- Cartas al Director
Corazón
“La gente se arregla todos los días el cabello. ¿Por qué no el corazón?”
Crisis
Para los economistas no hay fórmulas mágicas, ni bolitas de cristal que ayuden a resolver la crisis que se le viene encima al mundo y en especial a Nicaragua. Este Gobierno habla a favor y en nombre del pueblo, pero no está dando alternativas para enfrentar la crisis . El gobierno anterior dejó condiciones favorables para que el actual Gobierno pudiera sacar adelante al país, y tenía que ejecutarlos con algunas variantes, pero muy al contrario sus actuaciones y actitudes han dejado mucho que desear.
Este Gobierno no tiene visión de futuro ni funcionarios preparados, sino políticos que no saben manejar la economía en tiempos de crisis. Es un Gobierno de incertidumbres y desaciertos, el cual lo que ofrece es cambiar el sistema económico a uno estatizante, centralizado, donde no hay garantías ni seguridad jurídica para la inversión privada, extranjera y nacional.
Hay que fijarse en la situación de Argentina, Bolivia y Venezuela, donde poco a poco se están creando condiciones para un estallido social porque la gente ya no aguanta tantos disparates que se le ocurren a cada gobierno que llega, principalmente los llamados socialistas del siglo XXI. Por esa lentitud se pierde tiempo para evitar esas crisis.
Alejandro García
Negocio del petróleo
Desde que llegó al poder por el pacto, Daniel Ortega, se ha dado a la tarea de proponer soluciones a una cantidad de problemas de nivel internacional —“cero” solución a los problemas nacionales—, insistiendo en un comportamiento con pretensión mesiánica o de elegido supremo de los Orisha. Mientras insiste en un papel que no le va —zapatero tu zapato—, por su inadecuada percepción de la realidad combinada con una falta de realismo en sus propuestas, al pueblo que dice representar le receta la gasolina más cara de Centroamérica. Y digo le receta, ya que él es el “magnate del petróleo en Nicaragua”, dado que su socio, el dictador venezolano Hugo Chávez, le suministra dicho producto con condiciones de pago muy favorables, produciendo para Ortega y sus allegados ganancias astronómicas y vergonzosas en la par de la realidad nacional —capitalistas salvajes— que son manejadas a su gusto y antojo.
Ahora, nos damos cuenta que la deuda contraída con su socio venezolano, la irá pagando —con el hambre del pueblo— para rescatar la fracasada economía del nuevo socialismo venezolano, como lo hicieron en los años ochenta: Ayer, armas por comida; hoy, comida por petróleo y una vez más pasándole la cuenta descaradamente al pueblo honrado y trabajador, provocando crisis en el abastecimiento de los alimentos básicos. Es una crisis que no debería existir, si el flamante empresario y sus petrodólares fueran utilizados para cancelar con las ganancias de la venta del petróleo la deuda adquirida y subsidiar la canasta de alimentos básicos del nicaragüense, si es que le interesan los pobres de Nicaragua como jura y perjura en cada discurso. Sin olvidar, el negocios de los frijoles, por los cuales los nicaragüenses pagan el doble del precio por libra del que pretende vender a los salvadoreños. En otras palabras, lo único que ha demostrado Ortega es que detrás de su retórica populista y recalcitrante existe un negociante salvaje, que se enriquece mientras aumenta la pobreza de los nicaragüenses y cuya única agenda de trabajo es y será: agrandar su capital.
Chepeleón Argüello U.
Exportación de granos
El Gobierno no puede exportar lo que no produce ni le pertenece. Son los productores los que tienen el justo derecho de exportar los granos que cultivan y venderlos al mejor postor. Como el presidente Ortega mismo dijo: “Zapatero, a tus zapatos”. Que gobierne pero que no intervenga en lo que no le compete y deje que cada productor exporte sus productos.
Róger Avilés
Transporte en crisis
No hay que sofocar por la fuerza una crisis como la del paro del transporte. Es mucho mejor buscar cómo solucionar el problema en armonía con la instancia competente. Los transportistas deberían ser conscientes de que con el paro quebrantan la economía del país. Deben recordar que anteriormente se les subsidió. ¿Por qué la confrontación tiene que ser la solución para ellos? Pido a Rafael Quinto, como dirigente de ese gremio, que no inste al desorden, que mejor unifique esfuerzos con el propósito de buscar soluciones al conflicto en armonía con el Gobierno. ¿Quién pagará los daños y perjuicios al pueblo y a la economía del país por el paro del transporte? ¿Es que se les hace difícil hablar con Daniel Ortega y buscar una media de la que todos salgamos favorecidos? El pueblo y el Gobierno quieren que sean conscientes. Que el paro del transporte no paralice la economía del país, porque la van a dejar hecha añicos. No pueden continuar siendo generadores de crisis tras crisis y fomentar descontento, es mejor la tolerancia y convenir. No se crean los dioses, de cualquier daño ellos son los únicos responsables. Parece que no tuvieran conciencia y que solamente les interesa incrementar sus capitales, olvidándose d el pueblo al que ellos mismos pertenecen.
Ante esta eventualidad el Gobierno está facultado para sacar unidades vehiculares a fin de trasladar al pueblo trabajador a sus centros de trabajo y por supuesto cobrar. Si los transportistas en paro destruyen una unidad, la empresa a la cual pertenecen tendrá que pagar los daños y perjuicios. No están exentos. Por otro lado, pienso que el pueblo de Nicaragua debe estar alarmado porque los productos de consumo —frijol, arroz, maíz, huevos, pan, etc.— han subido exuberantemente de precio.
Pero no solamente los nicaragüenses somos víctimas del alza de precios, la inflación y la recesión económica. En todo el mundo se está dando. La culpa la tienen las transnacionales vendedoras del petróleo y sus derivados; la guerra, bélica y económica, que ha impuesto el Gobierno de los Estados Unidos a los países arábigos y al mundo, y la política de desgaste de algunos adversarios políticos al argumentar que el Gobierno de turno es el culpable. Ahora recae en Daniel Ortega Saavedra porque es el de turno, si estuviese otro sería ese otro.
Bayardo Quinto Núñez
Afición a lo oscuro
Antes de que una planta termoeléctrica entre en operación comercial deben realizarse una serie de pruebas y ajustes técnicos. Pero éstos ni siquiera se han iniciado, porque hay un desfasamiento entre lo programado y lo realmente avanzado. El presidente Ortega Saavedra, el Ministro de Energía y Minas y el presidente ejecutivo de Enel no saben absolutamente nada de operaciones de plantas termoeléctricas, por cuanto nunca han trabajado en ellas. Las plantas Hyundai en el mejor de los casos funcionarán a carga moderada hasta el próximo mes de junio.
Este es el resultado de la demagogia triunfalista y de la falacia de la promesa “cero apagones”. Se confirma que a los sandinistas les encanta trabajar en la oscuridad, para ocultar sus fracasos.
Guillermo Pérez Salcedo
Apagones
Los apagones serán una constante du-
rante el gobierno de Ortega Saavedra, porque constituyen parte de una estrategia puesta en marcha por el FSLN para apoderarse de todo lo relacionado con la generación, transmisión y distribución de la energía eléctrica, ya que constituye un negocio de alta rentabilidad. La culpa de todo se la endosarán a los empresarios privados, acusándolos de incapaces e irresponsables, por lo que es necesario concesionar las instalaciones eléctricas a nuevos “operadores” o nacionalizarlas, ya que los intereses del Estado y los del FSLN están coludidos.
El déficit de generación es de carácter estructural y mientras no cambien la matriz respectiva se usará para acentuar la dependencia de Nicaragua de Venezuela. Hay también un trasfondo político.
Felipe Blandón Lorío
Radicalización de la revolución
Acerca del Editorial de este lunes sobre “La radicalización de la revolución”, me pregunto: ¿Cuándo fue que Daniel Ortega en su campaña presidencial dijo que si salía electo su gobierno iba a ser una continuación de la revolución de los años ochenta?
Ortega se cuidó muy bien de decir eso, porque si lo hubiera dicho muchos miles de nicaragüenses no hubieran votado por él y ahora no sería el conflictivo presidente que es. Él sabe muy bien que el pueblo no quiere más revolución, suficiente tuvo con la noche oscura para volver a lo mismo.
Róger Sánchez