- Es tiempo de reír o de llorar
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Había confianza con González
ENVIADO ESPECIAL/ JAPÓN
A esta altura, todo ha concluido. El caudal de especulaciones previas se ha desvanecido. Los misterios y conjeturas sobre el peso han quedado al descubierto. Incluso la pelea es material del pasado. Ojalá lo único presente sea la celebración de un triunfo que hemos deseado desde lo más profundo del corazón.
Qué bueno sería que estemos jubilosos por un éxito de Román “Chocolatito” González, quien esta madrugada subiría al ring del Pacifico Yokohama, en esa ciudad portuaria, en busca de un título mundial, que lo metería de cabeza en la historia, como el décimo nica que consigue imponerse en tan difícil pretensión.
Y si es lo contrario, no dudo que vamos a saber reaccionar con generosidad ante el dolor. No siempre las cosas salen como deseamos, pero independiente de lo que haya sucedido, hay algo de lo que siempre estuvimos claros, y es que González hizo un gran sacrificio para salir adelante y venció cada obstáculo.
Pero ojalá haya tenido éxito en el momento cumbre. El esfuerzo siempre es importante, pero al final, lo que cuenta es el resultado. La historia la escriben los ganadores y son los que perduran en la memoria colectiva. Pero, aún con un revés, Román tiene el tiempo a su favor y podrá tomar nuevas oportunidades.
¿CÓMO FUE EL COMBATE?
La diferencia de 15 horas en el tiempo nos dejó sin chance de esperar para esta edición la pelea de Román ante Yutaka Niida, con el título mundial mínimo (105 libras) de la AMB en disputa. Y como diría Paulo Coelho, nadie es dueño del próximo instante, así que sólo quedamos con espacio en la imaginación.
Y creo que muchos habíamos visualizado una actuación notable de Román, quien tenía la misión del saltar al ring e ir a buscar a Niida y proponerle un duelo cuerpo a cuerpo, que es donde mejor se desempeña. Nuestra apuesta estaba basada en la fortaleza del nica y su habilidad para disparar desde todos los ángulos.
Probablemente muy pocos consideraron que la pelea sería fácil. Después de una carrera de 23 victorias y siete defensas exitosas, lo único que quedaba era respetar a Niida, cuya misión era meterse en la élite del pugilismo nipón, en relación a la cantidad de triunfos obtenidos poniendo a riesgo la corona.