Cómo activar el poder de Dios en nosotros

“Con Dios como respaldo podéis actuar con valor, porque es Él, el que nos asegura: Quiero daros un futuro y una esperanza” (Ger. 29, 11) (Benedicto XVI) “Los cristianos son magníficas personas, son muy buenos, pero les falta tener más valor”, fue el comentario de un funcionario empresarial, luego que un amigo mío, laico muy […]

“Con Dios como respaldo podéis actuar con valor, porque es Él, el que nos asegura: Quiero daros un futuro y una esperanza” (Ger. 29, 11)

(Benedicto XVI)

“Los cristianos son magníficas personas, son muy buenos, pero les falta tener más valor”, fue el comentario de un funcionario empresarial, luego que un amigo mío, laico muy virtuoso y comprometido, se negara aceptar un empleo por falta de confianza en sí mismo. Una vez, palmeando a mi querido amigo, le dije: “¡Tú eres una magnífica persona, eres maravilloso!” Él me respondió: “Todo mundo cree eso de mí, menos yo mismo”.

No conviene generalizar, pero ciertamente, en muchos hombres y mujeres cristianos, gente fervorosa y de intachable conducta, falta seguridad en sí mismos, la fortaleza suficiente para enfrentar las situaciones difíciles de la vida, en el fondo, mayor autoestima y más confianza en Dios, entendida dicha confianza como la convicción profunda de que Él está con nosotros y que en su Nombre y con su respaldo podemos actuar con valor.

La confianza en sí mismo es la seguridad de poseer la capacidad correspondiente para actuar con valor frente a la vida, al cumplimiento del deber o a nuestra misión particular, familiar y social, según los propios dones recibidos de Dios.

El valor del creyente proviene no de creerse un superhombre, o de apoyarse en su propia fuerza, sino de irse convirtiendo en un abandonado en las manos amorosas de Dios. No es humilde el que niega sus propias cualidades, sino el que las atribuye y agradece al Señor tomándolas como regalos divinos. Tanto el pescador incrédulo como el pescador cristiano echan las redes al mar; la diferencia radica en que este último lo hace en nombre de Jesús.

La Virgen María, con su “Sí” activó su fe: “Yo soy la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”. San Pedro, al echar sus redes al mar en nombre de Cristo y al morir por Él. San Pablo, al afrontar persecuciones y calamidades, fundado en la confianza en Jesús: “¡Todo lo puedo en Aquél que me conforta!” Santo Tomás Moro, quien se declaraba por naturaleza “cobarde”, pero murió en la guillotina por defender la Primacía del Papa… Tantos santos y mártires que, aún considerándose débiles en sí mismos, se mostraron fuertes en Dios. Y nosotros… ¿qué?

Religión y Fe

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