ENVIADO ESPECIAL/LOS Á[email protected]
Dice en Proverbios que quien ha encontrado un amigo ha encontrado un tesoro. Y yo me encontré con muchos durante esta gira de varios días fuera de Nicaragua.
LA PRENSA, en un esfuerzo de mucho significado por las actuales circunstancias que se viven en el país, y sobre todo, tratando de responder a las expectativas de sus lectores, me envió a Japón, Arlington y Los Ángeles, donde han intervenido los atletas de nuestro país que han logrado trascender más allá de nuestras fronteras.
Y hay situaciones que —como diría el anuncio— el dinero puede resolver, pero para todo lo demás están los amigos, esas personas siempre dispuestas a hacer un favor sin siquiera conocerte, ni esperando nada a cambio, más que la satisfacción de sentirse útiles.
En Japón, donde además de la amabilidad y respeto de los locales, lo mismo que ese gran progreso que no deja de impactarte, fuimos testigos del salto al futuro de ese sensacional peleador que es Román “Chocolatito” González, ahora todo un campeón mundial.
González es el mejor peleador del país. Se han depositado en él grandes esperanzas y hasta ahora las ha sabido sobrellevar. Es un peleador muy completo y ojalá tenga conciencia de lo que significa para nuestro país, necesitado de buenos ejemplos.
En la tierra del sol naciente nos encontramos con el embajador Saúl Arana y su esposa, quienes se empeñaron en hacernos sentir confortables y lo lograron. Fueron personas en todo momento dispuestas a resolver dificultades. Nos ayudaron muchísimo.
En Texas, Vicente Padilla no sólo nos abrió las puertas de su casa, sino también las de su vida y pudo compartir los sinsabores de su pasado y los triunfos del presente.
Al final, llegamos a esta ciudad del Estado de California, donde el controversial Ricardo Mayorga se midió a Shane Mosley.
Quisiera mencionar a todos los amigos que nos hicieron más fácil esta provechosa gira, pero es imposible por razones de espacio, pero quiero agradecer especialmente a Paulino, un filipino que nos encontramos en Japón, y a César Salinas y Carlos Martínez, en Los Ángeles. Ellos y muchos otros nos demostraron que sí hay gente buena en este mundo.