La víspera de las elecciones presidenciales, en Beirut reinaba el sábado un ambiente festivo ante la creencia de que el país ha evitado una guerra civil, por lo que muchos cafés de la capital libanesa abrieron nuevamente sus terrazas por primera vez en año y medio.
El centro de la capital, símbolo del renacimiento de Beirut tras ser reconstruido al concluir los 15 años de guerra civil en 1990, quedó transformado en una zona desierta en los últimos 17 meses a instancias de la organización islamista Jezbolá.
Miles de libaneses y turistas extranjeros evitaron frecuentar la zona, con la consiguiente cancelación de centenares de millones de dólares en nuevos proyectos.
Empero, el viernes fue como si el atascamiento político, que la semana pasada degeneró en un baño de sangre, nunca hubiera ocurrido, y en el aire quedó prendido el aroma de la cocina libanesa y los efluvios fragantes de las pipas de agua.
Los restaurantes y terrazas de los cafés estaban una vez más congestionados y la gente acudió a celebrar el renacer del centro capitalino.
“Es el milagro libanés”, dijo Elie Karam, a sus 70 años, propietario de un hospital cristiano, mientras tomaba un refresco de fresa con un general del ejército retirado.
En torno a ellos, familias enteras paseaban por las elegantes avenidas jalonadas por la reconstruida arquitectura del mandato colonial francés de la década de 1920. “El Líbano es como el Ave Fénix, que siempre resucita de las cenizas de la guerra”, agregó.
El gobierno respaldado por Occidente, y la oposición acordaron formar un Gobierno de Unidad Nacional y el domingo el parlamento elegirá un nuevo Presidente.