“Lancemos la infraestructura y vendrá inversión”

“Llegué a Cancún (México), a la selva, me dieron un remolque, allí viví la primera vez y abrí el primer hotel de Cancún que se llamó Playa Blanca, propiedad de don Diego de la Peña. Vi cómo el Gobierno empezaba a poner lotes, a lotificar y en un momento se vendió todo. Yo abrí totalmente […]

  • “Llegué a Cancún (México), a la selva, me dieron un remolque, allí viví la primera vez y abrí el primer hotel de Cancún que se llamó Playa Blanca, propiedad de don Diego de la Peña. Vi cómo el Gobierno empezaba a poner lotes, a lotificar y en un momento se vendió todo. Yo abrí totalmente Cancún”

Jean Fracois Noguera es quizás dentro del sector turístico uno de los que más creen en Nicaragua como una potencia turística a nivel centroamericano. Según afirma, el país cuenta con bellezas naturales suficientes y la capacidad humana como para desarrollar complejos turísticos de calidad mundial.

Lo que hace falta es vencer el temor a lo desconocido, sostiene, y es algo que todavía limita los planes en este sector, aunque reconoce que la actual administración tiene una actitud más agresiva en este sentido.

Propietario de La Casa de los Noguera, habla con LA PRENSA sobre lo duro que es manejar un restaurante de comida internacional, con un toque familiar. La Casa de los Noguera es la continuación de una tradición familiar que viene desde España, su tierra natal y que ha sido cultivada a lo largo de más de 50 años.

Llegó a México en 1969, y fue uno de los artífices de la creación del centro turístico de Cancún, donde abrió el primer hotel en ese lugar, en Playa Blanca.

A Nicaragua llegó en la década de los setenta, formando parte de la directiva de la empresa Indesa, dirigida por el ahora vicepresidente Jaime Morales Carazo, y que según Noguera impulsó varios proyectos de inversión importantes. En este período conoció a su actual esposa.

Después de 1979 abandonó el país y regresó a México donde permaneció por casi 20 años regresando en 1995, a buscar cómo establecerse en el país.

¿Cuándo llega a Nicaragua?

Nosotros llegamos por segunda vez a Nicaragua porque lo consideré y lo sigo considerando un país con una gran cantidad de oportunidades, que había que buscarlas, trabajarlas y de esa forma nos fuimos a Chinandega. Allí mi esposa y yo abrimos un hotel que se llamó Las Mañanitas, y que desde el inicio tuvo gran éxito, pues, siempre estaba lleno. Tenía seis habitaciones y nos dedicamos a elaborar una cocina con base en todos los conocimientos que teníamos. Con ello logramos tener una reputación a nivel regional y después se pasó a Managua. Cuando vimos que habíamos tenido este éxito, pensamos que era el momento de venir a Managua. Era una decisión muy seria y sobre todo los comentarios de una gran cantidad de gente que nos decían que en Managua no había negocios para ese tipo de restaurante exclusivo que nosotros queríamos poner.

Hicimos un estudio económico, mi esposa y yo, y nos dimos cuenta que en Managua cabía un restaurante de este tipo sin ningún problema. Buscamos el área, un lugar que no fuera tan céntrico pero tampoco fuera apartado y que reuniera las condiciones de localización rápidas, y encontramos este lugar y aquí pusimos este restaurante.

¿Por qué el nombre Noguera?

El nombre de La Casa de los Noguera viene porque nosotros somos Noguera y somos una tradición familiar dentro del área restaurantera en Cataluña, España, y quisimos conservar esa tradición de una comida internacional, pero con un marcado acento mediterráneo, que es la que yo estudié. Empecé en la hotelería, cuando tenía yo 17 años y desde hace casi 59 años que hago esto.

Aquí (en Nicaragua) existe un poco el miedo de que uno que sabe algo le quita el puesto a otro en el momento, y esa es una equivocación. Por eso es que no he podido consolidar muchos de los proyectos turísticos que yo había presentado al Intur (Instituto Nicaragüense de Turismo). Con este nuevo Ministro de Intur que tenemos, esta nueva administración es donde se me empieza a aceptar y muy bien mis proyectos de desarrollo del país, lo cual es bueno, porque aún no se ha entendido el potencial turístico de Nicaragua.

¿Por qué no se aceptaban estos proyectos turísticos?

Uno, como decía, hay mucho miedo, no miedo físico, sino a lo desconocido, a lanzarse a algo que a lo mejor podría resultar. Cuando yo me lancé junto a la gente que me contrató, al proyecto Cancún, en México, era mucho más seria la cosa, y no obstante, la gente se lanzó y así los proyectos de Cabo San Lucas, Acapulco Nuevo, los proyectos de Guaturco, la Baja California, todos estos eran proyectos que daban miedo lanzarse. Se presentaron, se hizo un estudio y como la gente estaba un poco reacia se lanzó la oferta a capitales extranjeros y enseguida la cosa se llenó. Entonces siento que aquí, no es que no haya capacidad por que sí la hay, pero ha habido un poco de temor, no se ha entendido el turismo como una política de gobierno, como una necesidad. La cosa es fácil de entender, sólo hay que preguntarse qué tienen los vecinos que no tengamos nosotros. Nada más con eso.

Usted menciona que hay temor en invertir en proyectos riesgosos, pero afirma que es en esta Administración que hay más receptividad.

No solamente en la aceptación de los trabajos sino en la persecución de metas y objetivos que hasta ahorita no los había visto concretarse. Yo soy parte del Comité Ejecutivo del Intur, nombrado por la Presidencia, y el otro día se habló en firme de la costanera, que puede ser un sueño pero ahora se está viendo un poco como una realidad, se van a arreglar los centros turísticos propiedad de Intur, Pochomil y otros lugares que yo antes, hace tres o cuatro años que presenté el proyecto, pero que cayó en el rincón del olvido, porque sencillamente, no sé por qué existe ese temor o no se cree en Nicaragua.

Pero somos nosotros mismos los que no creemos en Nicaragua.

Sí, estoy hablando que no se cree en el país de uno, cuando ve todas las posibilidades y éstas se las puedo afirmar a través de otros colegas que hemos estado hablando y están de acuerdo conmigo. Lancemos una infraestructura y vendrá la inversión sola; voy a poner, como hicimos en otras partes del mundo, pondré el agua, el drenaje y el camino y señores aquí está eso. Les voy a dar exención de impuestos por un tiempo y de aquí adelante no tengo ninguna duda que la inversión viene.

Poner un apellido a un restaurante es como darle un toque familiar. ¿Es La Casa de los Noguera un restaurante familiar?

Este es precisamente el concepto . Se llama primero por el nombre nuestro que ya es conocido, nacional e internacional, y el segundo le va a parecer una cosa muy rara y es porque nosotros vivimos aquí. Es nuestra casa, tenemos la casa en la parte de atrás y estamos todo el día aquí y redunda en el beneficio total del restaurante, porque todo el día estamos pendiente de todo, desde las 5:00 de la mañana que empieza la operación hasta las 12:30 que cierra. Estamos pendientes de la ropa del equipo, el personal, que estén rasurados, que se bañen, cosa que no podríamos hacer si habitáramos en Las Brisas, Santo Domingo. Esa es la razón, un aspecto familiar le da siempre confianza al cliente, no un nombre inventado, ponerle un nombre catastrófico como los que he inventado para otros restaurantes donde he trabajado y que les ha ido muy bien. Pero no era esa la idea. La idea era hacer sentir a usted que viene a la casa de los Noguera, que va a conocer al señor Noguera y que le va a saludar y le va a decir que la salsa estaba bien picosa, o por qué no me haces este arroz, quiero un poquito menos cocido. Esa es la idea, hacerlos sentir dentro de una variedad de platillos que el cliente es parte. Inclusive, ve aquí este árbol que tiene a la derecha, es un mango, yo le saco un provecho increíble porque al turismo extranjero en una canastita le pongo un mango, con una tarjeta. “Disfruto los frutos de mi tierra”. Este es un detalle para nosotros, póngalo en manos del turista como expresión de cariño y una buena atención y se ganó a un cliente. Esta es la idea de La Casa de los Noguera, mi esposa es la decoradora, todos los días hay flores aquí.

¿Cómo transcurre su vida en un día normal de trabajo en el restaurante?

Eso sí, nosotros nos levantamos temprano, mi esposa se levanta todos los días a las 5:00 de la mañana. A esa hora está un cocinero, que es el encargado de las salsas y a esta hora se pone en la cocina a fabricar las tres salsas básicas, o sea la salsa de pescado, la salsa negra y la salsa blanca. Todos los días a las 9:00 esto ya está listo, se tiene que dejar enfriar. A las 8:00 llegan los dos cocineros que son los encargados de cortar las verduras, pelarlas y preparan todo para que a las 10:00 que llega el chef esté todo dispuesto. Hay un comprador lunes, miércoles y viernes, se va a Chinandega a traer pescado, que es un pescado fresco siempre.

¿Por qué hasta Chinandega?

Porque cuando estábamos en Las Mañanitas teníamos a Corinto, y allí nos proporcionaban todo el pescado fresco, la langosta, no es la langosta del Atlántico, la del Pacífico es un poquito más pequeña pero damos tres langostas por plato. Entonces eso hace que cubra la diferencia. A las 11:30 todo el personal ya está listo, bañado, preparado para el montaje, los siete empleados de la sala están listos, paso una revisión que se pasa diario. Con un golpe en la mesa uno se da cuenta que si falta una copa o si uno de los cubiertos está mal puesto, tienen que estar equidistantes. Buscamos que los manteles estén bien planchados, es una labor de media hora. A las 12:00 se abre y a las 12:05 ya tenemos gente, se atiende a la gente hasta la 3:00 cuando es normal, pero casi nunca es normal porque lo que más tenemos son ejecutivos, entonces se prolonga hasta las 4:00. A esa hora cerramos y se hace una limpieza de todo el restaurante, pero no una limpieza a fondo sino superficial, se vuelve a abrir en las mismas condiciones a las 6:30, todo está listo y allí es donde viene todo el trabajo duro porque se llena totalmente.

¿Pero esto no es todos los días?

Cuando hay estos grupos se mantiene hasta las 1:00. En la noche a la gente le fascina ir afuera (en la terraza). Hay gente que le gusta fumar puro y yo no permito que se fume aquí adentro, entones vienen a fumar el puro con su coñac. También me reservo el derecho de admisión si viene una persona sin presentación adecuada, no lo dejo entrar sobre todo a los turistas americanos que creen que pueden entrar de cualquier manera; yo le digo que tiene que venir con pantalón y camiseta, si no, no entra. Esto ha sido sagrado. Tampoco aceptamos niños, éste no es un lugar para niños. Después de 10 años no hay problemas.

¿El Hotel Las Mañanitas se mantiene?

El hotel en Chinandega lo vendimos a una compañía. En Chinandega tenemos algunas cosas que no tienen nada que ver con hotelería.

ENAMORADO DE NICARAGUA

Noguera llegó a Nicaragua procedente de México, contratado por la empresa Indesa, una experiencia que considera muy interesante para el turismo nacional.

Si bien su restaurante es un gran negocio, no piensa crecer más.

¿Cuanto tiempo tienen de estar en Nicaragua?

En la época del presidente Somoza yo vine a Nicaragua, hace 31 años, contratado por una empresa que se llamaba Indesa, cuyo presidente era el señor Jaime Morales Carazo. Era una empresa muy seria en cuanto a turismo, porque hicieron una gran labor turística. Esta empresa la conformaba Jaime Morales Carazo, Arnoldo Alemán, su servidor, Chano Aguerri (propietario del cine Aguerri), una señora de apellido Osuna, etc.

Fue una magnífica operación, estaba encantado con este grupo, pues tenía unos proyectos fabulosos y me tocó abrir, iniciar, delinear un hotel en Chinandega que se llamó Hotel Cosigüina. Al inicio de la operación había una señorita que venía a ver cómo se hacían las obras y me dijo que su mamá era la dueña de los terrenos. Como veía que era una persona tan distinguida, le pregunté que si no quería trabajar conmigo, ayudarme. Ella me dijo que no estaba disponible porque estaba trabajando en la Embajada americana, en aquel entonces. Pero al cabo de un mes me dijo que en realidad le gustaría trabajar conmigo, nos conocimos mejor y a los tres años nos casamos. Después de 1979, con la revolución, tuvimos que salir del país, yo tenía un contrato en México fuerte y me fui a México de director general del hotel Ritz de Acapulco, que era propiedad de los dueños de Televisa, el señor Azcárraga.

¿Piensan crecer más?

No, voy a hacerlo más grande porque mi ilusión es ésta, 68 personas mañana y ojalá se llene así en la mañana. En la noche sí se llena, pero no más de ese número porque después me convierto en una cocina comercial y eso es lo que no quiero.

¿Es duro este trabajo?

Eso no más lo tienen que amar, como a la esposa, la novia, son 24 horas al día. Estoy esperando como no tiene idea la Semana Santa, porque me voy a dar vacaciones y voy a cerrar. Gozo estos siete días.

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