- En México, una reforma a la ley de medicamentos, dicen, causará estragos entre el sector dedicado a las medicinas similares.
“¿Este medicamento es genérico intercambiable o similar?” El empleado del establecimiento de Farmacias Similares, ubicado al sur de Ciudad de México, responde en forma contundente, incluso hasta con un poco de enojo: “En Farmacias Similares no vendemos medicinas similares, sólo genéricos intercambiables (GI) y de marcas orgullosamente mexicanas”.
En las farmacias del conocido y polémico “Dr. Simi” la palabra “similar”, paradójicamente, estará vetada, gracias a la recién anunciada reforma a la ley general de salud en México. En la modificación a la legislación sanitaria, el punto más importante —y que en el país azteca se ha interpretado como un ataque a los intereses empresariales de Farmacias Similares— consiste en un reordenamiento del mercado de medicamentos que circulan en México. El proceso incluirá la renovación o prórroga de registros sanitarios (evaluando la calidad y la eficiencia de las medicinas) y su meta es que, para febrero de 2010, en México sólo se comercialicen medicamentos GI y de patente (o innovadores). Los llamados “similares” (o genéricos) tendrán que dejar de circular.
De ahí que los empleados de Farmacias Similares ahora estén tan prestos a la aclaración. El propietario de la empresa farmacéutica, el extravagante Víctor González Torres, también ha aclarado que la reforma a la ley sanitaria no le quita el sueño, aunque no ha dejado de aprovechar los medios de comunicación —spots en radio y TV, así como desplegados en diarios de circulación nacional— para calificar de “ignorantes” a las autoridades mexicanas del sector salud y a todos aquellos que consideran que la reforma legislativa supondrá el fin de su negocio, que anualmente genera ventas por más de US$ 1,113 millones y se extiende desde México hacia Centro y Sudamérica.
Sin embargo, en un artículo del periódico mexicano El Universal, basado en una revisión del catálogo de productos que ofrece Farmacias Similares, se afirma que de los pocos más de 240 medicamentos que ofrece el “Dr. Simi”, sólo 87 cuentan con la especificación de GI. Y 150 productos son similares o genéricos.
Aun así, en declaraciones a la prensa, González Torres asegura que, para cumplir con los requisitos de la reforma, simplemente “dejará de comprar medicamentos que no sean GI” e incluso afirma que, para cuando la nueva legislación ya esté en plena vigencia, Farmacias Similares contará con 5,000 farmacias (1,400 más de las que ya posee hoy).
Cifras del Ministerio de Salud mexicano y de asociaciones ligadas a la industria farmacéutica, estiman que el mercado mexicano de medicinas (10,000 medicamentos en circulación) estaría valuado en US$ 13,000 millones. Los medicamentos GI tendrían entre 3 por ciento y 4 por ciento de participación (el promedio mundial en el rubro es de 10 por ciento), y los similares ostentarían entre el 5 por ciento y el 6 por ciento. Con la puesta en marcha del nuevo marco legal, según cálculos de la Asociación Mexicana de Genéricos Intercambiables (Amegi), en 2010 el nicho de GI podría representar el 7.5 por ciento del mercado.
Pero la inminente desaparición de los medicamentos similares preocupa por el impacto económico que podría desencadenar. Al tener que renovar registros sanitarios, someter los productos a pruebas de bioequivalencia (en términos llanos, para comprobar que ofrecen la misma efectividad terapéutica que una mercancía de patente) y otros estrictos controles de calidad, el costo de las medicinas GI manifestará una tendencia al alza. Sin embargo, las autoridades mexicanas de salud señalan que el efecto económico no puede considerarse como el principal argumento de defensa.
Además, el diferencial de costo entre un producto GI y uno de patente aún resulta muy favorable para el consumidor. Cifras de la Amegi indican que la diferencia de costo entre un producto de patente y uno GI —dependiendo del tratamiento y dosis —puede ir desde el 60 por ciento (más barato en el caso del GI) hasta el 70 por ciento. Por tal razón, Adalberto Cortés, presidente de la Amegi, considera que la nueva legislación representa una “feliz coincidencia entre los objetivos de la industria GI y los de las autoridades con un gran beneficiario que será el consumidor”.
sin dedicatoria
Al mismo tiempo, aunque Farmacias Similares puede ver afectada una de sus fortalezas, la nueva ley no implica una persecución contra el “Dr. Simi”. “La legislación no tiene dedicatoria, no se planteó para combatir los similares”, dice la Dra. Carmen Soler, presidente de la Asociación Farmacéutica Mexicana (AFM). “Su meta es regular y mejorar el control sobre un mercado que lo necesitaba”.
Hasta antes de esta reforma en México las autoridades no tenían un control sobre los registros sanitarios vigentes en medicamentos, los que se otorgaban con carácter permanente, y al no haber procesos de renovación, había empresas que compraban los registros, y con ellos amparaban otros productos que no necesariamente correspondían a las condiciones del original. Con la nueva ley, el período de vigencia de los registros será de cinco años y la renovación implicará pruebas especializadas, entre ellas, la de bioequivalencia, elemento del que carecen las medicinas intercambiables, y lo que conduce a su eliminación del mercado.
La medida, en opinión de Soler, de la AFM, “era indispensable” y garantiza la calidad de los medicamentos que estarán disponibles para el consumidor.
¿Será que los “Doctores Simi” se puedan convertir, en dos años, en Doctores GI? Al final, según las fuentes consultadas, nadie le está pidiendo al sector de medicamentos similares que se marche: sólo se le exige que la defensa de la calidad de algunos de los medicamentos que comercializa no esté sustentada en la palabra (destacando un supuesto compromiso con las clases pobres de los países donde opera), sino en pruebas científicas que correspondan a los requisitos de la ley.
Por lo pronto, si durante un tránsito por México usted visita, por ejemplo, un establecimiento de Farmacias Similares y pide un medicamento similar, no se sorprenda si le dicen que ahí no venden eso. Aunque un enorme “Dr. Simi” esté bailando una cumbia junto a usted.