Cuando el formidable artillero de los Yanquis, Mickey Mantle, logró el más alto salario de su carrera —100 mil dólares— en 1963, había completado ocho campañas con más de 30 jonrones, dos de ellas sobre 50. Había ganado una Triple Corona y tres títulos de Más Valioso.
Evan Longoria, de Tampa, no ha tenido que hacer mucho para asegurar su futuro. De hecho firmó contrato de seis años por 17.5 millones de dólares el 18 de abril, antes de llegar a 10 juegos en Grandes Ligas.
Longoria está bien calificado y tuvo un veloz ascenso por las Menores, tras ser escogido por Tampa en el 2006. En el 2007 bateó .299, con 26 jonrones y 95 remolques, antes de hacer su debut este año.
Eso no es necesariamente bueno como para ganar semejante salario. Pero los tiempos han cambiado y el beisbol se ha convertido en una próspera industria que puede pagar tanto.
¿Es un buen contrato el de Longoria? El riesgo no se puede evitar, pero Tampa se libera de preocupaciones sobre un jugador que tiene todas las herramientas para llegar a impactar.
Lo mismo han hecho los Marlins con el sensacional torpedero Hanley Ramírez, el mejor pelotero de las Ligas Mayores, después de Alex Rodríguez. Florida lo ha firmado por 70 millones en seis años, enviando un interesante mensaje a sus aficionados que sólo miraban surgir las estrellas, para verlas partir cuando su brillo se tornaba más intenso.
Tampa también ha pactado con Scott Kazmir, de 24 años, por tres campañas y 28 millones, igual que con James Schields, por cuatro años y 11.75 millones, en tanto Milwaukee amarró ayer a Ryan Braun por ocho años y 45 millones.
Aunque en beisbol nada es seguro, estos tipos tienen aristas de superestrellas y los equipos han decidido correr el riesgo. Además, como dice un amigo en los Yanquis, “es mejor que fallen aquí, a que vayan a tener éxito en otro lado”.
Vamos a ver qué sucede.