- Locales acumulan medallas y un gran respeto de todos
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En los vertiginosos días finales de las Olimpiadas de Beijing, los jóvenes chinos se saludaban alegremente con la pregunta: “¿Cuántas medallas de oro ganamos hoy?”.
El orgullo que manifiestan muchos chinos permite vislumbrar lo que sucederá tras la clausura de los juegos hoy. A medida que partan los atletas extranjeros, China recibirá merecidos elogios por unas Olimpiadas magníficamente organizadas y por la destreza de sus atletas, que dominaron el medallero.
Pero para los chinos y su Gobierno, no se trata sólo de la posición en la tabla sino también de su presencia internacional. “Para el futuro, China debe volverse más internacional, y la Olimpiada fue un paso importante”, dijo Luo Qing, especialista en la imagen china en la Universidad de las Comunicaciones. “Era crucial que la comunidad internacional nos diera el reconocimiento debido”.
Que China reciba el respeto que espera es un asunto crucial para un mundo que aprende a adaptarse a las ambiciones de un país poderoso y en ascenso, como resultó evidente en Beijing.
El éxito en los Juegos permitiría a China sentirse más cómoda con su lugar en el mundo. Un gobierno confiado estaría mejor dispuesto a colaborar con las demás potencias en los focos de incendio globales. En lo interior, podría tomar medidas más audaces frente a los reclamos de justicia social y para cerrar la brecha creciente entre los nuevos ricos y los trabajadores.
Al mismo tiempo, una China triunfante que se sintiera valorada por debajo de sus merecimientos podría sacar a flor de piel las susceptibilidades nacionalistas, con un régimen más represivo en lo interno y agresivo hacia afuera, dispuesto a no participar de las campañas contra el cambio climático y la proliferación nuclear. Ya aparecen señales de que el Gobierno se apresta a reprimir el separatismo en el occidente musulmán y purgar a los monasterios tibetanos de clérigos independentistas. Mientras tanto, con el desbloqueo de partes de internet, los chinos han experimentado la emoción de acceder a las páginas de Amnistía Internacional y la prensa occidental, pero se disponen a perder esas libertades.