Después de un difícil comienzo y justo cuando nuestros temores de una derrota segura parecían dirigirse hacia el terreno de lo real, el chavalo apeló a su corazón y ofreció la más valiente demostración boxística que hemos vimos en este 2007.
La noche del 12 de mayo en el Casino Pharaoh’s, era casi imposible no sentir el deseo de inclinar nuestra admiración hacia José Alfaro, el esforzado pugilista pinolero, bautizado como “Quiebra Jícara”, mientras derribaba a DeMarcus Corley, el claro favorito para imponerse en el duelo.
El combate siempre nos pareció desigual, sobre todo antes de iniciarse. Alfaro había perdido tres de sus últimas cuatro peleas y el entusiasmo que desataba en sus presentaciones dio la impresión de haberse evaporado, mientras su más firme creyente, Alexis Argüello, parecía haber perdido fe en su pupilo.
Pero aquella noche, Alfaro salvó su carrera. Tras sobrevivir a varias emboscadas de Curley, recurrió al contragolpe y recuperó terreno. Luego tomó la iniciativa y para el round siete, tenía al norteamericano a sus pies. Este se levantó, sólo para volver a caer un asalto más tarde, ya sin aliento para incorporarse.
El “Quiebra Jícara” soltó su derecha con más frecuencia, logró combinar con mayor continuidad y manejó su jab con precisión, pero lo mejor fue su corazón, su carácter, su determinación y esa tenacidad que lo llevó al éxito.
Antes, José había tropezado con Santos “El Toro” Benavides, César Cuenca y Miguel “Aguacerito” Acosta, pero esa noche mostró tanto brillo que los hubiera borrado a todos.
Este sábado, Alfaro estará en el ring de nuevo, en el combate de su vida. Va a disputar el título vacante de los ligeros AMB ante el tailandés Prawet Singwancha.
Se prevé una pelea dura, aún así, pienso que ganará. Y si cae, sé que se levantará de nuevo. Tiene carácter y sabe sujetarse su calzoneta antes de subir al entarimado.