¿Qué hacer para mantenerse siempre joven?

“La bondad y la generosidad mantienen la verdadera juventud en los corazones, a pesar de los años que pasan velozmente. Si un joven descubre los verdaderos y grandes valores nunca envejece; (pero para eso es necesario) no seguir las modas que se queman en un instante, en una carrera frenética y aturdida”. (Benedicto XVI) Si […]

“La bondad y la generosidad mantienen la verdadera juventud en los corazones, a pesar de los años que pasan velozmente. Si un joven descubre los verdaderos y grandes valores nunca envejece; (pero para eso es necesario) no seguir las modas que se queman en un instante, en una carrera frenética y aturdida”.

(Benedicto XVI)

Si un santo triste es un triste santo, un joven existencialmente triste o desalentado, es un joven viejo.

En vida de Juan Pablo II el Magno, un joven me aseguró: “Yo me inspiro en el Papa para conducirme en la vida y eso me ha ayudado mucho”. Y ¿Por qué no, si el Papa Juan Pablo era un Evangelio viviente? La juventud espiritual es más importante que la juventud cronológica.

Hace unos días encontré a un niño monaguillo de mi parroquia, quien, al verme pasar dificultades, se apresuró a socorrerme. En agradecimiento quise premiar su generosidad obsequiándole algún dinero, pero, a pesar de mi insistencia, fue imposible que lo aceptara. Cuando circunstancialmente encontré a su madre le conté el caso y ella me respondió: “Es que yo le he enseñado a socorrer al necesitado sin esperar recompensa”. Me impresionó fuertemente, pues se trata de una familia sumamente pobre. Jesús oró una vez: “Gracias, Padre, porque has revelado estas cosas a la gente sencilla”… De eso me acordé y ésa fue mi oración.

El secreto para permanecer siempre joven radica en amar, en salir de sí mismo, en servir y ser generoso. “¿Por qué eres tan bella?”, preguntó a la Virgen una de las videntes de Medjugorje. María le respondió: “Porque amo mucho… Si tú quieres ser bella ama mucho también”. Y, en efecto, ¿qué mejor rejuvenecedor que el amor?

Vivimos hoy la cultura del cuerpo. Hombres y mujeres nos preocupamos mucho más que antes de la apariencia física, de hacer ejercicio, evitar las arrugas, prever y retener la vejez. Hay arrugas morales y espirituales que afean el alma y repercuten negativamente en nuestros rostros: las arrugas del odio, la envidia, la división, el resentimiento relamido como un caramelo, las arrugas del egoísmo, del negativismo sistemático.

Ser joven o ser viejo es un estado mental, moral, espiritual, de fe. El amor a Dios previene la vejez y vence la muerte. El que ama no envejece, siempre es interiormente joven. Y aunque muera… ¡vivirá!

Religión y Fe

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