En cuanto sonó la campana, su olfato de tiburón estaba activado, y buscó a su presa con determinación y arrojo pero no pudo atraparla.
Román “Chocolatito” González no pudo atrapar al mexicano Javier Maravilla porque a sus disparos les faltó precisión y potencia, mientras terminaba acorralado por una terrible ansiedad que se extendió a través de toda la pelea.
El punto no es si noqueó o no noqueó, sino cómo se vio en lo que posiblemente fue su último combate antes de disputar una corona del mundo. Y la verdad es que no se vio bien. Falló demasiados golpes y sus combinaciones fueron por lo general incompletas.
No hay dudas que Maravilla vino con una estupenda condición física, pero cuando la pelea inició, tenía el miedo dibujado en su rostro y parecía empeñado en evitar ser noqueado aunque quedara distante en las tarjetas.
Sin embargo y aun cuando en algunos momentos se dedicó a moverse, no es menos cierto que se le plantó a González, y no sólo le aguantó su pegada, sino que lo golpeó y por instantes le devolvió golpe a golpe al prospecto nica.
“El Chocolatito” tumbó siete veces a su adversario, lo castigó con severidad, pero nunca habíamos visto tantos golpes en el aire de parte del nica como ahora. Fue su presentación menos brillante y nunca apareció el golpe definitivo.
Hubo instantes en los que González se guardó la derecha y apostó todo a sus ganchos de izquierda. No resultó. Y cuando parecía a punto de noquear, Maravilla era capaz de levantarse y volvía a introducirse sin temor a la línea de fuego.
Qué bueno que todo esto haya pasado ahora, porque permitirá corregir deficiencias y nos pondrá el entusiasmo en el lugar correcto. Por fortuna hay tiempo. Falta ver si hay voluntad también.
González sigue siendo un diamante, pero requiere trabajo para extraerle el brillo.