- El Partido Comunista Chino echó un jarro de agua fría sobre la esperanza de diálogo al reiterar sus ataques contra el líder religioso
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China reiteró ayer sus ataques contra el Dalai Lama, acusándolo de desestabilizar el Tíbet, al día siguiente de mostrar su disposición al diálogo, una propuesta bien acogida por el líder tibetano en el exilio, que no obstante pidió conversaciones “serias”.
La agencia oficial China Nueva anunció el viernes que responsables gubernamentales se reunirían “en los próximos días” con un enviado del líder espiritual tibetano. Un día después, el Dalai Lama saludó la oferta china de dialogar para resolver la situación de Tíbet y dijo que quería “conversaciones serias” con Pekín.
“No he recibido ninguna información detallada (sobre las conversaciones) pero básicamente, hablar es bueno”, afirmó el Dalai Lama a su regreso a Dharamsala, en el norte de India, tras una visita de dos semanas a Estados Unidos.
El sorpresivo anuncio fue alabado por Estados Unidos y las capitales occidentales ante la esperanza de una solución para la situación en Tíbet, a menos de cuatro meses de los Juegos Olímpicos que se inaugurarán el 8 de agosto en Pekín.
“VIOLA ENSEÑANZA BUDISTA”
Sin embargo, ayer el Diario del Pueblo, órgano oficial del Partido Comunista Chino (PCC), echó un jarro de agua fría sobre esa esperanza.
“La camarilla del Dalai Lama ha usado todos los medios posibles para socavar la estabilidad y el desarrollo del Tíbet”, señaló el periódico en un artículo titulado “Sus acciones violaron seriamente las enseñanzas budistas”.
El Diario del Pueblo también acusó al Dalai Lama y a sus seguidores de propagar el “falso rumor” de que China oprime al budismo tibetano y de conspirar para poner a la opinión pública en contra de China.
LLAmA a MANTENER LA PAZ
El Nobel de la Paz insistió en su llamamiento a sus seguidores tibetanos para que empleen medios pacíficos para conseguir sus fines mientras China sea el centro de atención mundial durante los Juegos Olímpicos.
El Dalai Lama señaló propugnar “una religión de bondad común para todos los hombres” que se extienda a “todos los miembros de la familia de los seres humanos”.
Siempre con su túnica marrón, este hombre de 72 años, de sonrisa contagiosa, se ha convertido en un guía para los más de seis millones de tibetanos, ya sean exiliados o en su propio país, y un buen camarada para políticos, monarcas y famosos de todo el mundo.
Dejó el Tíbet en 1959 tras el fracaso de un levantamiento tibetano contra el régimen chino y se instaló en el norte de India, en Dharamsala, en un santuario cedido por el gobierno indio, creando un gobierno en el exilio. Desde entonces, empezó una campaña para volver al Tíbet, que se convirtió poco a poco en un reclamo a las autoridades chinas para conseguir autonomía para el pueblo tibetano.
CONVERSACIONES CON CHINA
Por su parte, el viernes, el primer ministro del Tíbet en el exilio, Samdhong Rinpoche, reconoció haber mantenido contactos con China.
“Mantuvimos contactos con las autoridades chinas, no sólo para expresarles nuestra preocupación por las medidas de represión (…), sino para darles algunas sugerencias para resolver la crisis”, añadió en un comunicado.
El gobierno chino y los representantes del Dalai Lama reanudaron una moribunda ronda de conversaciones secretas a finales de 2002, rota tras el último encuentro conocido, entre junio y julio de 2007.
China se vio muy presionada internacionalmente en las últimas semanas para abrir el diálogo con el Dalai Lama desde las revueltas de marzo en Lhasa, la capital del Tíbet, que se propagaron por otras regiones chinas pobladas por tibetanos.
Según el gobierno tibetano en el exilio, la represión china causó al menos 150 muertos. La versión oficial de Pekín reconoció 20 muertos (18 civiles tibetanos y dos policías chinos) y los medios chinos siempre han culpado al Dalai Lama de haber orquestado los disturbios.