“Si su energía y su entusiasmo juvenil se orientan hacia las cosas de Dios, las únicas que pueden satisfacer los anhelos más profundos, cada vez más jóvenes se sentirán estimulados a entregar su vida a Cristo”
(Benedicto XVI)
“Padre, yo soy protestante, pero quiero ser católica”, confesó una joven al párroco de una iglesia en Estados Unidos. El sacerdote intrigado, le preguntó: “¿Y por qué si eres protestante quieres ser católica?” Y la muchacha le respondió: “Es que tengo una amiga católica y quiero ser como ella”.
Con una frecuencia que sólo el mismo Señor conoce, Dios salva al joven a través del joven. El testimonio de un joven impacta más a otro joven que el de una persona de edad madura o anciana. Ver rezar el rosario a la abuelita no llama la atención al nieto, lo mira algo tan natural como que el cabello de ésta esté poblado de canas. Pero cuando el joven o la joven orienta su energía y entusiasmo hacia Dios y sus cosas, arrastra con la fuerza de su ejemplo a otros muchachos de ambos sexos, pues éstos descubren que no es precisamente el supuesto miedo ante la cercanía de la muerte lo que lleva a entregar la vida a Cristo, sino su amor, el ser Él el único capaz de satisfacer los anhelos más profundos del hombre, sobre todo de la juventud, cuyo corazón se caracteriza por querer encontrar respuesta a todo.
El joven Francisco Javier, fuertemente estimulado por la vida de dos jóvenes tocayos suyos, decidió: “Existen dos Franciscos canonizados: (San Francisco de Asís y San Francisco de Sales)… El tercero voy a ser yo”. Y lo fue. ¡También su sagrada imagen hoy adorna nuestros altares!
La juventud es una energía que sería deplorable desperdiciar en el vicio de la droga, la prostitución, el licor u otras formas de irresponsabilidad… La juventud es la etapa de las grandes posibilidades y la puerta abierta a las grandes realizaciones, no sólo el momento de soñar, sino también de actuar.
Joven, pregúntate con sinceridad qué quiere Dios de ti. Y recuerda que sólo el joven que aprovecha el vigor de su edad para dar lo mejor de sí mismo a una causa noble a favor de sus hermanos, es digno de ser considerado esperanza de la Iglesia y de la Patria.