Cuando el cine de súper acción se basaba sin demasiados efectos especiales, en peleas, tiros y corridas, ahí estaba siempre firme Sylvester Stallone. Las diferentes versiones de Rocky”y Rambo marcaron una era en la historia de Hollywood. Y en un nuevo milenio donde los Rolling Stones o incluso Paul McCartney siguen vigentes, no podía faltar una nueva vuelta de Stallone y otra superproducción de Rambo.
En “aquella era prehistórica”, exactamente el mismo día que el Presidente George W. Bush, el 6 de julio de 1946, pero en un hospital de Nueva York, Sylvester Stallone nació con la ayuda de un par de fórceps que le paralizaron el lado izquierdo de su cara, modificando la forma de hablar que después hizo famosa con el personaje de Rocky.
Los estudios en la Universidad de Miami ya habían terminado y las ambiciones como actor recién empezaban cuando Sylvester Stallone protagonizó su primera película, a los 23 años, con una producción pornográfica titulada The Party at Kitty and Stud. Por aquel personaje de un gigoló italiano, apenas cobró 200 dólares, pero él tampoco se avergüenza del controversial comienzo.
En 1971, trató de conseguir algún rol en El Padrino, de Francis Ford Coppola, pero lo rechazaron. Al menos apareció, sin figurar en los títulos, en la película Bananas, de Woody Allen y sobrevivió por un tiempo gracias a las participaciones esporádicas en la serie de televisión Kojak.
Tratando de generar su propio trabajo, fue en aquel entonces cuando se le ocurrió escribir un guión sobre la vida de otro desconocido personaje con una oportunidad extrema que cambiaría el futuro… de ambos. Aquel personaje resultó ser el famoso boxeador Rocky Balboa y aunque varios estudios le ofrecieron comprar los derechos del libro para filmar la película con otro actor, Sylvester Stallone no aceptó ningún ofrecimiento que no lo incluyera como protagonista. Finalmente y aunque apenas le quedaban 106 dólares en su cuenta bancaria, en 1976 logró el gran objetivo cuando consiguió el visto bueno del productor Irwin Winkler. El reconocimiento internacional convirtió incluso en atracción turística a la ciudad de Filadelfia donde también levantaron un monumento en homenaje a Rocky.
Habiéndose convertido en el superhéroe del cine, solo Arnold Schwarzenegger competía con sus propias versiones de Terminator pero al final del milenio, nadie había logrado superar los mil millones de dólares que Sylvester Stallone generó con las series de Rocky y Rambo.
Después de tomarse unas largas y forzadas vacaciones, el año pasado decidió volver con una sexta versión de Rocky y la cuarta película sobre Rambo que llega treinta años después del primer estreno.
¿Cuándo se le ocurrió que era el momento indicado para volver con una nueva versión de Rambo?
Profesionalmente, cualquier carrera tiene cimas y valles y uno tiende a volver con aquello por lo que más lo reconocen. Y si hay algo que me hubiera gustado retomar es el final perdido de Rambo, porque la última con el tema de Afganistán, no funcionó. Y la última versión de Rocky tampoco. Por eso quise volver con esas dos películas. Pero, además, el mundo ha pasado por otra transición en los últimos veinte años donde hace apenas diez años esto a lo mejor no hubiera sido aceptable. Pero ahora, con la invasión de violencia y la barbarie constante que vemos en CNN todos los días, me parece que debería liberarse esa especie de frustración. Ahí está la razón. Era un buen momento.
Con libro y dirección de Sylvester Stallone, la nueva historia retoma veinte años después de la última película, con John Rambo en el norte de Tailandia, viviendo una simple vida solitaria en la selva y las montañas, pescando y cazando víboras venenosas, para sobrevivir. Ni siquiera se preocupa por la (verdadera) guerra civil más larga de nuestra época, en la cercana frontera con Thai-Burmak, por el conflicto Bumese-Karen.
Él apenas se compromete a guiar una misión humanitaria que llevará medicamentos y comida a la tribu Karen. El problema surge cuando Rambo se entera que los misioneros nunca volvieron del lugar al que él los había guiado y tratará de rescatarlos de la armada Bumese. Al puro estilo Rambo, entre acción, acción y más acción, la película mezcla la ficción de un personaje conocido, con la desconocida realidad de una verdadera guerra civil que ningún otro guión o director pudo haber imaginado.
¿Dirigiendo las nuevas versiones de Rocky y Rambo cambió mucho su estilo desde la primera película que había dirigido al final de los años setenta?
La primera vez que dirigí una película, había hecho Paradise Alley (1978), muy estilizada. Realmente no sabía muy bien lo que estaba haciendo pero ahora quise que Rambo fuera como el personaje errático e inestable, siempre moviéndose. Mi mente estalla cuando veo una película en la jungla y hay tomas donde la cámara se mueve corriendo por adentro. Yo mismo no podía caminar cinco pasos sin tropezarme con algo. Por eso me pareció que la cámara debía ser igual. Y también por un factor económico (ríe) tampoco pudimos poner una cámara que pudiera correr por adentro. Pero funcionó bien. Lo disfruté. Fue rápido.
Hay quienes señalan esta película como una de las más violentas que se haya visto en los últimos tiempos.
(Interrumpe) ¿No es la más violenta entonces? (Se ríe). Trabajé muy duro para lograrlo…
¿El cine es más violento que la realidad o la violencia que muestra es una realidad que no queremos conocer?
Hay vídeos en Youtube sobre Irak. Cuando usan un calibre 50, no dejan un agujerito que duele. Desapareces. Y yo quise mostrar que es horrible cuando la gente pasa por situaciones de gran violencia. Las personas no terminan levemente heridas. Yo quise mostrar lo brutal que es y por eso usamos efectos especiales de CGI porque ni siquiera podíamos utilizar tantos explosivos en la gente.
¿La escena más difícil de filmar?
La escena más difícil de filmar, sin dudas, fue el rescate nocturno porque teníamos 28 días de noche y dos horas para llegar al lugar. Por la lluvia, había demasiadas víboras. No tienes idea. Se ven como un “hot dog”, pero son brutales. No podíamos afrontar más efectos especiales, así que si había una cobra, la aprovechábamos de verdad (Guiña un ojo). Usábamos cinta adhesiva para prevenir, pero ya sabía que también te ahorcan. En el DVD van a ver mucho de todo eso. Es divertido.
En una de las escenas, muestra como pesadilla, el final de la primera película de Rambo donde casi lo matan ¿Es una forma de decir que le hubiera gustado otro final?
En realidad luchamos por conservar aquel final. Querían reconstruir el estudio para rehacerla… pero bueno, en la escena del sueño, no sé si se entiende, pero quiere decir que hay que aceptar quiénes somos. Y Rambo se da cuenta: “Mato por mí, no lo hago por mi país. Basta de usar la excusa que soy un héroe porque no lo soy. Tengo toda esta tensión de violencia dentro mío y de alguna forma va a salir”. En su sueño quiso imaginar que alguien terminaba con su miseria si realmente lo hubieran matado, porque no puede aceptar que es un asesino.
¿El final de la película también resultó el último día de rodaje? ¿Cuál es el mensaje que quiere dar con este nuevo final de Rambo?
Aquella sí, fue la última toma. Lo imaginé mirando el camino, pensando que su viaje había terminado. En otros términos, fue como una odisea, con diferentes turbulencias, donde al final todos quieren pensar que pueden volver y tener una nueva oportunidad para revivir la vida, una vez más, aunque no les quede demasiado por vivir. Para mí es como un final feliz.
¿Aquí termina Rambo o es solo el comienzo?
No. Tengo una idea extraña pero probablemente sea demasiado absurda. Pero si te hubiese dicho antes que pensaba hacer una película sobre un boxeador de 60 años, tampoco me hubieras creído. Si encuentras la fórmula correcta, casi cualquier idea es posible. Solo hay que lograr que el público llegue y lo acepte, pensando que es posible, aunque sea extraño.