- Hace 31 años, Miguel Larios se marchó a Brasil en busca del triunfo. Llegó a ser un empresario exitoso, pero que también expandió sus negocios al área de futbol, creando el centro de entrenamiento Tigres de Brasil, donde jóvenes brasileños y ahora nicaragüenses pueden formarse para ser jugadores profesionales del futbol.
Miguel Larios, Presidente de los Tigres de Brasil
Para llegar a ser una persona de éxito se necesita reunir tres factores: talento, deseo y oportunidades. Una cosa no puede desligarse de la otra.
¿Cómo es posible tener esas cualidades? La mayoría de ellas son forjadas desde la familia, pero más allá de eso son cualidades que forman parte de la personalidad de las personas.
Miguel Larios es uno de ellos. Es un nicaragüense que desde que tiene uso de razón tenía el ferviente deseo de triunfar. Nació en La Concepción, Masaya, era el sexto hijo de la familia Larios.
“Me crié en Managua, como todos los jóvenes de aquí, estudié en colegios públicos, pero había algo dentro de mí que deseaba conocer el mundo”, expresa Larios.
El joven nicaragüense se trazó una meta. Viajó a Brasil a los 18 años para estudiar Ingeniería Química. ¿Fue difícil el cambio?
“Para nada”, dice.
El idioma no fue complicado aprenderlo, le tomó tres meses manejarlo oral y escrito.
“Lo único fue adaptarme a una nueva cultura, Brasil es muy diferente a Nicaragua”, señala.
Se graduó con honores y luego de esto se consagró en lo que él más quería, un hombre de triunfos, siendo ahora el dueño de la empresa de tecnología y productos químicos Poland en Brasil, y hace dos años expandió sus conocimientos al área del futbol, siendo el presidente del centro de entrenamientos Tigres de Brasil.
Vestido con la camisa del equipo brasileño Sao Pablo, Larios nos recibió en el lobby del hotel Holiday Inn. Pese a los años que lleva fuera del país, Larios no ha cambiado en nada.
Continúa siendo el mismo moreno, ya un poco pasadito de libras, y con un acento mezclado entre nica y portugués, pero eso sí, con mucha sinceridad al expresar sus opiniones.
También es un hombre muy hábil para los números. Cuando se le preguntó por qué crear un centro de entrenamiento. Larios contestó con toda seguridad:
“Ganar dinero, no hay vuelta”.
Así es Larios, siempre habla con una sonrisa, sobre todo cuando se trata de futbol y negocios. El sábado, recibió de la Asociación de Cronistas Deportivos de Nicaragua (ACDN) el premio al mejor activista deportivo en el 2007, por ayudar al futbol nacional.
¿Cómo empezó su travesía en Brasil?
Siempre tuve el deseo de triunfar. Yo quería ser alguien en la vida, estudiar, pero no tenía noción de cuán grande era el mundo. Todo lo que yo leía en los diarios era Nicaragua. Hasta que a los 18 años viajé a Brasil.
¿Aún recuerda la fecha en que llegó a Brasil por primera vez?
Sí, fue el 16 de febrero de 1977. Hoy (sábado) cumplo 31 años desde que me fui a Brasil.
¿Cómo le fue al inicio en Brasil?
Quería graduarme y eso era el comienzo. Estudiaba mucho para ser destacado en mis clases y lo logré.
¿Esa fuerza de voluntad casi retadora la adquirió por la formación de su familia?
Lo que aprendí de estudios fue en Brasil, pero mi base y todos los valores que tengo los adquirí en Nicaragua. Mi deseo de vencer nació de mirar mucha miseria y no en mi familia, sino en los alrededores. La ambición era de ser alguien mejor, hacer una cosa importante y así viaje a Brasil.
¿Al parecer usted se crió con comodidades?
Sinceramente, yo escuchaba que la familia de mi padre tenía posibilidades y mi madre no. Sin embargo, yo era un muchacho normal, para mí comer arroz y frijoles, huevo, vigorón era el alimento diario. Ese mundo de lujos no existía. Mi referencial era el diario y la radio, más allá de eso no existía nada en mi vida.
Pero llegó a Brasil y logró el objetivo
Sí, fui el primer extranjero laureado en la Universidad UFRN del norte de Brasil, como el mejor Ingeniero Químico y recuerdo hasta la fecha de la graduación, el 27 de diciembre de 1981.
¿Su gusto por el futbol fue desde que llegó a Brasil o desde que estaba en Nicaragua?
Me crié mirando jugar beisbol a Denis Martínez, también me encantaba el boxeo cuando Alexis Argüello era campeón. En mi vida hasta los 18 años, no existía el futbol. Antes de eso, sólo me gustaba el beisbol y boxeo (sonríe).
¿Y cómo surge la creación de la Academia Tigres de Brasil?
Mi hijo Aristóteles quería ser un jugador profesional del futbol, pero a mí eso no me gustaba, yo quería que se centrara en los estudios. Pero luego vino a mi cabeza este proyecto, lo planifiqué para 7 años y lo creé con el propósito de ganar plata, porque es un negocio.
¿Cuál era el objetivo con este proyecto?
Mi objetivo era llevar a un equipo de la Primera División de Río de Janeiro. Hice una planificación de gastar 7 millones de dólares en 7 años en lo que es equipo, infraestructura. En el primer año, es decir en el 2004 decidí hacer el centro de entrenamiento, quizás por ser muy emprendedor hasta atrevido lo hice, me arriesgué.
¿Cuánto le costará la inversión?
Me viene costando alrededor de los 25 millones de dólares y sin temor a equivocarme será uno de los mejores centros de entrenamiento de Brasil y tal vez de América Latina.
Su concepción es muy ambiciosa, ¿no lo cree?
Sí, yo soy ambicioso, pero la concepción de este proyecto es a largo plazo, ahora está el 75 por ciento terminado. Cuando decidí hacer el centro de entrenamiento, no sólo el equipo, no pensé gastar tanto, pero ya llevo hasta 20 millones de dólares y aún falta por invertir.
¿ Cómo llegó a realizar el convenio con la Federación Nicaragüense de Futbol?
Estaba de paseo por Nicaragua el año pasado y me encontré a Mauricio Cruz, quien es el esposo de mi prima. Fui a Diriamba y Mauricio me planteó si no ayudada en algo. Pensé que yo podía hacerlo, pero es difícil crear tradición de futbol en un país que no es futbolero y yo sabía eso. Entonces me reuní con los presidentes de la Fenifut.
¿Cómo llegó al acuerdo?
Se desarrolló una intención y tener la oportunidad de que Nicaragua participara en una eliminatoria mundialista. Obviamente no ver a Nicaragua en un Mundial, si no un proyecto que llevara a Nicaragua a una eliminatoria para el 2014, con una selección fuerte, formada en mi centro de entrenamiento. A la Fenifut le interesó la idea y allí nació el convenio, becar a jugadores nicas en Brasil que convivan, que sientan el rigor del futbol brasileño, para que dentro de 6 años estén listos para dar una excelente actuación en competencias internacionales.
Así se becó a ocho jugadores nicas, de los cuales sólo uno se ha quedado en la academia.
Sí, queríamos ayudar tanto a Nicaragua que se nos olvidó otros parámetros y quedó a cargo de la Fenifut elegir a los jugadores, se hizo así. Aceptamos que nosotros nos precipitamos, pero en Brasil hay muchos jóvenes pobres que sólo tienen una opción en la vida, jugar futbol para sacar adelante a la familia y cuando se les presenta una sola oportunidad para lograrlo no dudan en aprovecharla.
¿Pese al primer intento fallido cree que el proyecto con Nicaragua continúe?
Claro que esto no significa el fin, yo quiero ayudar, seguiré apoyando a jugadores nicaragüenses , pero se debe ser cuidadoso en la próxima elección de los becados.
“Les faltó perspectiva, deseos”
A raíz del escándalo que suscitó el regreso de los siete jugadores nicaragüenses que fueron becados para estar durante un año en la Academia de los Tigres de Brasil, el empresario Miguel Larios aclaró que en este problema hay culpabilidad tanto de los jugadores como de la Academia, pero una oportunidad como esta no se debe desaprovechar.
¿Cree que estos jugadores hayan desistido porque la escuela no cumplió con lo que prometió?
Creo que esto fue una lección para todos. Creo que nosotros tuvimos algo de responsabilidad, en hacer mejor las cosas, quizás nos precipitamos mucho, pero pienso también que los jugadores no estaban muy claros a lo que venían y quizás nosotros no fuimos claros. Ellos son muy jóvenes y reflejaron que no estaban preparados para asumir esta responsabilidad.
Entonces, para usted hubo un fallo en la elección de la Fenifut.
La verdad creo que deben tomar en cuenta otros factores como socioeconómicos , que tengan talento y que sobre todo tengan ganas de aprender y triunfar, y para eso hay que sacrificarse.
¿La Academia estaba realmente preparada para recibir a estos ocho jugadores?
Cuando ellos llegaron la Academia estaba construida a un 60 por ciento, pero lo que admitimos es que no teníamos una planificación como proyecto de Nicaragua. Lo que hicimos fue poner a los jugadores nicas a convivir con los brasileños para que facilitara la adaptación.
Yo soy un empresario y viajo mucho, cuando llegaba a Brasil lo que varias veces me dijeron es que los chicos ya no deseaban estar en la Academia y que algunos no querían entrenar. Incluso uno de ellos se quería ir desde la primera semana que llegó a Brasil.
¿Qué les hizo falta a los jugadores?
Creo que les faltó perspectiva, deseo, ganas de querer y poder. Ellos son buenos muchachos, pero no estaban dispuestos a sacrificarse, porque el futbol requiere de sacrificios.
¿Cree que deben ser sancionados por lo que hicieron?
En Brasil, como en todo país, lo harían. Ellos son demasiado jóvenes y hay que darle otra oportunidad, pero alguien debe pagar siempre los platos rotos.