De tres puntos

[email protected] A partir de hoy iniciamos una nueva etapa en mi carrera periodística con esta nueva columna que los acompañará cada semana, hablando del baloncesto. Después de más de 30 años practicando este deporte, creo que es justo compartir mucho de lo que he vivido en este deporte. He aprendido mucho de él y sobre, […]

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A partir de hoy iniciamos una nueva etapa en mi carrera periodística con esta nueva columna que los acompañará cada semana, hablando del baloncesto. Después de más de 30 años practicando este deporte, creo que es justo compartir mucho de lo que he vivido en este deporte. He aprendido mucho de él y sobre, y en estos momentos de crisis, no hay nada mejor que hablar de cómo salir del hoyo. Espero que compartamos la experiencia de contribuir en algo desde la “República de papel”.

Y decidí hacerlo con mis consideraciones sobre el levantamiento de la sanción a Noel Mckenzie, después de tres años de retiro obligado. Una sanción totalmente justa y oportuna, si nos atenemos a los antecedentes que han habido en el baloncesto nacional y en el deporte en general donde muchos deportistas no han sido sancionados por hechos similares.

Siempre he considerado a McKenzie como uno de los jugadores más completos que ha habido en el país y no dudo que su regreso dará un impulso a este deporte en harapos, en conflictos permanentes y falto de liderazgo en la cancha.

Muchos lo critican por su carácter y su agresividad dentro de la cancha, pero en realidad, y no menciono otros deportes, el baloncesto ha tenido a verdaderos “atentados” dentro de la cancha.

Se me viene a la cabeza, mi hermano César (q.e.p.d.), quien agredió a un árbitro, no recuerdo si fue a William Madrigal o a un señor de apellido Cajina. O Flavio Moreno, persiguiendo al árbitro con las tablas de foul, por toda la cancha. A Róger Hogdson, el mismo Paúl Argüello, un jugador extremadamente difícil dentro de la cancha. O mi buen amigo Ricardo Hoigjelle, en su acalorada discusión con Francisco Zambrano, presidente de la FENIBAL en los noventa. Y así podemos enumerar a muchos jugadores que han sido un dolor de cabeza para los árbitros. Pero a diferencia de McKenzie, ninguno de ellos y otros que no recuerdo, nunca fueron sancionados a como lo fue Mckenzie. Agredir a un árbitro en cualquier deporte y país es una falta grave. Reitero fue un castigo justo.

Sin embargo ahora está de regreso. En Nicaragua siempre la crónica deportiva considera que el deporte gira en torno a una sola persona, a un héroe, el jugador insignia. Estoy en desacuerdo con ello, es la visión torpe de quienes buscan mesías para que resuelva lo que los demás pueden hacer. El retiro de Will Chamberlain, del doctor J, o de Kareem Abdul Jabar, o Michael Jordan, no significó la desaparición de la NBA, incluso muchos dijeron que después de ellos el espectáculo ya no era lo mismo y después, apareció otro héroe y otro y otro. Así es la vida, “es una suma de voluntades”.

Pero viendo en otra perspectiva su sanción, y nadie ha reparado que la misma también le dio otra dimensión al deporte, nadie quedará impune otra vez cuando alguien vuelva a hacerlo esto, y eso lo sabe Mckenzie, pero también lo saben el resto de jugadores. El tiempo de la tolerancia se acabó y los jugadores tienen que aprender a vivir con reglas claras, aun en medio de las debilidades de quienes son los encargados de impartirla en la cancha. De todas formas bienvenido Mckenzie nuevamente.

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