Te formé en mi corazón
como una ilusión de amor,
una extensión prolongada de mi ser, cuerpecito, motetito,
que crecías en el vientre de mi nuera.
Te fuiste imperceptible,
sin un quejido, sin un lamento,
sin una manifestación de rebeldía, que te aferra a la vida.
Encontraste rápidamente el camino de la luz
y corriste hacia ella,
las puertas estaban abiertas para ti, en los brazos acogedores del Padre.
Bien por ti mi niño,
bien por ti mi nieto.
Preparo mi camino
para arrullarte junto a Dios.
María Augusta Flórez Fonseca