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Ver Infografia > “El Ajedrez es algo más que un juego; es una diversión intelectual que tiene algo de arte y mucho de ciencia. Es un medio de acercamiento social e intelectual”, así definió el ajedrez el cubano José Raúl Capablanca, Campeón Mundial de Ajedrez en 1921 y 1927.
Y es que, una vez que se sumerge en el deporte ciencia, es como estar en una batalla donde el esfuerzo físico es un arma funesta para ganar, pues se requiere de algo más complejo, un nivel mental dimensional para anular al adversario, sacarlo de la partida y cantarle al rey el jaque mate cuando esté sin opciones de escape. Su única salida es rendirse y ceder su reino al nuevo emperador del tablero ajedrecístico.
Pero, ¿en qué consiste el ajedrez? Para los expertos se necesita más que saber las estrategias, va más allá de lo lógico, se debe estudiar al rival y ver por cuál camino encontrar la jugada hacia el jaque. Al mismo tiempo, saber con exactitud por qué se hace x movimiento y a qué destino se llegará.
“En el ajedrez todo consiste en darse cuenta. El ajedrecista pierde una de sus piezas porque quizás no se ha dado cuenta de que hizo un mal movimiento en el tablero”, explica Guy Bendaña, presidente de la Federación Nicaragüense de Ajedrez (Fenica).
El mismo Bobby Fisher, Campeón del Mundo de 1972, (q.e.p.d.) es la demostración perfecta de detectar y alejarse del peligro para no perder una partida. Fisher explicaba que en el juego de ajedrez una distracción, por muy minuciosa que sea, puede acabar con el juego y perderlo totalmente.
“Una sola distracción te puede costar una partida. El ajedrez requiere una total concentración. Muchos jugadores sólo usan una fracción de su energía. Guarda tu mente completamente en el juego”, aconsejaba Fisher.
Concentración total más la técnica, estrategias y la absoluta seguridad de estar claro de por qué se hace cada movimiento es lo que se necesita para jugar, pero, para ser un profesional en el ajedrez, se debe tener algo más que inteligencia, es esa genialidad de atraer y hacer de este deporte una demostración total de la habilidad mental.
Para alcanzar altos niveles competitivos en el ajedrez se requiere de una dedicación absoluta y de entrega total en el estudio de esta disciplina deportiva.
“Fisher es el ejemplo del profesionalismo y casi obsesión del ajedrez, sin embargo, lo que sí es cierto es que para ser un profesional y alcanzar esos niveles competitivos, hay que dedicarse a esto lo más que se pueda”, expresa Pablo Moraga, árbitro de ajedrez.
Para ser un estudioso completo del ajedrez, se necesita apoyo en todos los niveles, principalmente económico.
Uno de los problemas que enfrenta el ajedrez nicaragüense es el escaso apoyo a que tiene, pese a la gran cantidad de jóvenes que lo practican.
En el país, se contabiliza más de 38 clubes activos y reconocidos por la federación, además de los campeonatos universitarios en donde los fuertes suelen ser la UNAN-León, Upoli y UNI.
Ante la numerosa práctica del ajedrez, ¿qué hace falta para producir a otro Danilo Candal o Edmundo Dávila en el país? Está claro que llegar a niveles dimensionales como los de Bobby Fisher o Gary Kasparov es imposible. Se debe nacer con un talento especial, en primera instancia.
En una realidad más próxima a la del país, primero se necesita tener maestros o entrenadores extranjeros, los que pueden aportar a mejorar el nivel ajedrecístico
“Lógicamente, es necesario tener refuerzos, traer especialistas del exterior, como los cubanos, para que los nuevos prospectos del país adquieran otro nivel y formas más actuales del juego”, explica Bendaña.
El camino hacia un ajedrez profesional se encuentra muy lejano para Nicaragua. Lo que está al alcance es mejorar el nivel, apoyado en la enseñanza extranjera; asimismo, en la medida en que el ajedrecista pueda competir en torneos internacionales, contando con el patrocinio de entidades o empresas que hagan posible ese fogueo. Ante la ausencia de estos elementos, el ajedrez nacional nunca podrá hacer un jaque mate al conformismo de ser un flanco internacional no muy difícil de derribar.
Batalla mental
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