(FOTOS LA PRENSA/ G. MIRANDA)

“El dinero no te cambia, destapa lo que sos vos”

Un año 2007, que daba la impresión que pasaría inadvertido por la carencia de impactos en el ámbito deportivo nacional, de súbito se volvió uno de los más celebrados en su recta final, y el principal responsable de ese cambio brusco es José “Quiebra Jícara” Alfaro, el nuevo campeón mundial de los pesos ligeros (135 […]

  • Un año 2007, que daba la impresión que pasaría inadvertido por la carencia de impactos en el ámbito deportivo nacional, de súbito se volvió uno de los más celebrados en su recta final, y el principal responsable de ese cambio brusco es José “Quiebra Jícara” Alfaro, el nuevo campeón mundial de los pesos ligeros (135 libras) de la AMB, quien se unió a la élite de los atletas nacionales

José “Quiebra Jícara” Alfaro, campeón mundial de boxeo

Aquello fue amor a primera vista. Tras recorrer el desvencijado gimnasio con su mirada, se fue directo al sandbag (el saco de arena). Lo abrazó y luego lo golpeó con una fuerte derecha que lo echó hacia atrás. Después repitió el ritual con la pera, aunque a esta la castigó con las dos manos y a toda velocidad.

Y aunque José “Quiebra Jícara” Alfaro no tiene la palabra exacta para describir lo que sintió aquel día del año 2000, cuando de la mano de su padre, fue llevado al modesto recinto donde Henry Martínez adiestraba chavalos en León, no le quedó duda que era justo ahí, en un gimnasio de boxeo, donde deseaba estar.

“No sé cómo decirlo, pero abrazar aquel sandbag me produjo una emoción tremenda. Recuerdo que lo abracé y sentí una satisfacción como la de un sediento después de tomar un vaso de agua. El local era muy limitado con muchas carencias, pero para mí era lo mejor que mis ojos habían visto y me quería quedar ahí”, afirma Alfaro.

Dos días después, estaba de regreso a aquel local y volvió a dejarle ir varios porrazos al sandbag, sacudió la pera y enfrentó a uno que otro chavalo en sesiones posteriores, pero como había poco movimiento del boxeo amateur en León, decidió moverse a Managua, a la escuela de la Estación Cuatro de la Policía Nacional y desde ahí saltó al gimnasio Roger Deshón, en San Judas.

Siete años después de aquel primer contacto con un gimnasio, todo ha cambiado para Alfaro. Ahora hasta el Presidente de la República lo ha recibido. Ha aparecido en todos los canales de la televisión local, los periódicos y las radios. Le solicitan una foto, un autógrafo o simplemente un saludo, pero todos desean un pedazo de él.

Y semejante cambio, Alfaro lo provocó a puñetazos. Ahora no ante un sandbag o la pera, sino contra Prawet Singwancha, el incómodo tailandés a quien venció el pasado 29 de diciembre en Alemania, para apoderarse de la corona mundial de los pesos ligeros de la AMB, en una tórrida batalla que se extendió al límite de los 12 asaltos.

Esa noche, Alfaro se convirtió en el octavo nicaragüense que se corona monarca del orbe. Ha unido su nombre al de Alexis Argüello, Eddie Gazo, Rosendo Álvarez, Adonis Rivas, Luis Pérez, Ricardo Mayorga y Eduardo Márquez, los únicos pinoleros que han alcanzado la cima boxística.

Alfaro visitó las instalaciones de LA PRENSA y con la gentileza que le ha caracterizado aceptó dialogar. Hicimos un recorrido desde su infancia en El Ojo de Agua, la comunidad del municipio de Nagarote, León, donde nació, hasta su día de gloria en Bielefeld, Alemania, donde se convirtió en el Campeón Mundial que es ahora.

RESULTADO DEL TRABAJO DURO

¿Cómo has vivido este momento tras la obtención del título?

Lo he disfrutado. Quizá lo que más me enorgullece es haber contribuido un poco para alegrar a este país que tanto lo necesita. Estoy muy contento y sé que este es el fruto del arduo trabajo al que me he sometido. Ha sido duro, pero vale la pena.

Has hablado hasta con el presidente Daniel Ortega…

Sí. Aproveché para agradecerle por las gestiones que hizo para que la pelea se transmitiera por televisión y espero que apoye más al deporte. El futuro del país está en los jóvenes. Y si tienen la dedicación que he tenido, pueden llegar a ser campeones y representar dignamente a Nicaragua. Eso es lo que yo trato de hacer.

Esta semana te he visto casi en todos los canales de TV, los periódicos, las radios. ¿Te molesta tanta atención?

No, al contrario, me gusta. Esto es algo que uno entiende perfectamente. Un campeón del mundo no sale todos los días y por tanto es motivo de celebración en el país. Además, siempre he sido accesible con los periodistas y no hay razón para que ahora sea diferente.

EL DINERO NO TE CAMBIA

Qué bueno que pensés de esa forma, que no hay razón para cambiar…

Sé que algunas personas creen que uno va a cambiar, pero yo no lo veo así. Yo le he pedido a Dios que no permita que cambie. Quisiera caerle bien a toda la gente, pero a lo mejor eso no se puede. Sin embargo hasta ahora no me cuesta ser una persona sencilla. No finjo, yo soy así.

Muchos creen que el dinero podría obligarte a algunas variantes…

No lo creo. Para mí, uno nace con sus características, sentimientos y estilo de vida. Lo que hace el dinero es destaparte y mostrar lo que realmente sos, es decir, deja al descubierto lo que hay oculto en vos.

¿Qué recordás de tu infancia en El Ojo de Agua, Nagarote?

Fue una infancia muy tranquila en medio de las limitaciones que uno tiene, pero jugué mucho sobre todo al beisbol y en los ríos, porque allá en mi pueblito hay bastantes. Nací de un papá que se dedica a la medicina natural y una mamá ama de casa. Los dos se empeñaron en educarme de la mejor manera y yo les agradezco mucho porque me han respaldado en todo momento.

¿Cómo inició tu afición por el boxeo?

Por un lado creo que lo traigo en la sangre. Vos sabés que soy sobrino de Eddie Gazo. Y por otro, mi papá siempre vio que me gustaba jugar y agarrarme a los golpes con los niños de mi comunidad. Y un día me llevó al gimnasio de Henry Martínez en León y después de abrazar el sandbag, estaba claro que eso era lo que quería, boxear. Así que esa es la mejor decisión que he tomado.

SU VIAJE HACIA MANAGUA

¿Cómo aparecés en el gimnasio Roger Deshón, en San Judas?

Al no haber mucho movimiento en León, me vine al gimnasio que tenía la Policía en la Estación Cuatro, en Managua. Ahí me entrenó un señor que le decían “Patita” —a quien mando un saludo porque él tuvo que ver mucho en mi formación— y cuando cerraron ese gimnasio, me moví a San Judas. Ahí me recibieron bien y miré que había mejores condiciones. Recuerdo que al que ganaba, le daban una canasta de productos básicos, y yo me gané muchas para ayudar en mi casa.

¿Desde cuándo le estás dando mente a un título mundial?

Desde el primer día que llegué a entrenar a León. Creo que todo chavalo que se mete al boxeo, lo hace con esa intención. Siempre supe que no era fácil, pero no he dejado de trabajar hasta llegar a este momento que sigo disfrutando.

Pero en el camino también ha habido derrotas. ¿Nunca te desanimaste?

Nunca. Ni cuando sufrí las tres derrotas. Después de cada una de ellas, me entrené con más empeño y traté de poner énfasis en los detalles que no había ejecutado bien.

Pero se creía poco en vos, sobre todo cuando ibas contra DeMarcus Corley…

Yo sé, y creo que era lógico verlo a él como el favorito por el gran historial que tiene, pero siempre me he dicho, que el secreto no es que los demás crean en vos, sino que vos mismo creás en tu capacidad. Y yo siempre he creído en mí. Así que no puse atención a lo que decían.

¿Y ese éxito fue un gran impulso?

Claro, porque me subió el rating. La gente que dudaba de mis capacidades, entonces me dio un voto de confianza y subí en el ranking mundial, lo que eventualmente me llevó a disputar la corona que he ganado.

¿Qué fue lo primero que vino a tu mente cuando ganaste el título?

Lo primero fue dar gracias a Dios porque me había permitido cumplir el sueño de mi vida. Y después sentí un gran deseo de estar en Nicaragua con mi familia, abrazar a mis hijos y saludar a los aficionados. Eso es algo que también ya cumplí, aunque tuve que contenerme.

“MI PAPÁ FUE QUIEN ME PUSO QUIEBRA JÍCARA”

Don Fernando Alfaro, el papá de José, se mueve por todos lados en torno al ring cuando su hijo va a pelear, pero lo primero que hacía en los combates iniciales de su vástago, era echarle una manito tratando de intimidarle a sus rivales.

“Les decía que yo tenía unos puños potentes… ‘Ahí donde lo ves —les decía a mis oponentes— ese chavalo se quiebra de 200 a 300 jícaros todos los días con sus puños y luego se los da a las vacas para que coman’. Y claro, mis rivales me quedaban viendo afligidos”, dice el campeón.

Y como usualmente ocurre en los gimnasios, al inicio los entrenadores no dominan todos los nombres de sus pupilos, así que recurren al apodo, y cuando se referían a José, simplemente decían que iban contra el que quiebra los jícaros.

“Y así me he quedado, ‘Quiebra Jícara’. Y la verdad, no me molesta. Además, fue mi papá quien me lo puso. Lo que pasa es que mi papá es hablantín. En eso, yo salí más a mi mamá, Zeneyda Gazo, quien es más reposada y ve las cosas con más tranquilidad”, afirma Alfaro.

Pero además de sus padres, que están muy orgullosos de su hijo, la esposa de José, Elba Vega, también está emocionada con el triunfo de su marido, el Campeón Mundial.

“Estoy feliz y agradecida de Dios que le haya dado a José la oportunidad de ganar esta corona, porque sé cuánto se ha esforzado para eso”, señala la señora de Alfaro, quien lo ha acompañado en el peregrinaje por los medios.

Alfaro y Elba se conocieron mientras viajaban en los buses después del trabajo. Ella es originaria de El Quebracho, Villa El Carmen, Managua, y José de El Ojo de Agua, León.

“Hemos procreado dos hijos, la niña que es María Fernanda, de cinco años y el recién nacido Joseph Prawett, de dos meses y medio, al que le pusimos así para recordar a quién le ganaría la corona José”, explica doña Elba.

La señora de Alfaro sabe que José será ahora más atractivo con una corona sobre su cabeza, pero asegura que “Quiebra Jícara” sabe distinguir el amor verdadero de una fantasía.

Alfaro sólo sonríe mientras abraza a su pequeña María Fernanda.

“Es un gran marido y un gran padre. Creo que hasta se pasa de bueno con la niña. Mírela, es una malcriada porque él es un gran alcahuete con ella”, afirmó doña Elba, mientras José vuelve a sonreír.

Está en su momento.

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