René “Chirizo” González está atentando contra la posibilidad de convertirse en un boxeador que haga historia en el boxeo profesional nicaragüense.
Hace poco más de una semana, el 15 de febrero, González noqueó en el cuarto asalto al panameño Armando “Monito” Rojas, un peleador que no es de primer nivel en su país, pero que ha enfrentado a los mejores exponentes de la categoría ligero en la nación canalera.
Pero González sufrió para conseguir esta victoria. Y no precisamente por el talento del panameño, sino por su indisciplina en el cuido personal para este compromiso.
Resultó que después de estar rayando el peso en un chequeo del miércoles (131 libras), René se apareció en el día del pesaje con ocho libras arriba de lo pactado. ¡Eso es demasiado para alguien que tiene un compromiso pugilístico el día siguiente!
Ante semejante descuido, el entrenador Ramón “Chino” Gutiérrez tuvo que trabajar horas extras en el gimnasio para bajar de peso a González. Incluso, lo tuvieron que meter a un sauna y con mucho trabajo, el púgil capitalino bajo a 133 libras.
Su promotor Marcelo Sánchez tuvo que negociar con los panameños esas dos libras de tolerancia, y así la pelea se “amarró” en un peso superior, pero con el panameño con el dinero en la bolsa, porque González tuvo que pagar una sanción. Pero más allá del dinero, González puso en riesgo su vida. Bajar seis libras en tan poco tiempo, deshidratarse al máximo, y luego subir el ring, le trajeron consecuencias que para su bien, no fueron lamentables.
En el tercer asalto, ante un René desgastado, el panameño Rojas le conectó un potente golpe de derecha al mentón, que lo dejó en malas condiciones. Con más bravura que otra cosa, René logró mantenerse en pie en medio del empuje demostrado por el panameño. Lógicamente que su condición de local iba a obligar al árbitro Onofre Ramírez aguantar lo más posible a González, y efectivamente así pasó.
En el minuto de descanso, González reaccionó vigorosamente, y con un empuje llamativo, terminó noqueando, y reitero, bien noqueado al panameño, para ganarse la admiración de una buena clientela reunida esa noche en el gimnasio Alexis Argüello.
Ciertamente, la victoria tuvo sus ribetes de espectacularidad, gustó mucho esa demostración de coraje, pero al final quien sufre las consecuencias es González, con su descuido en el pesaje y la exposición de su vida en un deporte que ya tiene muchos críticos por las muertes en el ring. El “Chirizo” no puede seguir con este tipo de actitudes. Debe comportarse como un boxeador profesional, porque tiene condiciones para construir una sólida historia en este deporte.