Millares de fieles acompañaron al Papa durante la procesión del Santísimo, como parte de las celebraciones del Corpus Christi en la Basílica de San Juan de Letrán. (LA PRENSA/AP)

Papa: el hombre debe discernir

Dijo que la cristiandad “es la revolución más profunda que haya tenido lahistoria humana” ROMA/EFE Benedicto XVI ofició este jueves en la basílica romana de San Juan de Letrán la misa de la festividad del Corpus Christi, en la que dijo que la “revolución cristiana” es “la más profunda” de la historia humana y que […]

  • Dijo que la cristiandad “es la revolución más profunda que haya tenido lahistoria humana”

ROMA/EFE

Benedicto XVI ofició este jueves en la basílica romana de San Juan de Letrán la misa de la festividad del Corpus Christi, en la que dijo que la “revolución cristiana” es “la más profunda” de la historia humana y que el progreso sin discernimiento “lleva al hombre al precipicio”.

El Papa, en una homilía en la que ante varios miles de fieles explicó el significado de esta solemnidad, manifestó que la Eucaristía es el sacramento del Dios que no abandona al hombre en el camino, sino que se pone a su lado y le indica la dirección.

“No basta ir hacia adelante, es necesario ver hacia dónde se va. No basta el progreso si no existen puntos de referencia. Si se corre fuera de la carretera, se puede caer en un precipicio o alejarse más rápidamente de la meta. Dios nos ha creado libres pero no nos ha dejado solos”, afirmó el Obispo de Roma.

LIBERTAD CON CRITERIO

El Papa agregó que Dios acompaña siempre al hombre “para que nuestra libertad tenga criterio para discernir el camino justo y recorrerlo”.

Esta celebración —resaltó— se realiza en tres etapas: la primera, la misa, la reunión de todos los fieles alrededor del Altar; la segunda, la procesión del Santísimo, es decir caminar con Dios, y la tercera, arrodillarse ante el Santísimo, la adoración.

Sobre la primera etapa recordó las palabras del apóstol Pablo: “No hay judíos ni griegos, ni esclavos ni libres, ni hombres ni mujeres, ya que todos sois uno en Cristo”, tras lo que agregó que en esas palabras “se siente la verdad y la fuerza de la revolución cristiana, la revolución más profunda de la historia humana”.

Benedicto XVI subrayó que la Eucaristía “jamás puede ser una cosa privada”, porque es “un culto público, que no tiene nada de esotérico, de exclusivo”.

Respecto a la procesión, el Papa dijo que significa hacer el camino con Cristo, con la fuerza que da, y sobre la adoración, afirmó que quien se arrodilla ante Jesús “no puede y no debe postrarse ante ningún poder terrenal, por muy fuerte que sea”.

“Los cristianos sólo nos arrodillamos ante Cristo, que no nos juzga y no nos aplasta, sino que nos libera y nos transforma”, concluyó el Papa.

Benedicto XVI dio la comunión a un grupo de fieles, sin entregarla en la mano, sino dándosela directamente en la boca y arrodillados.

CELEBRACIÓN CENTENARIA

La festividad del Corpus Christi fue instituida por el Papa Urbano IV en 1264, debido al llamado “milagro de Bolsena”.

En 1263 un sacerdote bohemio se dirigía hacia Roma cuando se detuvo en la cercana localidad de Bolsena para oficiar misa.

El cura dudaba de la presencia real de Cristo en la Eucaristía y pidió a Dios una “señal”.

De manera imprevista, según la tradición católica, algunas gotas de sangre salieron de la hostia consagrada, cayendo sobre el corporal (el lienzo que se extiende en el altar, encima del ara, para poner sobre él la hostia y el cáliz). La tela se guarda en la Catedral de Orvieto (centro de Italia).

Tras la misa, el Pontífice presidió por las calles del centro de Roma la procesión del Santísimo, que concluyó en la basílica de Santa María La Mayor, una de las cuatro grandes basílicas de Roma junto a San Pedro del Vaticano, San Juan de Letrán y San Pablo Extramuros.

Varias decenas de miles de personas acompañaron al Papa, que cubrió el trayecto de varios kilómetros en un vehículo abierto, arrodillado y detrás de la Custodia.

TRADICIÓN HISPANA

Le precedían grupos de jóvenes “scouts”, las agrupaciones de cofradías, grupos de neocatecumenales, los Caballeros del Santo Sepulcro, religiosos, religiosas, seminaristas, sacerdotes, obispos y cardenales.

Una vez en Santa María La Mayor, el Papa se arrodilló, rezó e impartió la bendición.

Ese templo, que data del papado de Sixto III (432-440), está muy ligado a España y por una bula del Papa Inocencio X todos los reyes de España son protocanónigos de la Basílica.

El emperador Carlos V donó al Papa Alejandro VI el primer oro procedente de América, con el que se doró el artesonado de Santa María La Mayor.

Posteriormente, en tiempos del rey Felipe IV y en virtud de la Bula “Hispaniarum Fidelitas”, se instauró que cada año España entregase el óbolo (donativo) a la basílica y se celebrasen solemnes celebraciones eucarísticas. La liturgia fue seguida por millones de fieles a través de la televisión.

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