Cornelio Chirino. ()

Agricultura con terreno fértil

El alza de los alimentos puede empujar una ola de inversiones públicas y privadas en el sector agrícola mundial, el que deberá duplicar su producción de aquí al 2050. En Latinoamérica se están impulsando diversas iniciativas locales, sobre las cuales hablan los productores, que apuestan a fomentar el desarrollo del sector agrícola [doap_box title=»Producción necesita […]

  • El alza de los alimentos puede empujar una ola de inversiones públicas y privadas en el sector agrícola mundial, el que deberá duplicar su producción de aquí al 2050. En Latinoamérica se están impulsando diversas iniciativas locales, sobre las cuales hablan los productores, que apuestan a fomentar el desarrollo del sector agrícola
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Para el director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Jacques Diouf, el alza de los precios de alimentos obedece a un combo de factores.

Durante una reciente intervención ante el Parlamento Europeo en Bruselas, capital política de la Unión Europea, mencionó entre estos factores el aumento de la demanda de productos agrícolas, debido al crecimiento demográfico, el desarrollo económico en los países emergentes, la rápida expansión de los biocombustibles y la escasez de suministros al verse la producción afectada negativamente por el cambio climático, en particular la sequía y las inundaciones.

A ello se le suman las medidas restrictivas aplicadas por algunos países exportadores para proteger a sus consumidores y la especulación de los fondos de alto riesgo, indexados y de otros tipos en los mercados de futuro.

Para reducir el número de personas subnutridas en el mundo y satisfacer la demanda creciente, es preciso doblar la producción alimentaria mundial antes de 2050, indicó Diouf.

El incremento de la producción tiene que darse fundamentalmente en países en desarrollo, en los que viven las personas pobres y que pasan hambre, y en donde tendrá lugar más del 95 por ciento del aumento previsto de la población.

Los campesinos en estos países necesitarán acceso a insumos modernos, instalaciones para el almacenamiento e infraestructuras rurales. La agricultura mundial también tendrá que afrontar importantes retos como la gestión de recursos hídricos y el cambio climático.

“Hoy en día más de 1,200 millones de personas viven en cuencas fluviales con una grave carencia de agua y la tendencia hacia una mayor escasez es preocupante”, señala la FAO.

El mundo pierde cada año entre cinco y 10 millones de hectáreas (entre seis y 12 millones de manzanas) de tierras agrícolas debido a la degradación del suelo, aunque en África, América Latina y Asia central existe todavía un gran potencial para aumentar la superficie cultivada.

“Los gobiernos y los agricultores también tendrán que afrontar los efectos del cambio climático en la agricultura. Si la temperatura media aumenta en más de tres grados centígrados, el rendimiento de los principales cultivos, como el maíz, podría disminuir entre un 20 y 40 por ciento en zonas de África, Asia y América Latina”, advirtió Diouf.

Además, es probable que las sequías y las inundaciones se intensifiquen y den lugar a mayores pérdidas de cosechas y ganado.

FMI lanza recomendaciones

En Fondo Monetario Internacional (FMI) sostiene que “los precios del petróleo y de los alimentos se mantendrán en niveles elevados”. Por ello recomienda una serie de acciones generales.

Política fiscal: se necesitan medidas de política que reflejen la situación económica de cada país y su capacidad para crear el espacio fiscal que exigen las circunstancias. Algunos países tienen margen para distender la posición fiscal, mientras que otros quizá deban recurrir a un aumento de la recaudación o un recorte del gasto, u obtener donaciones externas y préstamos en condiciones concesionarias.

Política monetaria y cambiaria: aunque en términos generales habría que absorber los efectos de primera ronda del encarecimiento, la política monetaria debería evitar que se desbordaran y resultaran en una inflación más generalizada.

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    Política comercial: es necesario mantener abiertos los mercados mundiales de alimentos y eliminar políticas restrictivas como los impuestos y las prohibiciones a la exportación, a fin de mantener incentivos adecuados para los productores y consumidores. Las reducciones arancelarias pueden ayudar a mitigar las distorsiones comerciales y el avance de los precios.

    El peso del PIB agrícola nica

    Mujeres indígenas aymaras de Bolivia que logran criar vacas a 3,800 metros de altura para producir leche, productores agremiados de Honduras que apuestan a mejorar la red de comercialización de su producción, y cooperados de Nicaragua que se dedican a proteger el último reducto boscoso de su comunidad, mientras se dedican a la producción de granos básicos y café, son algunas de las iniciativas que se impulsan en Latinoamérica para fomentar el desarrollo y, de paso, responder ante el alza de los alimentos.

    El fenómeno, según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), continuará por varios años más. El panorama trae en sus horizontes oportunidades y riesgos que exigen respuesta, pero que la entidad resume en la frase “invertir en la agricultura”.

    Mientras tanto algunas experiencias locales marchan a buen pasado, pero que lo harían mejor si cuentan con un mayor apoyo.

    Clotilde Márquez, indígena aymara boliviana y presidenta del Centro de Mujeres Candelaria, cuenta que en el occidente de su país han logrado promover la producción láctea y la creación de bancos comunitarios.

    “Somos mujeres indígenas que trabajamos en la producción de leche en la altura (a 3,800 metros sobre el nivel de mar), lo cual ha permitido a las mujeres obtener ingresos de entre 200 y 100 dólares mensuales”, refiere.

    La organización de Márquez, que agrupa a 1,030 mujeres, con el apoyo de la cooperación danesa logró criar vacas holandesas que pueden sobrevivir a grandes alturas y producir leche que luego es vendida a la industria local, generando nuevos ingresos a las beneficiadas.

    “Antes no teníamos nada. Teníamos el ganado criollo sólo para labores del campo. Ahora tenemos la experiencia de criar vacas holandesas mejoradas. Tenemos una producción diaria (por cada ejemplar bovino) de 10 a 15 litros de leche, que se vende a una empresa de la ciudad de La Paz”, cuenta Márquez.

    A la par han ido creando una red de bancos comunales, dirigidos cada uno por una presidenta y una tesorera, que facilita pequeños créditos a las mujeres.

    RED DE COMERCIALIZACIÓN

    Más al norte, en Honduras, organizaciones de productores participan en el establecimiento de centros de abastecimientos locales o tiendas de la Suplidora Nacional de Productos Básicos (Bansupro), donde pueden vender de manera más directa su producción. El proyecto, apoyado por el Gobierno, tiene sus contratiempos.

    “Nosotros estamos impulsando, y le estamos solicitando al Gobierno para que nos ayude con los centros de abastecimiento, pero nos está pidiendo a cada persona que quiere montar una tienda Bansupro, poner una garantía de 50 mil lempiras (poco más de 2,600 dólares). Lo estamos haciendo por organización, porque tenemos la dificultad de que muchas de las organizaciones nuestras son muy pequeñas (como para poder cumplir con la garantía), asegura Cornelio Chirino, secretario de educación del Consejo Coordinador de Organizaciones de Honduras. Estos mecanismos de comercialización, sostiene Chirino, ayudan a los productos a obtener mejores pagos por su producción — que de otra forma podría quedarse entre los intermediarios— y a la vez asegurar precios más favorables para el consumidor.

    AGRICULTURA SOSTENIBLE

    Agustín Carazo, productor de la Cooperativa Gaspar García Laviana, de Santo Domingo, Telpaneca, Madriz, cuenta entre tanto cómo la comunidad está apostando por el cuido de una área de 200 manzanas de bosques, que define “como el pulmón” del municipio, pero que tan sólo hace tres años su extensión alcanzaba las 300 manzanas.

    Paralelamente Carazo no descuida manzana y media de tierra que dedica a la producción de maíz y de frijol, así como ocho manzanas más de tierra donde cultiva café.

    En sus labores agrícolas usa abonos orgánicos, lo que le permite no sólo enfrentar el alza de los insumos agrícolas convencionales, si los estuviera utilizando, sino también obtener un precio mejor por su producción que lleva el sello de orgánica.

    “En nuestra comunidad estamos sensibilizando a la gente sobre la conservación del bosque. Nuestra lucha es conservar toda el área que tenemos, es decir unas 200 manzanas, aunque antes, hace tres o cuatro años, teníamos 300 manzanas. En Santo Domingo habitamos poco más de dos mil personas, pero en el área boscosa cercana habita más gente, en especial en otras comunidades como El Achiote, El Carbonal y El Carrizal”, refiere Carazo.

    “Estamos buscando a organizaciones del Estado para que nos apoyen en esto, porque la Alcaldía es cierto que hace su apoyo, pero no es suficiente”, añade.

    Este pequeño productor, entre tanto, la “echa toda” en una área que ya tiene destinada a la producción de granos básicos y café.

    “Yo cultivo granos básicos en manzana y media de tierra. El resto es café, tengo ocho manzanas de café. Los agroquímicos no los usamos, nos hemos venido proyectando con la producción orgánica. Procesamos la pulpa de café para lo que es café. Para los granos básicos usamos cebolla, ajo y chile, para hacer un atol, es decir una mezcla que se aplica a los cultivos”, ejemplifica.

    Carazo subraya que este esfuerzo tiene sus beneficios. En la producción de granos básicos, que destina básicamente para el autoconsumo de su familia, al menos no gasta en agroquímicos. Cuando vende su cosecha de café, unos 140 quintales como ocurrió en la producción recién pasada, obtuvo 177 dólares por cada quintal.

    EN AGENDA REGIONAL

    Estas son algunas de las experiencias productivas que se desarrollan en Latinoamérica y que discuten en el encuentro centroamericano de organizaciones campesinas reunidas en el Grupo Tierra, que se realiza a lo largo de esta semana en Managua.

    Durante el evento los delegados de México, Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Bolivia, analizarán aspectos referidos al acceso y seguridad de la tenencia de la tierra, los problemas de financiamiento y la gestión local de los recursos naturales, incluyendo el agua, los bosques y la biodiversidad.

    Eduardo Celorio, secretario ejecutivo del Grupo Tierra, que organiza el evento, explica que el mismo tiene como lema “pensar globalmente y actual localmente”. Tiene como propósito intercambiar experiencias de trabajo que realizan en cada país, cada una de las organizaciones que integran el grupo.

    Los delegados visitarán algunas regiones de Nicaragua con el fin de conocer la realidad de los productores, tanto en la temática propia del evento, como en otros como la comercialización y mercadeo de su producción.

    “El Grupo Tierra tiene la certeza que este encuentro constituirá una instancia de reflexión y de discusión fraterna, de verificación de retos compartidos, elaboración de retos y acuerdos, y el establecimiento de contactos para la comunicación y la incidencia política en la gestión de la tierra y los recursos naturales”, subraya Celorio.

    DE LAS PALABRAS A LOS HECHOS

    Pero el futuro del sector agrícola también depende de otras acciones, incluyendo mayores inversiones, tanto del sector privado como público.

    El director general de la FAO, Jacques Diouf, en una intervención ante el Parlamento Europeo en Bruselas, a inicios de julio, recordó que la agricultura en los países en desarrollo ha estado en un “prolongado abandono”.

    Mencionó que el porcentaje destinado a la agricultura dentro de la ayuda oficial al desarrollo ha disminuido de un 17 por ciento en 1980, a tan sólo un tres por ciento en 2006.

    Entre tanto, la inversión en investigación agrícola en los países en desarrollo es inferior al 0.6 por ciento de su PIB, en comparación con valores superiores al cinco por ciento de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (Ocde).

    Willem Janssen, especialista agrícola principal del Departamento de Desarrollo Sostenible del Banco Mundial (BM), refuerza. Subraya que la inversión del sector público en la agricultura es baja, pese al aporte del sector al Producto Interno Bruto (PIB).

    En los países agrícolas como los de Centroamérica y de África Subsahariana, menciona el especialista, el aporte de la agricultura al PIB promedia el 29 por ciento, pero el gasto público destinado a la agricultura asciende a sólo el cuatro por ciento.

    “Las presiones impuestas por frecuentes crisis de alimentos también inclinan los presupuestos públicos y las prioridades de los donantes hacia la provisión directa de alimentos, antes que a inversiones que generen crecimiento y a la seguridad alimentaria producto del aumento de los ingresos”, destaca entre tanto el BM en su Informe sobre el Desarrollo Mundial 2008: Agricultura para el Desarrollo.

    HASTA 24 MIL MILLONES

    Es por ello que para la FAO “solamente se podrá aumentar la producción agrícola en los países en desarrollo mediante el incremento de la inversión pública y privada.

    “La FAO estima las necesidades de inversión pública en unos 24,000 millones de dólares anuales suplementarios. Esta cifra incluye mayores recursos para la gestión del agua, carreteras rurales, instalaciones de almacenamiento, así como investigación y extensión agraria”, sostiene Diouf.

    El apoyo a los agricultores de los países en desarrollo mediante el suministro de semillas y fertilizantes debería de ser una prioridad para aumentar la producción agrícola en los países más pobres.

    Excluyendo a China e India, la producción de cereales de los Países de Bajos Ingresos con Déficit de Alimentos (PBIDA) disminuyó en un 2.2 por ciento en 2007, en particular en África, y podría bajar más en 2008, ya que los agricultores pobres son incapaces de comprar insumos adecuados a unos precios en constante crecimiento.

    Diouf subraya que debería darse prioridad a equilibrar la balanza de pagos y los presupuestos de los países con déficit de alimentos.

    “A medio y largo plazo, deberíamos centrarnos en impulsar las inversiones en agricultura, tanto públicas como privadas, para mejorar las infraestructuras rurales y permitir que los pequeños agricultores se beneficien de las oportunidades que ofrece el mercado. En paralelo, se debe crear capacidad institucional para garantizar la sostenibilidad del desarrollo agrícola”, indica Diouf.

    Está por verse si se concretan todos los compromisos asumidos por la comunidad internacional y los gobiernos, que se reunieron en Roma, Italia, en la Conferencia de Alto Nivel sobre Seguridad Alimentaria Mundial, con el fin de hacer crecer el sector agrícola y fomentar el desarrollo rural, donde viven 3,000 millones, de los 5,500 millones de personas que habitan el planeta, es decir casi media humanidad.

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