladimiro Álvarez, ex candidato derechista a la Presidencia.
En opinión de otros críticos, Correa ha llegado a tener una popularidad del 70 por ciento gracias a una política de subsidios y bonos amparado en la súbita alza de los precios del petróleo, principal ingreso del país.