Muchas cosas son seguras al hablar del operativo que ha dejado en ridículo a las FARC: que Álvaro Uribe es astuto, capaz y eficaz y que su estrategia de seguridad asistida por Washington funciona; que la guerrilla está en declive y en el peor momento de su historia; y que Daniel Ortega ha hecho una muy mala apuesta por un caballo perdedor, aunque aún puede poner sus barbas en remojo y rectificar. Chávez mismo parece querer enmendarse.
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EL GRAN GOLEADOR. No hay que ser un genio para verlo. El Presidente colombiano, uno de los políticos realmente serios en Latinoamérica, acaba de anotar un brillante gol político, de imagen y moral y, según pronostican los analistas del país sudamericano, se ha asegurado un tercer período presidencial. La semana pasada, su popularidad pasaba del 80 por ciento y si se llevara a cabo una encuesta hoy, superaría ese índice, dice su crítico Gustavo Petro, senador del Polo Democrático Alternativo, de la izquierda democrática.
“Es evidente que Uribe sale fortalecido con este triunfo”, admite el analista político León Valencia.
Una operación de este tipo, con el uso de comandos, del engaño y la infiltración al enemigo y sin disparar un tiro, no pudo haber sido realizada en corto tiempo. La versión oficial sostiene que se preparó durante un año. Es muy razonable creer que la orden de ejecutar el rescate de Ingrid Betancourt y 14 rehenes más se dio en el momento más propicio, de acuerdo a las informaciones de la inteligencia disponibles.
Pero es curioso que ocurrió cuando un nuevo escándalo político cuestionaba las bases de la legitimidad de la reforma constitucional que llevó a la reelección de Uribe, y cuando se desarrolló un nuevo conflicto entre el Presidente y la Corte Suprema de Justicia.
El gobernante sorteó los vientos de la “parapolítica” —las acusaciones de tener él y sus partidarios vínculos con los paramilitares—, un escándalo que tiene a decenas de ex congresistas presos, incluyendo a un primo de Uribe y amigos.
En su confrontación con los jueces, Uribe llamó a un referendo para la repetición de las elecciones de 2006. Con el apoyo del que goza, sin duda arrasaría y se ahorraría el trauma de forzar una nueva reforma que permitiría su tercer período, un hecho asociado al fantasma del autoritarismo.
Como sea, Uribe ha logrado demostrar a los colombianos que su política de seguridad democrática y su alianza con Estados Unidos es la opción correcta para el país. Porque las FARC se asemejan ahora a esos boxeadores que están contra las cuerdas, recibiendo cañonazos por todos lados, que están mareados, resisten pero están a punto de caerse.
DECLIVE, PERO … ¿ES EL FIN? Éste es el peor período de la guerrilla de 40 años, un verdadero remanente de las luchas de tipo guevarista y castrista de la Guerra Fría en Latinoamérica, pero que ha subsistido gracias a su reconversión en organización del crimen organizado y terrorista.
El Ejército aniquiló al “número dos” de la narcoguerrilla, “Raúl Reyes”, en un ataque a un campamento en Ecuador el 1 de marzo. Días después, el guardaespaldas del jefe “Iván Ríos” le cortó la cabeza y se entregó a los soldados para salvar su pellejo y cobrar una millonaria recompensa. Admitió entonces el desertor que la situación es muy mala, que están acorralados. Y la traición deja al desnudo una cosa: profunda desmoralización. El Ejército asegura que hay un proceso de deserción en masa en algunos frentes.
El disco duro de las computadoras de “Reyes” resultó ser una caja de Pandora. El contenido fue certificado por la Interpol. Sus datos delatan una red vasta de apoyo de los gobiernos de Venezuela, Ecuador, Nicaragua y de mucha gente a las FARC. Para la opinión pública regional, es claro que Hugo Chávez y sus aliados son funestos actores de la sangrienta tragedia colombiana.
Después, la guerrilla confirmó que su fundador, el anciano comandante “Tirofijo” murió en un cerco, supuestamente por un ataque cardíaco. “Alfonso Cano”, su reemplazo, no tiene la autoridad del anterior máximo líder.
Y ahora, un remate genial, digno de una estrella como Paul Pierce en el juego final de la NBA en el cual los Celtics humillaron a los Lakers. En una operación sin precedentes, les arrebatan de un modo humillante a Ingrid Betancourt y a los tres contratistas estadounidenses, sus ases más valiosos para una negociación de canje de rebeldes prisioneros por rehenes secuestrados. El 31 de diciembre, los narcoguerrilleros seguramente maldecirán el año 2008.
De acuerdo al analista y periodista Carlos Lozano, las FARC ya no podrán poner condiciones sine qua non, pero tampoco están derrotadas por completo. Siguen en el negocio del narcotráfico. Sin embargo, su fin se vislumbra en el horizonte.
CHÁVEZ BUSCA DISTENSIÓN. El otro gran perdedor es Chávez. Ya no podrá jugar al gran componedor y de intermediario indispensable en la liberación de Betancourt y de los rehenes, aumentando su estatura internacional. Sabemos que es el padrino de las FARC y que Venezuela es un santuario.
Haciendo buena cara al mal tiempo, llamó y felicitó a Uribe y acordó una cumbre bilateral para zanjar las diferencias. Ayer, reiteró su llamado a que la guerrilla deje las armas y entre a una negociación de paz. Evo Morales, su satélite boliviano, ya dijo que éstos no son los tiempos de luchas armadas.
El presidente Ortega debe tomar nota. Ya que se alinea irreflexiva y sumisamente a Caracas, ojalá que agarre la seña. Nicaragua no gana nada en apoyar a grupos terroristas, lo cual es contradictorio con las normas internacionales que obligan al país. Como lo ha demostrado en el pasado, el líder sandinista es un pragmático consumado. ¿Y qué sentido tiene, Señor Presidente, apostar por caballos perdedores?
Analista de temas internacionales.