Si no tenés poder para tumbar la cerca, mostrá al menos velocidad para hacer estragos dentro del parque.
Ese podría ser un mandamiento no escrito en el beisbol. Ocurre como en el boxeo, o tenés punch para definir, o técnica para pegar y esquivar. Pero siempre se requiere un factor que desequilibre, que establezca diferencia. Los términos medio no llegan largo.
Everth Cabrera no tiene potencia para conectar jonrones, pero su velocidad es escalofriante y se ha vuelto su mejor aliada en su proceso de evolución a través de las Ligas Menores con los Rockies de Colorado.
Nadie sabe hasta dónde llegará Cabrera, nandaimeño de 21 años y apenas 5.8 pies de estatura, que se ha hecho sentir con su entusiasmo, la velocidad de sus piernas y su habilidad para embasarse. Y este aspecto es clave. De lo contrario la velocidad serviría de poco.
Este pinolero está en su quinta temporada en Ligas Menores. Inició en el 2004 y tras un tímido .200 en la República Dominicana se elevó a .309 al año siguiente, cuando también mostró la mejor de sus herramientas: la velocidad, que le permitió robar 43 bases.
Saltó a Estados Unidos en el 2006 y después de un poco atractivo .254, mejoró a .297 el año pasado, cuando incluso hizo una breve incursión en Clase A fuerte con los Nuts de Modesto, en la Liga de California.
Este año ha jugado en Clase A media, y ha sido tan consistente que fue al Juego de Estrellas. Su promedio está en .299, con 51 robos, la cifra más alta en todo el sistema de Ligas Menores.
Cuando no se puede dar jonrones, al menos hay que correr fuerte, y Cabrera no corre, vuela. Tanto así, que ha impuesto récord para un nica en el beisbol rentado. Duncan Campbell en 1958 con el San Angelo de Pittsburgh había establecido registro de 48 estafas. Ahora Cabrera tiene 51 y da la impresión que no hay forma de pararlo. Su destino son las Mayores. Ya veremos si lo consigue.