- Una correcta educación del paladar desde la infancia, evita dificultosos cambios de hábitos
[/doap_box]
El primer año de vida es, desde el punto de vista nutricional, crítico, ya que el crecimiento y desarrollo son los más rápidos del ciclo de vida y el bebé es inmaduro fisiológicamente, lo cual lo hace muy vulnerable. Una alimentación deficiente o errónea durante este período puede afectar de manera irreversible el crecimiento y desarrollo físico, el coeficiente intelectual y causar alergias alimenticias de por vida.
También puede afectar al bebé circunstancialmente provocando diarreas crónicas, anemia, dermatitis del pañal (irritación en toda la zona del pañal), etc.
Este es un período crítico de mucho cuidado pero no es difícil si iniciamos con la alimentación natural de los humanos: lactancia maternal. Nada mejor que amamantar al bebé de forma espontánea (a demanda del bebé) y exclusiva (sin ningún otro alimento o agua) por lo menos durante los seis primeros meses de vida.
El amamantamiento es la forma natural de alimentar al bebé, sin embargo, por ser descendientes de los primates, los humanos no amamantamos de forma instintiva como otros mamíferos, actuamos por imitación, muchas veces necesitamos ayuda para lograr amamantar con éxito.
Las experiencias pasadas de las abuelas y demás mujeres que atienden a la nueva mamá pueden influir positiva o negativamente en el éxito del amamantamiento.
Son múltiples los beneficios de la lactancia materna. Entre otras cosas, brinda todos los nutrientes que el bebé necesita, le confiere inmunidad contra enfermedades respiratorias y diarreicas, disminuye el riesgo de alergias alimenticias, fortalece el vínculo madre-hijo, además es un recurso económico e higiénico.
Al nacer el bebé posee los reflejos de succión y deglución indispensables para su alimentación, le permiten la extracción de la leche y su paso hacia el estómago. Sin embargo, los alimentos sólidos o semisólidos son rechazados por el empuje de la lengua o reflejo de extrusión. Hasta después de los 4 meses, el bebé puede manejar su cabecita, este avance en su desarrollo neuromuscular, más la desaparición del reflejo de extrusión, que ocurre entre los 4 y 6 meses.