- Atletas olímpicos, los desconocidos
¿Por qué en nuestro altar de ídolos están Cristiano Ronaldo o Lionel Messi, pero no tenemos a Irving Saladino o Dayron Robles?
¿Por qué la vida de nosotros se paraliza con un Mundial de Futbol, aunque nuestros países no compitan, pero durante los Juegos Olímpicos nuestra cotidianidad ni se altera?
“El futbol es el deporte más popular”, me dirán. Sí, es cierto, pero hay otros factores.
Cristiano, por ejemplo, no ha ganado ni un Mundial, ni una Eurocopa, ni una medalla olímpica, pero es admirado en casi toda América Latina.
Según la revista Forbes, el Manchester United es el club más rico del mundo, con un valor de 1,800 millones de dólares.
¿Eso influirá en el hecho de que podemos mencionar al menos cinco jugadores del Manchester United, pero no los nombres de la delegación de nuestro país que fue a Beijing?
Permítanme preguntar: ¿Se imagina que esos deportes olímpicos pudieran contar con la mitad del dinero que mueve el Manchester United?
Seguramente, más niños querrían ser un Irving o un Jefferson Pérez y no necesariamente un Cristiano Ronaldo.
Pero eso es hablar sobre supuestos y como periodista, me debo aferrar a los hechos. La realidad es otra y me atrevo a ser cruda: esos deportes no venden. El futbol sí, y mucho.
Arturo Chávez, sociólogo de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), dice que aunque es evidente que en muchos de nuestros países hay una extensa tradición futbolística, también hay desconocimiento de la magnitud de unos Juegos Olímpicos.
Surge así un factor externo que tiene cierto impacto en nuestras preferencias: el deporte no ha sido una prioridad gubernamental, con excepción de Cuba, donde existe una política estatal focalizada en ese sector.
Hay, sin discusión, otros problemas en la agenda de nuestros gobernantes: la inseguridad y la pobreza, por ejemplo.
Latinoamérica no ha hecho del deporte algo de la vida cotidiana. No hay una valoración social del deporte.
Es así como en América Latina, ser un atleta de un deporte que no cuenta con el financiamiento empresarial se convierte en un acto épico.
Les juro que yo no tengo nada en contra de Cristiano y no niego que sea un fenómeno, pero ¿cuánto de mediático hay en torno a su figura?
“Estos ídolos que se crean son una estrategia mediática”, explicó Chávez. Sin embargo, lo que funciona para los futbolistas, no necesariamente funciona para otros atletas.
Aunque tengamos deportistas muy destacados en otras disciplinas, no son fomentados como figuras porque son fenómenos muy puntuales que cuando aparecen en los medios ya pasaron de moda, ya no son figuras de actualidad.
A nuestras realidades sociales, se suma un fenómeno que pudiésemos llamar “baja autoestima olímpica”.