- Sin disparos innecesarios, un sobrio drama de gánsteres
Se la vio complicada el director Ridley Scott. Enfrentar el reto de estructurar una nueva biografía sobre el auge y caída de un mafioso. Esta premisa ha regalado algunos de los principales clásicos en la historia del cine. Desde Enemigo Público (1939) pasando por el Padrino I y II, Buenos Muchachos, Scarface, hasta culminar en Los Infiltrados (2006). Muchas injustas omisiones estoy cometiendo por asuntos de espacio.
Desde mi perspectiva, Gánster Americano no reúne los elementos de impacto necesarios para ser parte del Salón de la Fama de la Mafia en el Cine, pero tiene todos los méritos necesarios para alcanzar al menos en la lista de candidatos elegibles.
Esta no es sólo la historia de Frank Lucas (Denzel Washington), el guardaespaldas afroamericano de un criminal que revolucionó el negocio de la venta de heroína aprovechando los estragos sociales en Estados Unidos provocados por la Guerra en Vietnam. Paralelamente también asistimos a las vivencias del policía Richie Roberts (Rusell Crowe). Lucas y Roberts comparten sin saberlo un riguroso código ético que los distingue de sus colegas (mafiosos y policías) convirtiéndolos en figuras únicas y solitarias en distintas aceras de la ley. El clímax de la cinta los reúne por primera vez en esta historia, y tan sólo comparten diez minutos en escena, suficientes para cambiarles la vida.
La sobria y sencilla dirección de Scott es efectiva en destacar a los personajes por encima de la historia misma. Ofrece una narración clara y fácil de diluir. Sin ambiciones y riesgos en la manera de estructurar la cinta. Washington en su papel de mafioso recuerda a ratos a su policía corrupto en Día de Entrenamiento (2001), sin que esto signifique un desmérito a su dura interpretación.
Crowe destaca más por la complejidad de las emociones a las que se enfrenta; crisis familiar, un amigo drogadicto, otro que trabaja para la mafia, su lucha contra la corrupción policial.
El resto del reparto es efectivo en asumir cada uno de sus roles, incluso si éstos implican pocos minutos en escena. El mejor ejemplo es la actriz Ruby Dee, en el papel de la madre de Lucas.
El diálogo que sostiene con su hijo explicándole desde su sencilla óptica las razones por las que no debe matar a un policía, le valió una merecida nominación al Oscar como mejor actriz.
Si busca una manera de tratar de entender el pensamiento de la madre de un asesino mafioso, preste atención a las líneas que surgen de esta conversación.