La paciencia redentora de Dios

“El Dios, que se ha hecho cordero, nos dice que el mundo se salva por el Crucificado y no por los crucificadores. El mundo es redimido por la paciencia de Dios y destruido por la impaciencia de los hombres”. (Benedicto XVI) Decía San Agustín: “Temo a Jesús que pasa”. Seguramente el Obispo de Hipona temía […]

“El Dios, que se ha hecho cordero, nos dice que el mundo se salva por el Crucificado y no por los crucificadores. El mundo es redimido por la paciencia de Dios y destruido por la impaciencia de los hombres”.

(Benedicto XVI)

Decía San Agustín: “Temo a Jesús que pasa”. Seguramente el Obispo de Hipona temía no aprovechar el paso de Jesús como la gran oportunidad de su vida, el día de la salvación, de la gracia divina, no responder adecuadamente al amor de Dios: “Dios que te creó sin ti, no te salvará sin ti”, nos dirá este mismo Santo y sabio, recordándonos que hemos de contribuir a nuestra propia salvación en forma consciente, libre, activa y perseverante.

La nuestra es una Religión, una Fe de oportunidades; el mundo es redimido por la paciencia de Dios: para cada hombre, para cada época, Dios pasa salvando. De parte de Dios la salvación está dada en Jesucristo, gratuitamente, generosamente; pero es una oferta que puede ser acogida con gratitud o rechazada por ingratitud, una oportunidad aprovechada o desaprovechada, según el caso.

Provoca profundo dolor encontrarse con gente verdaderamente desgraciada. ¡Qué poca gente es feliz! Y eso se debe, en un gran porcentaje, a que el hombre actual se ha apartado del proyecto de felicidad, de auténtica realización personal, familiar y social que Dios ha elaborado para su vida.

Si un hombre “lo tiene todo” y no es feliz, es porque no ama, le falta salir de sí mismo, orientar su corazón hacia Dios y, en Dios, hacia los demás. Puede ser que se trate, como ocurre, de un crucificador de su familia, sus vecinos, de la sociedad o de su pueblo… Si tal es tu caso, necesitas mirar al Crucificado para llegar a comprender que alguien te ama y te perdona, que Dios te llama por tu nombre a una vida más digna.

Aprovechemos la oportunidad de salvación que Dios nos ofrece en Jesucristo, pero sin jugar a ser “oportunistas” o simples “vividores” de la paciencia divina; así nos exponemos a perdernos ¡para siempre!

Religión y Fe

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