- Ahora evalúan su estado mental
El ingreso de la cantante estadounidense Britney Spears en un hospital de Los Ángeles, tras encerrarse en el cuarto de baño de su casa con uno de sus dos hijos, se produce exactamente un año después de que la artista entrara en una espiral que muchos temen que no acabe en un final feliz.
Pese a que el centro médico Cedars-Sinai, donde se encuentra ingresada la multimillonaria cantante, no informó sobre el estado de Spears, fuentes cercanas a la cantante señalaron ayer a diversos medios de comunicación especializados en información de famosos, que la artista permanecerá 72 horas “encerrada en una unidad especial para poder evaluar su estado mental”.
El triste episodio comenzó alrededor de las 8:00 p.m. del jueves en la residencia de la cantante, de 26 años, cuando la policía recibió una llamada de la funcionaria que vigila el régimen de custodia que mantienen Spears y su ex marido, Kevin Federline, de sus dos hijos.
“La funcionaria llamó porque después de colocar a Preston (uno de sus hijos) en el coche, Britney se encerró en el cuarto de baño con Jayden James (el otro hijo) al negarse a entregar a los niños para que los llevaran con Federline, quien mantiene la custodia de ambos”, explicó, bajo la condición de anonimato, una fuente cercana a la artista.
“Mientras la policía estaba en la residencia, observaron que Spears estaba bajo la influencia de una sustancia desconocida, por lo que decidieron que lo mejor, por su propio bien, era que fuera tratada en un centro médico”, agregó la edición digital de la revista People.
El hijo de Spears también fue ingresado brevemente, aunque por el momento se desconocen los detalles sobre su evaluación. Ambos niños ya se han reunido con su padre.
Los expertos consideran que pasará mucho tiempo hasta que la artista vuelva a tener consigo a los dos niños, víctimas de una agria disputa judicial entre sus padres.
Desde hace meses el enfrentamiento judicial entre Spears y Federline no deja de ofrecer titulares a diario. La mayoría de las veces por la falta de comparecencia ante distintas citas judiciales de Spears, por su dejadeza a la hora de cumplir con las normas establecidas por el juez, o por las imágenes difundidas casi a diario de la cantante conduciendo temerariamente mientras llevaba a sus hijos.
UNA CAíDA EN PICADA
La caída en picada, de la considerada por la revista Forbes como la duodécima mujer más rica del mundo del espectáculo en Estados Unidos, comenzó hace un año cuando se rapó la cabeza y golpeó con un paraguas el coche de un fotoperiodista.
Aunque la primera aparición “rebelde” de la artista, ya por entonces ganadora de premios prestigiosos como los Grammy, se remonta a 2003 cuando en la entrega de los premios MTV cantó junto a sus compatriotas Christina Aguilera y Madonna la canción de esta última, Like a Virgin.
En aquella ocasión, Spears y Aguilera se dieron un beso en la boca con Madonna, lo que hizo que muchos empezaran a cambiar la imagen angelical que tenían de la cantante, que pasó a ser vista como atrevida, osada y rebelde.
Al año siguiente, en enero del 2004, la cantante tuvo otro comportamiento que repercutió en su imagen pública: se casó en Las Vegas con su amigo de la infancia Jason Allen Alexander y su matrimonio fue anulado tan sólo un día después.
CON MALAS COMPAÑÍAS
La cantante apareció en 2007 con una imagen totalmente desaliñada y en algunas ocasiones sin ropa interior. En otras, se le fotografió hasta vomitando en una de sus salidas nocturnas y siempre acompañada de las polémicas Paris Hilton, Nicole Ritchie y Lindsay Lohan.
En febrero del 2007, tras afeitarse la cabeza y hacerse un par de tatuajes, entró en dos centros de desintoxicación que acabaron con su estancia en otro centro, el Promises, de Malibú en California.
A todo ello se une la reciente noticia de que su hermana, Jamie Lynn, de 16 años, está embarazada de su primer hijo.
Y es que en realidad, salvo por los rumores, nadie sabe a ciencia cierta las razones de su cambio radical de comportamiento, pero de lo que nadie duda es de que Britney Spears ha entrado en un callejón sin salida.