CORRESPONSAL/ CARAZO
Monseñor Carlos Enrique Herrera Gutiérrez, Obispo de la Diócesis de Jinotega, presidió el sábado los oficios religiosos en la parroquia Santiago Apóstol de Jinotepe, en memoria del padre Miguel Ángel Vásquez, quien falleció la semana pasada en su ciudad natal, Jinotepe.
El padre Vásquez, quien murió el pasado 14 de febrero, era muy querido en Yalí, Jinotega, donde prestó servicios durante 35 años.
Los restos mortales del sacerdote fueron llevados al templo la noche del viernes, donde permaneció en vela hasta después de la misa. Luego fue trasladado a su casa materna de donde salió el sepelio hasta el cementerio municipal en horas de la tarde del sábado.
“Lo recuerdo como una persona humilde, sencilla y muy cercana a los pobres, pues trabajó en sitios alejados”, dijo monseñor Herrera Gutiérrez. Explicó que el sacerdote, que ya estaba jubilado, también dedicó tiempo a los pobladores de Pantasma y Wiwilí.
Por su parte, el padre Rafael Ríos, párroco de San Sebastián de Yalí, dijo que compartió cinco años de su vida sacerdotal con Vásquez.
“El padre cosechó la palabra del amor, fue un hombre que predicaba con su propia vida y la coherencia que hubo entre él y la vida es algo que nos deja como un legado de amor invaluable para el pueblo de Yalí”, dijo el sacerdote.
El padre Vásquez experimentó durante su vida de sacerdote la angustia de la guerra y nunca tuvo temor ni a los combates ni a las persecuciones, pues su vida estuvo amenazada por emboscadas preparadas en su contra, expuso el padre Ríos.
Vásquez concretó la obra del templo parroquial San Sebastián de Yalí, la cuál es considerada un icono, por cuanto fue lograda en el fragor de la guerra, en los años más difíciles, dijo Ríos.
El padre Vásquez permaneció desde en julio del año pasado en su pueblo natal Jinotepe, tras la muerte de una de sus hermanas. Luego su enfermedad lo obligó a quedarse hasta su fallecimiento bajo el cuido de sus hermanas Piedad, Elsa y Esperanza.