- Cartas al director
Políticos
“Los políticos tímidos e interesados se preocupan mucho más de la seguridad de sus puestos que de la seguridad de su país”.
Adversidades políticas
En la antigua Grecia, los ciudadanos se sentían ofendidos si les decían que no eran políticos, pues eso significaba que no les importaba el destino del pueblo y como decía Aristóteles: “El hombre es un animal político”. En Nicaragua políticos corruptos han desprestigiado la política, a tal grado que muchos ciudadanos dicen: “yo soy honesto por eso no me meto en política”. Los que actualmente ostentan el poder a través del engaño al pueblo, al que le ofrecieron mucho y que no piensan cumplir, es por eso que los diputados del pacto siguen manteniendo, secuestrada la justicia.
El ideal de los políticos griegos era la justicia, pero en Nicaragua el pacto practica la injusticia en todas las instituciones que han sido politizadas. Los altos funcionarios, para conservar sus cargos y las canonjías que brinda el poder tienen que acatar las órdenes del pacto, ser leales, incondicionales, carecer de criterio propio, para ser merecedores de sus cargos.
El cardenal Alfonso López Trujillo, presidente del Consejo Pontificio de América Latina, mencionó en un encuentro con políticos y legisladores de Europa en 1999 que la gran injusticia se debe a la falta de honestidad. Los políticos deben de proclamar la verdad, de lo contrario la verdad sería prisionera.
El ejercicio del poder debe ser la verdad y la justicia al servicio del pueblo reconociendo a toda persona humana su dignidad, el Estado de Derecho y la libertad, condiciones indispensables para alcanzar el bienestar económico del pueblo.
A los actuales gobernantes, su ceguera de poder los ha llevado a un pacto para controlar el poder y piensan que serán vitalicios, no saben que un día el pueblo les pasará la factura con los intereses moratorios. Es por eso que el doctor Arístides Calvani nos enseñaba que la política era la ciencia del bien común, que los funcionarios deben estar al servicio del pueblo, nunca incurrir en el enriquecimiento ilícito. Recibir el poder con humildad y entregarlo con la satisfacción de contribuir al fortalecimiento de la democracia.
Luis Solórzano
Diputados miedosos
Los nicaragüenses nos vamos a morir con la imagen de lo que significa ser diputado. Los parlamentarios nacionales fabrican leyes como hacer rosquillas y se ufanan de su agotador trabajo, cuando lo que hacen no es nada más que querer engañar al pueblo, que ya dejó muy atrás su ingenuidad. En cualquier país del mundo, exceptuando a Nicaragua, ser diputado significa la honra de trabajar por su pueblo y dictar leyes que beneficien a la sociedad a la cual se deben.
En nuestro país, ser diputado es todo lo contrario. Aquí, ser diputado es tener la dichosa oportunidad de volverte rico, tener la ley en tus manos, cometer cualquier delito, pues tenés inmunidad parlamentaria y en fin, una serie de prerrogativas que te enriquecen más pronto de lo que pensabas.
Llegan a la Asamblea Nacional sólo a debatir asuntos internos de sus partidos, olvidándose del sagrado deber de trabajar por su pueblo. Hace unos días, leí en un diario guatemalteco que la Primera Dama de aquel país se estaba extralimitando en sus funciones y quería mangonear a dos ministros, y la Asamblea en pleno la interpeló diciéndole: “Señora, por usted nadie votó, dedíquese a desempeñar sus funciones sociales y deje al gabinete trabajar a gusto”. Pero claro, eso sucede en un país donde hay honestidad entre los miembros del parlamento. Aquí, encontrar uno como aquellos, sería como querer encontrar una aguja en un pajar. Son matreros, expertos en colocar zancadillas a quienes les da la gana y como si fuera poco, llegan cuando quieren, teniendo el sagrado deber de cumplir con una jornada laboral.
¿Por qué no copian el ejemplo de los guatemaltecos y ponen en su lugar a la esposa de Daniel Ortega? Muy sencillo, tienen miedo. ¿Pero a qué o a quién le temen? Parece que han olvidado que Ortega no cuenta con el apoyo del Ejército ni de la Policía. Que estamos en el 2008 y ambos cuerpos son nacionales y no sandinistas como en los ochenta, cuando su amo y señor era el mismo Ortega. ¿Por qué no reflexionan por primera vez en su trayectoria y desempeñan su trabajo con honorabilidad y de paso se ganan el respeto de su pueblo? Es más, en cualquier país de la tierra, con todo el mal que Daniel Ortega le está causando al pueblo, ya lo habrían destituido, pues es una facultad que tienen, pero no hay uno solo tan valiente como para colocarle ese cascabel al gato.
¡Qué vergüenza! ¡Qué parlamento!
Ramón Pineda
Cañonazos
La catadura moral de ciertos diputados nicaragüenses que se muestran siempre sensibles a los “cañonazos” disparados por la tesorería general del FSLN, la resumió un auditor general de la United Fruit Company cuando llegó a Honduras, para verificar los Estados financieros de la empresa bananera. Comparó lo que costaron unas mulas compradas con lo que pagaron a unos diputados para conseguir sus votos y así les renovaran la concesión y privilegios fiscales, encontrando que el valor de cada mula era superior al del voto de cada diputado y exclamó: “¡Qué barbaridad! ¡Una mula valer más que un diputado!”, tal y como lo relata Gregorio Seltzer en su libro, Sandino: General de Hombres Libres.
Así están todos los diputados que deben su figuración a que Eduardo Montealegre los incorpore en las listas de candidatos de la ALN-PC y ahora lo abandonan por unos dólares más. En cuanto a moralidad pública, ya llegamos al fondo del barril en Nicaragua. El país se encamina hacia el despeñadero.
Ernesto Ruiz Salmerón
Inmunidad
Le aconsejo al diputado Eduardo Montealegre que no se le ocurra renunciar a su inmunidad, en el proceso demuestre con claridad su no culpabilidad. Por lo demás, el pueblo nicaragüense sabe que todo enemigo político de Daniel Ortega no tiene ni la mínima posibilidad de salir con un resultado a su favor. La mayoría absoluta de la población de Managua espera ansiosamente el 9 de noviembre para elegirle como su alcalde.
Eso lo sabe el señor Ortega y es por eso su odio enfermizo de querer destruirlo a como dé lugar. ¡El representante del mal en Nicaragua no prevalecerá!
Ervin Avendaño
Falta de equidad
Para que se pueda crear e implementar políticas que favorezcan la equidad en nuestro país debemos eliminar el sistema de prebendas que actualmente funciona, de manera que todas las personas en igualdad de condiciones tengan oportunidad de insertarse en el ámbito profesional y político sin las distinciones raciales y separatistas, tales como la raza, sexo o ideología política.
Qué enormes logros podrían lograrse si la izquierda y derecha política se diesen la mano y retomaran lo mejor de sus sistemas en beneficio de la sociedad y en pro del desarrollo socioeconómico sostenible.
Existiendo igualdad de acceso a las libertades políticas y poder político se podrían implementar medidas que corrijan la desigualdad existente y que deja de facto inoperante cualquier proyecto o programa gubernamental para crear oportunidades de mejoras económicas, políticas y sociales aumentando la eficiencia productiva y eliminando el desperdicio potencial humano.
Rogelio Oviedo Espinoza
Educación superior
En Nicaragua se necesita una reestructuración integral de la educación superior, porque hasta ahora el CNU ha demostrado su incapacidad para llevarla a cabo, por los intereses creados existentes al respecto. Fresco está todavía el escándalo de una de esas universidades de zaguán donde extendían títulos de maestría a ciudadanos italianos que ni siquiera habían visitado nunca nuestro país.
Carece de sentido que el Estado invierta dinero en la preparación de periodistas, abogados, administradores de empresas, etc., donde ya está saturada la oferta de servicios, mientras no hay ninguna inversión en la preparación de técnicos de nivel intermedio. ¿Qué beneficios le reportan a Nicaragua los abogados que están en otros países de cocineros, vigilantes, choferes, etc.? Los ciudadanos que pagan sus impuestos son los que financian la educación de esos profesionales, pero sin ningún beneficio para quienes hicieron posible su titulación.
Eleonora Carrasco Peña