- Javier Bardem no está seguro de que el Oscar le facilite las cosas. “Sí, es bonito, porque la gente te lo entrega por respeto… Pero no debería haber nada más allá. El eco desde afuera que resuena es tan grande que al final crea algo que no existe”.
Especial para LA PRENSA
Con el Oscar en una mano y una copa en la otra, Javier Bardem tiene que hacer malabares para brindar por el triunfo de haber ganado como Mejor Actor de Reparto por su rol en No Country for Old Men. Siendo el favorito de la noche, tampoco generó demasiada sorpresa en el Teatro Kodak, pero nadie le roba la oportunidad de festejarlo, como bien se lo merece.
¿Cómo se vive un momento como este?
Lo vivo con alegría pero también con cierta distancia, porque uno pudiera creerse incluso que es bueno. Y eso es terrible.
¿El Oscar no es la prueba? ¿Realmente no cree que sea bueno?
Yo creo que soy lo mismo que he sido siempre. Soy muy bueno a veces, otras veces soy muy malo. A veces hago cosas que son directamente para despedirme y otras, de pronto, doy la nota correcta. Es parte de la vida y el trabajo. (Mira el Oscar en su mano derecha) Esto es sólo una excusa para una buena fiesta. Estoy muy contento y tengo claro que es una parada hacia un camino que sigo desde hace tiempo y no estoy ansioso por llegar a ningún sitio. Pero el premio llega como un reconocimiento diciéndome “toma tu tiempo, trabaja duro y ten fe”. El Oscar es una lotería y no significa que yo sea el mejor que los otros.
¿No esperaba ganar?
No. ¿Puedes creerme si te digo que no?
No, es difícil de creer.
De verdad, no lo esperaba. No, no. Yo le había dicho a mi madre que estaba nervioso y ella me dijo: “¿Por qué? No te lo van a dar, así que disfrutalo”.
¿Ni siquiera se imaginó el momento de subir al podio y agradecer un premio tan importante como el Oscar?
Uno de los más horribles momentos en la carrera de cualquier actor es salir en medio de la entrega del Oscar y hablarle a millones de personas en menos de quince segundos. Por supuesto que todos queremos gustarle a la gente y queremos ser aplaudidos. Es algo que pertenece a nuestro ego, no hay nada que podamos hacer al respecto. Y especialmente los actores, como seres humanos somos bastante locos. Pretendemos que nos quieran constantemente. Es importante, pero también creo que hay algo cultural detrás del sentimiento de un premio y tiene que ver con la necesidad de ser número uno. Y eso, yo no lo tengo. En Europa, estamos más seguros en ese sentido. Por supuesto me gustó el premio, porque todos lo queremos.
¿Se siente un embajador hispano en Hollywood aunque sea con una película americana?
No me siento embajador del cine español, puesto que el cine español en sí mismo es un embajador, en cada acción que toma… Creo que el cine español tiene una fuerza y un eco que se lee mucho fuera de España, mientras en España se critica. En ese sentido, yo aporto mi pequeño granito de arena al ser español, pero no es mi intención ni creo que sea mi responsabilidad sacar ninguna bandera. Lo grande del cine es que no hay barreras lingüísticas ni fronterizas.
SU CARRERA POR EL OSCAR
Con la película Before Night Falls, Javier Bardem ya había pasado por un momento similar, hace exactamente siete años, cuando lo nominaron por otro Oscar. Era otra época claro. Primero, porque en aquel entonces lo habían nominado en otra categoría, como Mejor Actor, donde tenía una competencia mucho más firme, con un Oscar que terminó ganando Russell Crowe por la película Gladiator (el mismo año también perdió Tom Hanks por Cast Away y Ed Harris con Pollock).
Esta vez, la situación era diferente. Siendo el favorito de la noche, Javier también había ganado más de 15 premios por el mismo personaje, incluyendo el Festival Internacional de Toronto, el Globo de Oro y el galardón del Sindicato de Actores.
¿Aún cuando no pensaba ganar, había preparado con tiempo el agradecimiento?
Por los nervios y los 45 segundos no quise olvidarme de los cómicos de España, mis abuelos y bisabuelos que vivieron una época donde la actuación significaba libertad y valor. Y mi madre también forma parte de esa generación.
En la película Boca a Boca, de 1995, se enojaba cuando un americano le ofrecía trabajo. ¿Ahora, en la realidad es diferente?
Pues claro. Creo que le tiraba un pan ¿no? Ahora los recibo con brazos abiertos.
¿Qué hubiese hecho usted en Madrid, a las dos de la madrugada, si no hubiera estado en la entrega del Oscar?
Hubiese estado en alguna fiesta, haciendo lo que siempre hacemos con mi novia (Penélope Cruz) o algún amigo, en vez de pasar cinco horas en una ceremonia.
¿Un Oscar o la fama de llamarse Javier Bardem facilita la tarea con las mujeres?
A medida que te vas haciendo más popular hay un punto en que ya pierde la gracia. Porque no hablan contigo, sino con el que se imaginan o con aquel que ven en las películas. Hay frialdad, una distancia enorme, que hace que la conquista o la relación sea más fría.
¿Qué lo llevó a decidirse por la actuación entonces?
El saber que no valgo para nada más… Intenté estudiar, pero era muy mal estudiante, lo cual no me enorgullece. Estudié pintura, pero llegó un momento en que necesitaba dinero y empecé a trabajar como extra en las películas, hace años. Me sentía cómodo entre cámaras y cables, porque es un poco el mundo que he vivido desde pequeño.
¿Aún después de las críticas, después del Oscar, todavía piensa que hay algo que no hizo bien?
Por supuesto que sí.