Michele, cuando ganó medalla de plata en los Juegos Olímpicos. (LA PRENSA/O. MIRANDA/REPRODUCCIÓN)

“No tuve miedo”

El día que Michelle Richardson ganó medalla de plata [doap_box title=»Es una medalla nica» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Han pasado 24 años desde aquella medalla de plata que Michele Richardson ganó en los Juegos Olímpicos, pero el momento es imborrable. Hoy Michele tiene 39 años y aún posee su figura atlética, ese espíritu luchador y deportivo que […]

  • El día que Michelle Richardson ganó medalla de plata
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Han pasado 24 años desde aquella medalla de plata que Michele Richardson ganó en los Juegos Olímpicos, pero el momento es imborrable. Hoy Michele tiene 39 años y aún posee su figura atlética, ese espíritu luchador y deportivo que la llevó al alcance de la gloria olímpica en Los Ángeles 1984.

“Siempre he estado orgullosa de ser nicaragüense, no pude ganar la medalla para este país, pero esa situación fue ajena a mi voluntad, este logro siempre se lo dedicaré a Nicaragua”, señala.

Michele registró 8:28:32 minutos en los 800 metros, situándola en el puesto 12 del ranking mundial de la FINA y quinta en los EE.UU.

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Los Ángeles, 1984. Era la edición 24 de los Juegos Olímpicos. Estados Unidos tenía una delegación de atletas casi inquebrantable, sólidos como el acero. La más joven de esa tropa era Michele Richardson, nadadora de 15 años nacida en Nicaragua.

Michele siempre sonriente, salió junto a la delegación norteamericana el día inaugural de los Juegos con mucha alegría, la meta por la que luchó por casi cinco años se estaba cumpliendo.

“Cuando tenía 10 años miré por la televisión los Juegos Olímpicos, le dije a mi papá: Yo quiero estar en los próximos Juegos, cuatro años después cumplí mi sueño, llegué a Los Ángeles”, relata Richardson.

¿Y qué sintió en ese momento?

Cuando salimos al estadio la piel se me erizó, es una sensación inexplicable, ese es un momento que revivo cada cuatro años y lo recordaré mañana (hoy). Llegar a la Olimpiadas es lo máximo para un atleta.

Una jovencita de figura atlética, mirada dulce, llena de esperanzas y a la vez poseedora de un coraje desafiante, había llegado a las finales de la competencia de 800 metros. Michelle era la más joven de las ocho finalistas y su rival más fuerte, Tiffany Cohen.

“Esa mañana nadé como dos mil metros. Mi entrenador me dijo algo: “Si nadás con coraje, ganás, si nadás con miedo no ganarás”. Esa frase se grabó en mi mente”.

Las 4:00 de la tarde. La piscina estaba lista y los ocho bloques de salidas estaban esperando a las mejores nadadoras en la categoría de los 800 metros libres.

20 minutos antes de salir a la prueba final las competidoras fueron llevadas al cuarto olímpico. Allí Michele decidió recostarse, tomó su grabadora, se puso a escuchar música de Michael Jackson y se aisló, era ella y su voz interior diciendo: “No hay miedo, con miedo no gano”.

Llegó el momento final, Michele se colocó en su respectivo carril, levantó su cabeza al cielo, hizo una breve oración, se persignó y se colocó en posición. El anuncio de salida sonó en todo el gimnasio acuático y empezó la batalla final.

“Cuando faltaban 400 metros para finalizar, estaba de segunda, pude ver que estaba cómoda cuatro segundos de diferencia con Tiffany Cohen y en ese momento tuve que decidir, en seguir cómoda en el segundo lugar o arriesgarme para nadar más rápido, pero podía cansarme y la que estaba en tercero podía alcanzarme”.

¿Y qué decidió?

Seguí cómoda, en segundo, pero ganar plata es un gran logro y por lo que había luchado, pero ahora que ya soy una adulta, pienso que mejor me hubiera arriesgado e intentar ir por el primer lugar.

¿Se arrepiente entonces?

Pues ahora que pasaron los años sí, creo que si hubiera arriesgado un poco más, hubiera ganado el oro, asegura.

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