Sacerdote católico
Estos cinco domingos, anteriores al Domingo de Ramos, meditamos:
El primer domingo: Jesús tentado en el desierto. (Mateo 4, 1-11). Se nos muestra la humanidad de Jesús que es probada y tentada, pero el Mesías al someter al diablo nos ayuda a repelerlo.
El segundo domingo: La transfiguración del Señor. (Mateo 17, 1-9). Se nos muestra la humanidad de Jesús glorificada, de forma que sus discípulos (Pedro, Santiago y Juan) que representan a la jerarquía, la tradición y el profetismo, tienen el gozo de verlo divinizado. El conversar con Moisés y Elías, que simbolizan la ley y los profetas, nos indican que Jesús es más grande que ellos. La envolvente presencia de Dios Padre no debe inspirarnos a permanecer cómodos, sino a descender para servir a los Cristos vivientes. Transfigurarnos en Jesús es escucharle, vivir su Palabra y actuar conforme su corazón. Es la invitación para todos.
El tercer domingo: Jesús y la mujer samaritana. (Juan 4, 5-42). Jesús es el rostro visible del Dios invisible. Es la plenitud de la Revelación. Como hombre tiene sed y se acerca al pozo de Jacob y allí entabla una plática, con una pedagogía estupenda, con la mujer samaritana. Es un profeta insurrecto a las tradiciones religiosas y sociales de su tiempo. Se presenta humilde, sin más ejércitos que su Palabra Poderosa basada en la autoridad. Porque la autoridad no se gana propagando miedo, persecución, farsa, arbitrariedades, rapacerías, sino con la transparencia de vida. Jesús se aproxima a una mujer en un sitio público, lo cual está vedado para un profeta y además sostiene un coloquio con ella. La samaritana reacciona sorprendida, porque Él siendo judío y ella samaritana (considerada pagana por los religiosos ritualistas de su tiempo), le pide de beber.
La mujer iba como todos a buscar cómo saciar la sed física que nunca se acaba. Nosotros también nos acercamos a los pozos de libertad, fraternidad, trabajo digno, realización personal, sentido de la vida, buscando saciar la sed de dignidad que tenemos, en medio de una sociedad que coacciona, desune, deshumaniza y que tiene como estrategia el tiranizarnos por quienes creyéndose enfermizamente amos indiscutibles, no son más que vulgares abusadores del lugar que sólo corresponde al Dios Vivo.
Jesús al dejar ver detalles de la vida personal de aquella mujer, no lo hace con el afán de humillarla, sino de hacerle ver que Él escudriña el corazón. La samaritana cada vez más interesada en buscar esa agua de la cual si toma no tendrá más sed, le interroga sobre el lugar en dónde debe de ser adorado Dios. Y Jesús exclama: “Se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad…”. Ya no hay lugares especiales, sino que la verdadera adoración es esa. ¡Cuánto por aprender en este pasaje de la Biblia! A ella se le revela como Mesías y la mujer se convierte en discípula y evangelizadora.
El cuarto domingo: El ciego de nacimiento. (Juan 9, 1-41). Jesús, luz del mundo, que brilla en las noches oscuras de la soledad, la angustia y la vacilación.
El quinto domingo: La resurrección de Lázaro. (Juan 11, 1-45). ¡Levántate, vuelve a la vida! Para todos los que estamos en tumbas de indiferencia, prepotencia o nos arrogamos el derecho sobre vidas y conciencias. Jesús nos libera de ese sepulcro de miserable egoísmo en que podemos permanecer.