El arquitecto brasileño Oscar Niemeyer quiso darle un regalo especial al dictador cubano Fidel Castro por su cumpleaños: un monumento de 9.5 toneladas, construido con tubos de acero pintados de rojo y que lleva por nombre Una bandera frente a un imperio, que representa a un monstruo de boca abierta y a un cubano de bandera en puño enfrentándolo.
La obra fue construida en la “Plaza Niemeyer”, un espacio de hormigón gris de 20,000 m2 en forma de elipse con capacidad para 13,500 personas sentadas, con una escultura enclavada dentro de un espejo de agua (670 m2), obsequiada por Niemeyer a Fidel en su 80 cumpleaños, el 13 agosto de 2006.
Niemeyer dedicó su obra “al heroico pueblo de Cuba en la defensa de su soberanía contra el monstruo imperialista”, según un mensaje leído en el acto de inauguración, presidido por el ministro de Cultura Abel Prieto, y al que asistieron el teólogo brasileño Frei Betto y Carlos Eduardo Niemeyer (Kadú), nieto del arquitecto.