El nuevo Presidente de Paraguay, el ex obispo Fernando Lugo, aseguró ayer al tomar posesión de su cargo, que será “implacable” en la lucha contra la corrupción y prometió situar a su país entre las democracias consolidadas del mundo.
Lugo, que ganó las elecciones en abril, sucede en la Presidencia a Nicanor Duarte. Su llegada al poder marca el final de más de seis décadas ininterrumpidas de Gobierno del derechista Partido Colorado, lo que ha generado gran expectativa en una población ávida de cambios y desencantada con una expansión económica que no se traduce en bienestar.
El nuevo mandatario, que no usa trajes ni corbatas y casi siempre calza sandalias, consiguió semanas atrás una dispensa del Papa Benedicto XVI para volver al estado laical, que le permite asumir el poder sin conflictos con la Iglesia tras renunciar a sus hábitos para dedicarse a la política.
“Hoy termina la historia de un Paraguay”, dijo Lugo en su discurso, para afirmar seguidamente que las nuevas autoridades, que gobernarán hasta 2013, “serán implacables con los ladrones de su pueblo”.
Lugo ha mantenido hasta ahora un discurso cauto hacia EE.UU. con quien dijo quiere mantener buenas relaciones.