Desde una hora antes del juego, los croatas ocupaban tres cuartas partes de las 51 mil localidades del estadio Ernst Happel. (LA PRENSA/AFP)

Desbordados

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“T rkiye, T rkiye”, coreaban los hinchas frente a las cámaras de una televisión turca, llegada a Viena para cubrir el gran evento.

Sólo en Ottakring, dividido precisamente en una zona turca y otra croata, viven unos 10,000 turcos y croatas, en una relación armónica y sin problemas.

Aunque la Policía confía en que el partido de hoy no afectará a la convivencia, las autoridades locales se han preparado para garantizar que la fiesta deportiva transcurra sin incidentes.

A una hora del comienzo del partido, las inmediaciones del estadio Ernst Happel estaban claramente dominadas por los aficionados croatas, muchos de ellos llegados en coche desde su país de origen, que se encuentra a sólo cinco horas de la capital austríaca.

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VIENA/EFE

4,600 polícias austríacos, llegados desde Viena, vigilaron para evitar líos, apoyados por 25 efectivos croatas y ocho turcos. Fanáticos croatas llegaron en mayor cantidad.

Viena dejó ayer de ser una ciudad austríaca para convertirse por unas horas en una “colonia” ocupada por aficionados turcos y croatas, antes del encuentro de cuartos de final entre las dos selecciones.

Miles de aficionados de ambos países siguieron en esta capital un encuentro que mide las fuerzas de dos selecciones, que gozan de una amplia comunidad de compatriotas en Viena.

Cinco hinchas croatas fueron detenidos horas antes del pitido inicial del partido, informó la policía local, con tres de los arrestados por agresiones.

Entre 40,000 y 50,000 aficionados turcos, muchos llegados desde Alemania, apoyaron al capitán turco Nihat Kahveci y a sus compañeros, mientras que los liderados por Niko Kovac tendrán también el apoyo de decenas de miles de compatriotas.

Pocas horas antes del comienzo del partido, unos 10,000 aficionados croatas, según fuentes policiales, se concentraban ya en la plaza de San Esteban.

Aquí, frente a la Catedral Metropolitana, una marea de banderas ajedrezadas en color rojo y blanco se extendía por las principales calles comerciales del centro vienés, en un ambiente eufórico y en general pacífico, sólo ensombrecido por algún incidente aislado, como el lanzamiento de botellas.

Mientras un grupo de bellas hinchas croatas se fotografiaba con los agentes antidisturbios desplegados en la plaza, las terrazas de los bares estaban repletas de aficionados combatiendo con cerveza los 28 grados de temperatura que marcaban los termómetros en la ciudad del Danubio.

Cerca, sin inmutarse por su inferioridad numérica, un reducido grupo de seguidores turcos exhibía orgulloso su Bandera nacional.

Mientras el casco histórico estaba en manos croatas, el barrio de Ottakring mostraba escenas que explican por qué es conocido como la “pequeña Estambul” de Viena.

En el exótico mercado de Brunnenmarkt, casi cada puesto de frutas o verduras exhibía un emblema turco y la música folclórica del país euroasiático se escapaba a la calle desde los cafés y restaurantes de la zona.

Al tiempo que la lonja cesaba su actividad, grupos de jóvenes y niños de origen turco iban concentrándose en las plazas del barrio, ante la atenta mirada de patrullas policiales.

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