Ahora todos queremos un pedazo de Román “Chocolatito” González, el chavalo que agarró su talento y lo mostró al mundo, de una forma tan contundente que no resulta difícil vaticinar que podrá elevarse muchísimo, y más aún con el viento a su favor.
González ha dado un salto enorme. Uno que sólo otros nueve nicas se han atrevido a dar en toda la historia. Así que vienen las celebraciones, los homenajes y regalos, pero lo más importante será definir con tiempo el plan a seguir para garantizarle su desarrollo.
De modo que está bien aplaudir hasta dónde ha llegado Román, pero la clave es establecer pronto hacia dónde hay que dirigirlo. Y ésa es una inquietud que debe ser resuelta cuanto antes por el boxeador, pero sobre todo, por su equipo de trabajo, la gente que le apoya.
Hay que hacer a un lado la euforia del triunfo y sentarse a trazar los planes. Pero debe hacerse con la cabeza fría, a fin de asegurarle en su entorno a las personas indicadas. Se trata de un campeón mundial. Entonces, hay que tratarlo como tal.
Alexis Argüello, el paradigmático boxeador ahora tan lejano, pero que sigue siendo tan presente, no se hizo solo. Se estructuró un equipo de trabajo que le asegurara todo y que le permitiera concentrarse en su adiestramiento. Eso fue clave en su éxito.
González tiene un talento especial y ha realizado el mejor despegue que hemos visto en toda la historia deportiva del país. Ni Argüello ni Rosendo Álvarez arrancaron a tanta velocidad, pero en esto lo importante no es arrancar, sino hasta dónde sos capaz de llegar.
Así que tras la evaluación de lo realizado, deben aplicarse las variantes. Hay que revisar todo en torno al “Chocolatito” y ver de qué forma se puede hacer mejor. Debe existir un compromiso con la excelencia. Sólo así se puede alcanzar todo lo que se sueña.