- El del arte es el mayor mercado no regulado del mundo. Las ventas de arte contemporáneo generan cerca de 20,000 millones de dólares al año
Los coleccionistas están manipulando el mercado del arte, sobrepujando en las subastas para multiplicar el valor de las obras de los artistas que atesoran, denuncia el reputado crítico de arte australiano Robert Hughes.
Hughes, crítico del semanario Time, biógrafo de Goya y autor de un libro sobre Barcelona, ha sido uno de los pocos que han denunciado abiertamente la subasta de esta semana de más de doscientas obras del artista británico Damien Hirst.
La idea de que hay algo mágico en sus obras que hacen que valgan de entrada millones es sencillamente ridícula, afirma el crítico, según el cual lo que ocurre con Hirst es un fenómeno de promoción y publicidad.
Su teoría es que el mercado del arte dio un giro fatídico en 1963, cuando se exhibió en Nueva York el más famoso retrato de Leonardo da Vinci como si fuera una estrella de cine.
El público no iba para mirarla sino para poder decir luego que la había visto, explica Hughes.
Así comenzó un proceso por el cual las obras de arte se convirtieron en celebridades. A partir de los años sesenta, los coleccionistas comenzaron a comprar obras de arte no porque les gustaran sino como inversiones rentables.
El del arte es el mayor mercado no regulado del mundo. Las ventas de arte contemporáneo generan cerca de 20,000 millones de dólares al año.
El arte moderno es muy caro no porque sea especialmente bueno sino porque los inversores creen que puede generar rápidamente beneficios.
El mercado del arte pone demasiado énfasis en la novedad y en lo que está hoy de moda porque los compradores confían en que las obras nuevas van a ganar en valor a corto plazo, explica.
A diferencia de lo que ocurre con las empresas, el valor de una obra de arte no puede someterse a análisis objetivo, por lo que los artistas que como Hirst suscitan polémica o tienen olfato para la autopromoción pueden inflar fácilmente el precio de su producción gracias a un orquestado trabajo de relaciones públicas.
Para Hughes, todo eso tiene como primera consecuencia la conversión del arte en una mercancía más y hace además las obras realmente importantes totalmente inasequibles para los museos y las galerías públicas.
En lugar de que el arte sea propiedad común de la humanidad, como un libro, el arte se convierte en propiedad particular de alguien que puede permitírselo, denuncia el crítico.
¿Cómo van a poder competir los museos con un multimillonario ruso que empezó a comprar arte hace tres minutos pero que tiene en el bolsillo el producto interior bruto de Georgia?, se pregunta Hughes.
Imaginémonos el efecto catastrófico que tendría en la cultura el hecho de que cada libro interesante que sale costase un millón de dólares?, agrega.
Una de las cosas que sostiene el mercado del arte es la fe irracional en la continua subida de los precios, comenta Hughes.
Y agrega: En el siglo XVII hubo un pintor italiano llamado Guido Reni, del que no había oído hablar mucha gente.
Sin embargo, a finales del XVIII, muchos expertos creían que los dos artistas más grandes de Italia eran Miguel Ángel y Reni, pero a mitad del siglo pasado se podía comprar un cuadro de tres metros de Reni por 300 libras (600 dólares). Los artistas se pasan de moda muy rápidamente.
El mercado del arte ignora la crisis financiera
El mercado internacional del arte parece ignorar por el momento la crisis financiera y en las salas de venta de Nueva York los precios siguen por las nubes.
Vamos, por 920, 940. ¿Por qué no 950? 960 si quieren, alienta con habilidad el rematador Hugo Weihe de Christies por un óleo del artista indio Subodh Gupta. 970. ¿Alguien más?
El martillo cae en 970,000 dólares, es decir más de un millón de dólares con la comisión incluida.
En dos horas, la subasta de arte moderno y contemporáneo del sudeste asiático totalizó el martes 12.6 millones de dólares, incluyendo un dibujo del indio Francis Souza, tasado en 3,000 dólares, que se vendió por 28,000.
No se trataba de una venta de la envergadura de la realizada el mismo día en Londres, donde el artista británico Damien Hirst se vendió por un récord de 111 millones de libras (198 millones de dólares) en Sothebys.
La subasta londinense que incluía un tiburón y otros animales conservados en formol, batió el récord anterior de 20 millones de dólares de Pablo Picasso, por una venta dedicada a un solo artista.
Sin embargo, al igual que la extravagante subasta de Sothebys, el excelente desempeño de Christies en Nueva York demostró hasta qué punto el mercado del arte hasta el momento hace oídos sordos al pánico de las finanzas en crisis.
Alentados por la voz calma y seductora de Weihe, los coleccionistas hacen gestos discretos para registrar su ofertas. A un costado, dos filas de asistentes susurran informaciones por teléfono a clientes invisibles.
La quiebra de Lehman Brothers, la nacionalización de la aseguradora AIG y las corridas bursátiles en el mundo entero parecen ser de otro planeta.
Es cierto que estamos completamente desfasados con lo que está sucediendo, dijo Conor Macklin, marchand de la galería Grosvenor de Londres, de visita en Nueva York.
Max Rutherston, otro marchand de la galería Sydney L. Moss de Londres, explicó que el mercado del arte está protegido por un colchón de compradores muy ricos.
El sector más alto está impulsado por gente que hizo mucho dinero en otro lado. Es una especie de juego de apuestas de alto nivel, donde el que acierta puede obtener grandes ganancias, especialmente con el arte contemporáneo, dijo Rutherston.
Según él, el mercado del arte terminará inevitablemente padeciendo el impacto de la crisis económica mundial.
Sin embargo, agregó, esto tiende a suceder dos o tres años después de que la crisis afecta a otros mercados. Siempre fue así. No sé si es porque la gente niega la realidad, comentó Rutherson.
Una coleccionista privada, la holandesa Eegje Schoo, opinó que el mercado del arte logrará esquivar la crisis.
Creo que hay un grupo de gente que decidió que se trata de una inversión más segura que otras. Y va a seguir creciendo, dijo Schoo.
En la sala de ventas, las pujas continúan, impertérritas.
Un hombre que toma té en la última fila acaba de comprar una caja de aluminio por 160,000 dólares. Una obra que representa a inmigrantes pobres de la India se vendió por casi un millón de dólares.
Subastas millonarias Fracis Bacon
El pintor irlandés Francis Bacon: logró la venta de Estudio de Inocencio X por 35.7 millones de euros en la subasta de Sothebys. Este año el panorama se presenta más esperanzador, ya que tanto Sothebys como Christies esperan alzarse con millonarias sumas de este pintor. El Tríptico 1974-77, valorado en 33.6 millones de euros, Estudio de desnudo con figura en un espejo, valorada entre 24.16 millones y 33.6 millones de euros.
A lo largo de los años la cotización de Bacon en el mercado del arte fue ganando terreno, hasta obras menores como Seated woman lograron precios astronómicos de 13,696,250 euros en la subasta de diciembre pasado de Sothebys.
Hirst revolucionó
Damien Hirst tiene tantos admiradores como detractores. Éstos lo consideran la personificación de la comercialización del arte. Pero el artista se defiende diciendo que Warhol, Goya, Rembrandt y Velázquez pensaban también en el aspecto comercial.
También se le critica por contar con un gran equipo humano a sus espaldas. Tiene seis estudios repartidos entre Londres, Devon y Gloucestershire, donde se ha trabajado a contrarreloj para producir todas las obras de esta colección que ha bautizado Beautiful Inside My Head Forever (Bello en mi cabeza para siempre). Prada no confecciona su propia ropa, Frank Gehry no construye sus edificios y nadie los critica, se queja una vez más Hirst.
Las piezas a la venta son nuevas, pero se trata de variaciones de obras anteriores: más mariposas, con las que conforma cuadros que parecen vitrales de catedrales; más calaveras, aunque ninguna tan espectacular como la chapada en diamantes que puso a la venta el año pasado por la suma récord de 63 millones de euros; más cuadros hechos de moscas disecadas; y más animales incluidos varios tiburones en vitrinas llenas de formol. La pieza más cara es El becerro de oro, por sus pezuñas y cuernos dorados, cuyo valor está estimado entre 10 y 15 millones de euros.