Soñadores, egoístas, pendencieros

Soñadores, egoístas, pendencieros Querida Nicaragua: Nuestros vecinos centroamericanos dicen que todos los nicas somos poetas. Y en cierta medida es verdad. Igualmente dicen que somos pendencieros, violentos y guerreristas. Esto también es cierto en alguna medida, son los contrastes que se dan en algunos pueblos. Somos un pueblo de contrastes. Aquí todos vivimos proponiendo diálogos […]

  • Soñadores, egoístas, pendencieros

Querida Nicaragua: Nuestros vecinos centroamericanos dicen que todos los nicas somos poetas. Y en cierta medida es verdad. Igualmente dicen que somos pendencieros, violentos y guerreristas. Esto también es cierto en alguna medida, son los contrastes que se dan en algunos pueblos.

Somos un pueblo de contrastes. Aquí todos vivimos proponiendo diálogos nacionales, nos encanta la palabra consensuar, pero qué difíciles somos para ponernos de acuerdo. Siempre queremos imponer nuestro criterio. Hablamos de diálogo nacional, de proyecto de nación, de la Nicaragua posible, esta última idea extraordinaria de nuestro filósofo doctor Alejandro Serrano Caldera. Pero no llegamos a nada. Tenemos muchos años de estar coincidiendo en todo aquello que no queremos. No quisimos la dictadura dinástica del somocismo, no quisimos la dictadura de izquierda del sandinismo. En no querer coincidimos todos y nos juntamos para acabar con aquello que no queremos, pero cuando se trata de crear lo positivo, lo que queremos fallamos por completo.

Somos capaces de botar gobiernos, pero no lo hemos sido para crear una auténtica república. Somos soñadores que nunca pasamos del sueño y pendencieros que siempre llegamos a la riña y al pleito por cualquier cosa.

Y surge inevitablemente nuestra costumbre de volver la mirada hacia la vecina del sur, Costa Rica.

En el año 48 del siglo pasado, uno de sus políticos más brillantes, el prócer José Figueres Ferrer, se propuso hacer una nueva nación. Propuso la disolución del ejército y el pueblo tico se puso de acuerdo en ello. Y desde entonces Costa Rica se convirtió en un país diferente. Se acabaron los cuartelazos propios de aquella época y los ticos se volvieron eminentemente civilistas. Desde entonces tuvieron una democracia sólida y han elegido a su presidente cada cuatro años ininterrumpidamente. Llevan sesenta años de alternabilidad en el poder y disfrutan las ventajas de la democracia: bienestar, tranquilidad, trabajo, progreso y paz. Los ticos se pusieron de acuerdo en hacer una nación próspera, sin armas, llena de escuelas, cuadernos y pupitres.

Aquí soñamos con tener un país sin ejército. En el noventa tuvimos un débil movimiento civilista en el que participaron intelectuales, banqueros, hombres de negocios, ciudadanos defensores de los derechos humanos, periodistas. Fue flor de un día. Aquélla era una buena oportunidad para jubilar a todos los generales y coroneles y capitanes y tenientes y dejar sólo una Policía profesional. Era la oportunidad de que doña Violeta se plantara ante las Naciones Unidas y propusiera vender como chatarra las armas de guerra que habían servido para llenarnos de luto y dolor. No fue posible. Las exigencias y chantajes de los piñateros que gobernaban “desde abajo” no lo permitieron. No pudo doña Violeta ponerse esa flor en el ojal, haber conseguido un país sin ejército y sin armas. No pudimos ponernos de acuerdo. Tal vez es que estamos acostumbrados a la cultura del fusil, del culatazo y la pedrada, herencia salvaje de los Pedrarias y los Contreras. Lamentablemente el gobierno actual usa el mismo lenguaje.

Creo que ya es tiempo de ponerse de acuerdo para producir una sólida y auténtica democracia, una cultura de paz. Entonces se podrá crear un programa de nación que nos conduzca al desarrollo y donde cada nuevo gobierno no llegue a cambiarlo todo sino a continuar la labor del anterior. En fin, preguntémonos qué queremos para Nicaragua… reunámonos patrióticamente en un diálogo sincero y mostrémosle al mundo el olivo de la paz y no el acero de la guerra.

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