Durante cuarenta días Jesús resucitado instruyó a sus discípulos para que pudieran recordar lo enseñado y junto a María, la madre del Señor, con confianza esperaron el don del Cielo.
Son varias semanas que meditamos antes de llegar a la celebración de Pentecostés.
Primera semana: Los testigos del Resucitado.
Segunda semana: Nacer de nuevo.
Tercera semana: El pan vivo.
Cuarta semana: Cristo, luz del mundo.
Quinta semana: Permanecer en el amor.
Sexta semana: La obra del Espíritu.
Séptima semana: Gloria de Jesús.
Primera semana: Los testigos del Resucitado. Al inicio no pueden reconocerlo, pero cuando se caen las vendas reconocen que Jesucristo no se quedó en la tumba, sino que resucitó.
Segunda semana: Nacer de nuevo. Nicodemo reconoce a Jesús como Señor, lo visita de noche, a Él, que es la luz del mundo, y experimenta que es necesario nacer del agua y del Espíritu de Dios.
Tercera semana: El pan vivo. Este discurso del pan vivo tiene dos momentos. El primero se refiere a la persona de Jesús, ante quien debemos tener una actitud de fe: Yo Soy el Pan de Vida, el que viene a Mí no tendrá hambre, el que cree en Mí no tendrá sed. El segundo momento representa a la Eucaristía, cuando manifiesta el Señor: El pan que yo daré es mi cuerpo para la vida eterna y Yo lo resucitaré en el último día.
El Evangelio de hoy (Juan 10, 1-20) nos habla de El Buen Pastor. ¿Cómo reconocerlo?, pues es muy diferente del depredador de las ovejas. Esta bella imagen bíblica Jesús la utiliza para mostrarnos su cuidado y amor.
Jesús se compara con la puerta del redil y establece que solamente son buenos pastores quienes pasan por la entrada y no quienes tratan de entrar por un sitio diverso.
Con esta representación, Jesús manifiesta la necesidad que tenemos los pastores de la Iglesia (obispos, presbíteros, diáconos, laicos, todos los bautizados y responsables de comunidades) de tener una vinculación directa con Jesús, que sea limpia y auténtica, para merecer tal misión.
Grave y delicada responsabilidad para los líderes de la Iglesia, porque cuando Jesucristo no es el criterio, la luz, la motivación del cuidado pastoral, entonces nos convertimos en engañadores y saqueadores de las ovejas. Ese es el falso pastor, un auténtico vividor, bandido que no se apiadará jamás de ellas, sino que de forma tramposa e ilícita las trasquilará sin importarle la suerte que puedan correr.
Cuando un líder de una comunidad quiere hacer las cosas mal, siempre andará buscando un portillo por donde colarse y de esa manera destruir el redil.
Jesús en el diálogo con Nicodemo decía que los hijos de la luz buscan hacer las cosas a la luz del día, y que los hijos de la noche pretenden hacer todo a escondidas. Los verdaderos pastores, hijos de la luz, pastorean de forma límpida, conocen a sus ovejas y las ovejas reconocen su voz.
Esta imagen de El Buen Pastor y del falso pastor se puede aplicar a nuestra sociedad y a nuestro país. Pensemos y cuestionémonos, cuántas veces los líderes, lejos de ser auténticos servidores de las personas, transparentes en su gestión, se convierten en verdaderos traidores, tira la piedra y esconde la mano y abusivos sin escrúpulos.
Ay de aquellos que buscan manipular al pueblo de Dios con perversas estrategias. Dios se apiade de ellos, ahora que se puede tener una transformación. Ya después no habrá tiempo en lugar del rechinar de dientes.