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Sucedió durante los Juegos de Seúl 1988, en la tribuna del natatorio, un hombre agitaba un voluminoso cartel durante los 200 metros, libre, con este texto: “Vuela, Sylvia, vuela”.
Recuerdo ese final y la gran sorpresa. La carrera era cerrada entre las alemanas orientales Heike Friedrich, poseedora del récord mundial, y Manuella Stellmach, más la estadounidense Mary Wayse, ocupantes de los andariveles centrales y pocos vimos a la que se desplazaba por uno de los laterales, casi en una misma línea.
No quedaban dudas del triunfo de Friedrich y del segundo puesto de su compatriota, pero, cuando se prendieron las luces del tablero electrónico, detrás de Friedrich apareció como escolta Sylvia Poll Ahrens (CRC) y tercera Stellmach.
Lo de Sylvia Poll tenía tres razones para el asombro. Primero, no era candidata; segundo, las siglas CRC representaban la de Costa Rica, carentes antecedentes olímpicos de valor y, por último, impactaba al verla surgir del agua su escultural físico de más de 1.90 metros de estatura.
Esa rubia de ojos celestes, de 17 años, también sexta en 100 metros, espalda, había dado el puntapié para que Claudia, su hermana menor, la tomara como ejemplo a seguir, se dedicara de lleno a la natación y se convirtiera en una de las figuras de la década del noventa.
Claudia, tan alta y rubia como Sylvia, llegó a Atlanta 96 portadora de excelentes antecedentes. En los Juegos de la Buena Voluntad en San Petersburgo, Rusia, para llevarse una medalla de oro y un nuevo récord en los 200 metros libre, así como plata en los 100 metros libre, y en el Campeonato Mundial de Piscina Corta 1995, había mejorado el récord mundial de los 200 libre.
Por eso no causó sorpresa el oro de Claudia Poll, en los 200, libre. Más se lo espera y que sumado a la plata de Sylvia enriquecía el caudal olímpico de Costa Rica, producto de dos nicaragüenses, descendientes de alemanes, que habían adoptado su nacionalidad.
Las dos nacieron en Managua. Sylvia, el 22 de diciembre de 1970 y Claudia, el 21 de diciembre de 1972. Dos días después, Managua sufrió un terrible terremoto que dejó un saldo de 10,000 muertos, lo que produjo una crisis de gobierno. Ante esa doble situación su padre Bernardo Poll y su madre Thea Ahrens resolvieron trasladarse al sur de Costa Rica. Sylvia se nacionalizó en 1985 y Claudia en 1993.
En Sydney 2000, Claudia, que había sufrido una lesión en la espalda, obtuvo las medallas de bronce en los 200 y 400 metros, libre. Volvió a participar en Juegos Olímpicos, esta vez en Sydney, Australia, donde realizó una brillante actuación obteniendo medalla de bronce en los 200 y 400 metros libres.
Participó en Atenas 2004, reapareciendo después de una suspensión de dos años a raíz de un control sorpresa antidopaje durante sus entrenamientos por parte de FINA, que dio positivo a la norandrosterona.
Corrió los 200 metros libre, llegó a las semifinales, pero quedó fuera de la final. Así se cerraba, hasta ahora, la historia olímpica de Costa Rica, escrita por dos mujeres nacidas en Nicaragua.