Ciudad encantada

Emprendedores chilenos sacan su tajada del auge turístico de Marruecos, país ubicado al norte de África. Las oportunidades están donde quiera Guillermo Pellegrino El turismo en Marrakech va en serio. Un tercio de su población trabaja en tareas ligadas a este rubro. Claro, en el aromático y multicolor Casco Antiguo de esta ciudad, conocido como […]

  • Emprendedores chilenos sacan su tajada del auge turístico de Marruecos, país ubicado al norte de África. Las oportunidades están donde quiera

Guillermo Pellegrino

El turismo en Marrakech va en serio. Un tercio de su población trabaja en tareas ligadas a este rubro. Claro, en el aromático y multicolor Casco Antiguo de esta ciudad, conocido como la Medina, conviven desde encantadores de serpientes y contadores de cuentos hasta vendedores de las más variadas artesanías y especias.

Y hasta algunos latinoamericanos han querido sacar su tajada de este mercado. El chileno Julio Miranda vivía en París y llegó a Marrakech —una de las ciudades más importantes de Marruecos, con cerca de 1.5 millones de habitantes— en 1996, por un trabajo que llevaba a cabo para una ONG. Tres años después compró por US$70,000 la casa en la que instaló un “riad” (pequeños hoteles al estilo árabe, con patio interno y atención personalizada).

Hoy no sólo se lucra del negocio hotelero, sino también del inmobiliario. “Esta propiedad hoy vale diez veces más”, dice este decorador de interiores nacido en la sureña ciudad de Puerto Montt. “Cuando me preguntan cuánto he invertido desde que la compré, contesto que no lo sé; por deformación profesional constantemente estoy trabajando en ella”.

Parecido es el caso del joven licenciado en turismo Diego Lasou y su esposa, quienes en 2001 vivieron en carne propia los albores del alza de los valores de las propiedades.

“Por esta casa ‘en ruinas’ de 300 m2, a tres cuadras de la plaza central, pagamos unos US$100,000”, recuerda en perfecto español este joven emprendedor nacido por casualidad en Casablanca, pero que se siente chileno, país donde nació su madre y al que viaja año tras año a visitar a su familia.

“Para dejarla en condiciones debimos invertir un año y cerca de US$150,000. Pero el esfuerzo valió la pena porque, si hoy quisiéramos vender este ‘riad’, podríamos pedir unos US$800,000”, dice.

PRECIOS PARA TODOS

Pasar la noche en el “riad” Bayti, de Lasou, cuesta US$90, con desayuno incluido. Entre los 560 “riads” de la Medina, es un intermedio: hay de US$30 y también algunos de superlujo, que cuestan US$250.

Sin embargo, todos se igualan en un tema: las reservas de habitaciones tienen que hacerse con varias semanas de anticipación.

“De tres años a esta parte ya no hay más temporada baja”, dice Lasou.

“Desde que las aerolíneas low cost empezaron a tener vuelos directos a Marrakech, se puede venir aquí en una hora y media por menos de US$200”, agrega.

Emprendedores de Francia (el país con más vínculos al haber sido Marruecos una de sus colonias) fueron, a principios de los noventa, los que comenzaron a comprar por US$50,000 ó US$60,000 viejas casonas para restaurarlas y convertirlas en “riads”.

Todo en medio de un poco desarrollado sector hotelero dentro de la Medina, debido a la fama de peligrosa de esta zona. De hecho, los hoteles 5 estrellas tradicionales suelen estar fuera de la ciudad.

Hoy, los “riads”, que trabajan a plena capacidad todo el año y suelen dejar muy buenos márgenes de ganancias, son propiedad mayormente de marroquíes, franceses e ingleses.

El concepto de los “riads” se ha ampliado. Los emprendedores extranjeros han comenzado a invertir en los alrededores de Marrakech, en “riads” tipo casas de campo.

En esos suburbios, a cinco kilómetros del centro, Miranda también tiene montada desde hace algunos meses una pequeña empresa taller, donde trabajan seis personas que hacen piezas de cerámica.

“No son artículos para el turista; trabajamos para privados, en general extranjeros, que nos piden que les diseñemos la línea de vajilla que esté acorde al estilo de la casa que compraron en Marruecos”, dice.

“La idea es empezar a exportar, en breve, algunas colecciones. Cuando empecemos tal vez tenga que ampliarme un poco, pero pienso hacerlo con tino, porque quiero seguir con ese perfil artesanal, el principal valor agregado que tienen nuestras piezas”, aclara.

Economía

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí