“He vivido a mi manera, pero he sido feliz”

Setenta y dos años después de haber nacido, Óscar Larios pasa revista a su vida y, aunque ha sufrido múltiples tropezones, también ha vivido muchas alegrías. Y pese a vivir de una forma agitada y frontal, lo que le ha granjeado algunas enemistades, también es cierto que se ha ganado el respeto de muchos, y […]

  • Setenta y dos años después de haber nacido, Óscar Larios pasa revista a su vida y, aunque ha sufrido múltiples tropezones, también ha vivido muchas alegrías. Y pese a vivir de una forma agitada y frontal, lo que le ha granjeado algunas enemistades, también es cierto que se ha ganado el respeto de muchos, y eso lo pone muy feliz

Óscar Larios Moreno, personalidad deportiva

Al aproximarme a la puerta de la casa del doctor Óscar Larios, en la Colonia Universitaria, en León, lo diviso al fondo de la sala en su silla de ruedas. No estoy seguro si me ha reconocido. Así que, tras saludar, me identifico. “No jodás, y cómo no te voy a reconocer”, dice agitando su brazo derecho.

Aún está en short y recién ha salido del baño. Los ondulados cabellos que aún conserva están movidos en todas las direcciones. “Has venido antes de la hora que habíamos acordado”, me dice, pero no percibo molestia en su voz.

Miguel Lorío, quien me acompaña con su cámara, le sugiere que se tome el tiempo, que no hay prisa. “Vaya, póngase guapo”, le dice Lorío. “No, si cuando uno está viejo, no hay mucho que hacerse. Aquí estoy todo”.

Y, ciertamente, ahí está todo. Para él, nunca ha habido preocupaciones por agradar a los demás. Ha vivido la vida a su manera, con intensidad y sin dobleces. La diplomacia es un concepto que no está en su vocabulario. Siempre ha sido frontal.

“Yo heredé el carácter de mi mama, la Ramona Larios, una honorable y honrada vendedora del Mercado Central (en León), que no se andaba con cuentos. Si ella decía, ‘sentate ahí y no te me levantés hasta tal hora’, así se hacía”, recuerda el doctor.

Larios está sobre una silla de ruedas desde la amputación de su pierna izquierda hace unos meses, pero la agitación con que ha vivido a través de su existencia no ha disminuido un milímetro. Siempre está dispuesto a pelear, más con su boca que con sus puños, por supuesto.

“Si mi colmo es que, cuando me iban a cortar la pierna, hasta en el propio quirófano me peleé con los médicos. El pleito fue por la anestesia. Ellos querían dormirme todo, pero yo no lo permití, porque soy hipertenso, y no me voy a morir antes de que ‘papachú’ lo decida”, justifica.

Nada ha mermado la agitación de este hombre, abogado de profesión y mánager por vocación. Periodista deportivo por necesidad y enamorado incurable del beisbol.

A sus 72 años, echa una mirada a su pasado y afirma que le gusta lo que encuentra. “He vivido a mi manera, pero he sido feliz. A algunos no les gustará mi forma de ser, pero otros me tienen respeto y cariño”, asegura.

Entre estos últimos están los cronistas deportivos del país, muchos de los cuales han tropezado algunas veces con él, pero no por ello dejan de reconocer sus méritos y por eso lo van a homenajear este sábado 16, cuando celebren la premiación anual a los mejores deportistas del 2007, en el Hotel Crowne Plaza, en Managua.

Cuando ve hacia atrás en su vida, ¿le gusta lo que observa?

Claro. Yo estoy orgulloso de mi vida. Y todo lo que he conseguido, se lo debo al beisbol y a los años que di clase en La Salle. Esas dos facetas en mi vida me han llenado de satisfacción, de júbilo, y me han hecho vivir intensamente cada uno de los 72 años que tengo. Así que estoy satisfecho.

¿Qué recuerda de su infancia?

Que nací en el barrio San Felipe, cerca del estadio, pero luego nos trasladamos al Ermita de Dolores. Ahí crecí. En la zona roja de León. No en la zona rosa. En la zona roja. Donde las cantinas se mezclaban con los prostíbulos y todo el relajo. Pero de ahí salieron muchos buenos peloteros de esta ciudad.

¿Era una zona brava?

Sí, pero, como digo yo, ‘nosotros vivimos en el barrio, pero el barrio entre nosotros, no’. La Ramona Larios nos ponía en orden. Por cierto, mi mama era padre y madre. Fijate que fuimos siete hermanos y ella trabajó para formarnos y ahí salimos abogados, contadores, ingenieros. Todos nos formamos.

¿Y cómo se divertía?

Jugábamos beisbol. Nuestro primer gran estadio fue la plaza de la iglesia Ermita de Dolores. Ahí jugábamos. Recuerdo que había dos hileras de palos de coco y así, entre los cocos, nosotros fildeábamos y corríamos. La cosa se fregó cuando llegó un cura y nos puso una cerca de alambre, pero en la noche nosotros la quitamos. Y seguimos. Jugábamos de ocho de la mañana, hasta que se iba el sol. Todo el día.

¿Y usted, qué tal pelotero era?

Mediocre. Jugaba primera base y tenía cierto poder, a pesar de que pesaba sólo 135 libras; pero sólo jugué hasta el nivel colegial, que es precisamente de donde me pusieron a dirigir. El equipo se llamaba Luis Zapata, porque el patrocinador era el profesor Luis Zapata, y como ganamos, él, que era químico, nos hizo una bebida que los que estamos vivos, aún la recordamos.

¿Luego saltó al San Felipe?

Así es. Del INO (Instituto Nacional de Occidente) salto al equipo San Felipe, patrocinado por Troylo Sánchez en 1959, que es cuando Carlos García organiza los campeonatos nacionales. Perdimos la primera vez ante el San Carlos, de don Carlos Cuarezma, en la final, pero, de ahí en adelante, fuimos una dinastía. Por eso es que yo digo que soy quien más títulos ha ganado. Lo de indicar que el beisbol comienza en 1970, es un invento de Carlos que yo siempre le he criticado.

A Noel Áreas se le reconoce como el mánager más ganador. ¿Usted no se lleva bien con Noel?

Cómo no. Yo metí a Noel a dirigir y él mismo lo ha reconocido. Es más, hace poco lo miré y le dije que lo iba a invitar a almorzar porque quiero darle unos consejos. Que me perdone Noel, pero a él lo que lo motiva es el dinero, y perdió de seguir en el Bóer, por irse al Chinandega, donde quien lo lleva es (Vicente) Padilla, porque él no le caía muy bien a Enrique Gasteazoro. Yo no sé por qué jodido se movió.

Doctor, usted se coronó varias veces en Primera División, ¿cuál es el título que más recuerda?

El de 1974. Ese año me llevé al equipo completo, con carga-bates y todos, para la Liga Esperanza y Reconstrucción, y fuimos a la final contra el Flor de Caña, que era la Selección Nacional. Nos tenían atrás 1-3 y llegamos al quinto juego perdiendo 9-7 en el último inning. Recuerdo que reuní a los muchachos y les dije que aún se podía hacer algo, o que tendríamos que ir a saludar al otro equipo, si perdíamos. Pero volteamos el score y le metimos dos juegos seguidos. Fue una locura total aquí en León.

¿En Honduras, también tuvo éxito como dirigente?

Sí. Yo me fui a Honduras en 1979, porque recibí una oferta irrechazable y aquí la situación estaba complicada. Y gané un título con el equipo de la Fuerza Aérea, tres con el Olimpia y uno más con los Medias Verdes. Cinco en total.

¿Qué le faltó cómo mánager?

Dirigir a la Selección Nacional en un Mundial. Eso es algo que me ha resentido toda la vida de parte de Carlos García. Nunca me dio la oportunidad. Y no lo hizo porque estábamos en aceras opuestas y yo siempre le dije las cosas en su cara. Nada de radio o periódico. En su cara. Y siempre inventó diversos procedimientos para eliminarme.

¿Y usted tenía los méritos?

Claro. Imaginate que, para 1972, puso a un grupo de notables para que decidieran y la votación la perdí por un voto, que fue el de Chale Pereira, quien escogió a Argelio Córdoba. Esa fue una experiencia amarga para mí, pero bueno, en la vida, no todo sale como uno desea.

Tal vez si ha sido menos frontal…

No, eso ya no me importa, y estoy satisfecho por ser como he sido.

“RECONOZCO QUE HICE MIS RELAJOS”

Acostumbrado a sobrevivir al fragor de las polémicas, Óscar Larios se forjó una imagen de hombre duro. Sus peleas contra los árbitros son memorables, y con peloteros y periodistas, y todo el que se lo ponía enfrente.

No obstante, ahora tiene una cara sonriente. Conserva la firmeza de sus verbos, pero no puede esconder la felicidad que vive, y no sólo por el homenaje que va a recibir, el que, por cierto, lo tiene contento.

“Estoy feliz, porque he vuelto a reconquistar a mi primera esposa, Mercedes Álvarez, con quien me había casado en 1964. Luego nos dejamos y yo hice mis diabluras, pero aquí estamos de nuevo. ¿Qué te parece?”, pregunta sonriendo.

El rencuentro fue reciente. En enero de este año. Todo propiciado por la visita de la hija mayor del doctor, a través de quien se puso en contacto con doña Mercedes y están juntos de nuevo, como hace tantos años.

“Pasé 15 años solo, a raíz de la separación de mi última esposa. Así que he vuelto a nacer y estoy contento”, agrega. Larios ha bajado un poco el volumen de su voz. Pero se enciende de nuevo cuando le hablo sobre sus históricos berrinches con los árbitros.

“A mí siempre me gustó más pelearme con los jueces del beisbol, que con los jueces en los tribunales. Aunque ahora soy el que más los defiende”, afirma Larios.

¿Es cierto que le botó el reloj a un juez?

Es cierto. Fue en el Ingenio San Antonio. Peleamos por un fallo y le dije al juez que no iba a jugar. Y mientras se miraba su reloj, me dijo, te doy un minuto para que volvás al terreno o te canto forfeit. ‘Pues vas a medir ese minuto con otro reloj’, le dije. Se lo arranqué y lo tiré al público. La gente gozaba. Claro, después lo tuve que pagar.

¿Qué otras vainas le pasaron?

Una vez se me cayó el pantalón en medio del campo. Jugábamos contra los Dantos un partido de exhibición y salí del cajón de tercera base hacia primera a protestarle a un juez y, mientras pasaba por el box, en plena carrera, se me cayó el pantalón. Lo que pasa es que yo llegué a pesar 230 libras y, para entonces, había bajado. El pantalón me quedaba flojo y se me cayó.

¿Y una vez rompió la camisa a un árbitro?

También es cierto. Fue en Chinandega. En el pleito, el juez me dio la espalda y yo le puse el dedo índice en el cuello y, como la camisa estaba rala, el dedo pasó, y fue tremendo relajo.

¿Y sus berrinches con Portobanco?

Ah bueno, pero esos eran hablados. Los hacíamos por joder, por animar los juegos que estaban aburridos.

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí