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ENVIADO ESPECIAL/ ARLIGTON/TEXAS
Usted no encontrará un casillero con el nombre de Vicente Padilla en el clubhouse de los Rangers de Texas. Donde el nica se viste y cambia dice Guillermo de la Cruz.
“Estos jodidos (los encargados de poner los rotulitos) lo pusieron así por molestarme, pero eso no me incomoda”, afirma Vicente, quien tiene De la Cruz como segundo nombre.
En realidad Cruz era el nombre de su papá, quien murió cuando Vicente era un adolescente. Siempre lo motivaba en el beisbol, aunque no vivieran juntos en aquellos días.
“Recuerdo que mi papa me dijo que luchara para que llegara a jugar al Chinandega, y eso me lo puse como meta. Desgraciadamente no me vio llegar”, se lamenta el nica.
Peor aún, don Cruz tampoco vio llegar a su hijo a las Grandes Ligas, un escenario que ni el propio Vicente llegó a imaginar. Así que lo que vive ahora es casi un sueño.
“Cuando me llamaron como refuerzo del Granada y luego a la Selección, pensé que a lo mejor tenía para más, pero inicialmente, sólo soñaba en el Chinandega”, confiesa.
El Chinandega de aquellos días era la tropa que tenía a Pablo Juárez y Asdrudes Flores, a Juan Baca y Próspero González, a Damián Rivera y Róger Peralta, entre otros.
“Yo los miraba como unos monstruos y soñaba jugar con ellos, pero Dios tenía algo más para mí y he tratado de aprovecharlo”, sostiene el meteórico lanzador.
Los compañeros de Padilla ahora son Josh Hamilton, el formidable bateador que no sólo rescató su carrera, sino también su vida. Michael Young y Milton Bradley.
“Hamilton es de los más tranquilos, no es alardoso y si no le hablan, no habla, siempre está quieto. Bradley sí es un loco. Se pelea hasta con él mismo”, afirma Vicente.
Padilla dice también que Young, quien se ha establecido como una figura preponderante en el plantel, es de los jugadores más humildes del conjunto. “Ése ni habla”, afirma.
Respecto a los jugadores más cercanos, Vicente menciona a Frank Francisco, cuya esposa es nica. Padilla a menudo le trae comida de la que cocina en su casa pinolera.
“Otro que es buena gente, además de Francisco, es Luis Mendoza, el mexicano, a veces va a la casa y compartimos un rato. (Wagner) Madrigal también”, indica.